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Destinó ahorros para la universidad de sus hijos, a la compra de medicinas

Por Ana Cristina Alvarado García

Otro es el caso de la señora Florina García Díaz, quien a sus 48 años se sometió a una operación por un tumor en los pulmones. Ella trabaja atendiendo la tienda de abarrotes de su hermano de lunes a sábado.

 

Todo comenzó con dolores en el pecho. Comenta que le daba un tipo de punzadas aceleradas, acudió al médico del Seguro Social y creían que era una neumonía.

 

Le dieron fechas a largo plazo para realizarle estudios, sin embargo los dolores continuaban, en ocasiones el dolor no le permitía respirar y la presión se venía abajo, causándole fuertes molestias en la cabeza. Por tal razón ella prefirió acudir con un médico particular, a pesar de que esto afectara su economía.

 

Recibió tratamiento particular y los malestares disminuyeron, pero después de un año los síntomas volvieron a surgir pero con mayor intensidad, al grado de no poder respirar, entonces el médico particular que la había atendido anteriormente le realizó una placa de sus pulmones y el resultado fue el crecimiento de un tumor en el pulmón izquierdo.

 

Ante esta situación, el doctor le propuso operarla en su clínica particular, pero las condiciones económicas no se lo permitían, pues su esposo trabajaba en una fábrica y ganaba 500 pesos semanales, de los cuales debían mantener a su familia de seis hijos.

 

El doctor particular mandó a la señora Florina a operarse en el Seguro Social de urgencia, entonces le realizaron la operación sin pagar los 60 mil pesos que costaba la operación en la clínica particular.

 

Ella estuvo alrededor de ocho horas en el quirófano, afuera la esperaban sus hijos y su esposo, y aunque después de la operación tardó otras cinco horas en despertar, la operación se realizó con éxito y el tumor que le sacaron dio un resultado benigno.

 

Esto fue una ayuda que la señora Florina agradece infinitamente, sin embargo la recuperación de su operación fue un problema económico, pues los medicamentos que le recetaron eran de un precio elevado.

 

Florina comenta que tenía un ahorro que iba a utilizar para pagar las inscripciones a la universidad de sus dos hijos, pero ante la situación de riesgo que corría su salud, sus hijos le dijeron que tomara ese dinero para sus medicamentos y que después verían qué hacer para pagar la inscripción.

 

La única situación a la que podía acudir era pedir un préstamo para solventar los gastos de su recuperación y de la inscripción de sus hijos, por tanto pidió prestado siete mil pesos.

 

Luego de estar un buen tiempo en reposo y sin trabajar, su esposo encontró un mejor trabajo de vigilante que les ayuda a cubrir los gastos de su enfermedad.

 

Por su parte, a la señora Florina le gustaría regresar a su antiguo trabajo de costurera en Caltex y ver que sus hijos terminen con sus estudios profesionales.

 

“Aunque hay días que pasamos la vida a estirones, hemos logrado superar estas dificultades de la vida”, señala.

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