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Desigualdad económica y falta de planeación, los sellos del Querétaro moderno

Casi 50% de la población de la capital no tiene automóvil y en las colonias de la periferia faltan “servicios básicos”, advirtió el antropólogo Narciso Barrera Bassols

Por: Reyna Sánchez

La capital del estado “es una ciudad que no está planeada” y su paisaje sociocultural se distingue por ‘caótico’. Además, vive un proceso de crecimiento “muy explosivo” que generará problemas en los próximos años, consideró Narciso Barrera Bassols, antropólogo y geógrafo del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con el especialista, quien participó en el Primer Encuentro Anual Miradas Antropológicas (realizado en la Facultad de Filosofía), existe “desigualdad económica” en Querétaro y esto se refleja en el número de automóviles que transitan por la ciudad.

Señaló que “casi el 50% de las personas que viven en la ciudad de Querétaro no tiene automóvil” a pesar de que en los últimos cinco años se duplicó el número de vehículos. Esta situación, dijo, “refleja la desigualdad económica que se está visualizando en el estado de Querétaro”.

En este sentido, el antropólogo subrayó que no tener un sistema público de transporte pertinente genera un problema en casi el 50% de la población que vive en la ciudad. “Lo que nota un antropólogo que camina por la ciudad es que el numero de automóviles caros, como los Mercedes Benz, es altísimo; y si lo comparas con el número de personas que van en los autobuses, refleja un crecimiento de la desigualdad económica social”.

Entre los problemas de la ciudad, dijo, se encuentra la contaminación atmosférica, producto de la localización geográfica de las grandes empresas transnacionales.

Al contrastar la dinámica de la capital con la de la periferia, el catedrático manifestó que, al igual que en otras ciudades latinoamericanas, en las orillas de la ciudad de Querétaro se encuentran “grandes barrios, colonias o fraccionamientos que no tienen ni siquiera los servicios básicos”; lugares donde, generalmente, habitan personas a las que se les ofrece “supuestamente, una condición de vida urbana para ligarse al trabajo, pero que no tienen las más mínimas condiciones de vida digna”.

Durante los últimos meses, Narciso Barrera Bassols ha realizado estudios en el municipio de Amealco de Bonfil y al respecto compartió que en la región donde viven los hñähñü “hay una experiencia milenaria del manejo de los recursos naturales que ha sido poco atendida, poco valorada y poco visibilizada”. Estas personas tienen claridad sobre los problemas que generaría la llegada de maíces transgénicos al país.

El maíz transgénico y la soberanía alimentaria

El etnoecólogo adscrito al Centro de Investigación de Geografía Ambiental de la UNAM recordó que existe una demanda en contra de Monsanto y otras compañías, que hasta el momento ha logrado que no se libere el maíz transgénico a nivel experimental ni su producción comercial en México.

No obstante, para el académico, no hay soberanía alimentaria desde hace, por lo menos, unos 25 años, lo cual -refirió- se debe a la cancelación de la política rural y agraria en el país, mismas que a partir del TLC se volcaron a disminuir las producciones para la soberanía alimentaria, fundamentalmente en los que se refiere a productos básicos, y principalmente, maíz.

Aunado a esto, mencionó, la migración es uno de los efectos que ha tenido la cancelación de las políticas del campo. Puntualizó que “30 millones de mexicanos se encuentran en Estados Unidos, muchos de ellos son indígenas y pequeños campesinos que dada la cancelación de estas políticas, requieren, necesitan, salir a buscar la vida”.

Otro efecto es la disminución en la calidad de los alimentos, la llegada de alimentos ‘chatarra’ y con ello el problema de la obesidad.

Paradójicamente, “México es el segundo lugar en el mundo con personas obesas, pero por el otro lado, el 60% de la población mexicana vive en estado de pobreza, fundamentalmente de pobreza alimentaria” enfatizó.

Asimismo, otra arista del problema identificada por el académico es la reducción del presupuesto para las licenciaturas, facultades o institutos que están vinculados con el campo; así como la preferencia que se da a la investigación relacionada con la genómica y con los organismos genéticamente modificados. “Tenemos un problema porque no estamos formando a jóvenes que se dediquen a la producción rural, a estudiar el campo mexicano y a buscar alternativas de producción alimentaria para la soberanía local”.

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