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Día doce

Por Manuel Basaldúa Hernández

Cuando uno es niño y realiza su primer recorrido a la tiendita de la esquina, se da cuenta de la importancia del manejo del espacio. La traza del vértice entre la puerta de la casa y la entrada a la miscelánea, nos permiten mapear el control de nuestro dominio. Para los pequeñitos en México un foco de atención es la tiendita, lugar donde los dulces y las golosinas son los manjares preciados. Este tipo de lugares que son un referente de abastecimiento para muchos hogares de la clase media mexicana y desde luego que para las clases populares.

Las tienditas de la esquina son los oasis para muchos de los pobladores, sobre todo de las clases populares. Pero significan más que eso, representan una alternativa al desempleo, y articulan los mercados locales. Dinamizan la economía de la localidad y ofrecen fuentes de abastecimiento seguras. Desde luego que también contribuyen a la conformación del paisaje folclórico. El tendero se convierte en cómplice, en confidente, como en la salvación para un apuro económico, no obstante que espanta con su letrero “hoy no fío, mañana tampoco”, o uno más directo, “el que fía no está porque le fue a partir su madre a uno que le debía”.

En las tienditas los clientes pueden comprar desde un peso de cilantro, tres limones, dos pesos de chiles en vinagre hasta una aspirina o una “Kotex”. También una “caguama” que son esas cervezas gigantes, la clásica Coca-Cola o un Gansito frío. Estos lugares se han multiplicado en la medida de la intensidad de las crisis económicas, aunque algunas existen con trayectorias históricas. La globalización las ha empezado a tomar por rehenes económicas, y los productos de las empresas transnacionales las han inundado de mercancía homogénea. Y por si no fuera suficiente, estas tienditas han empezado a ver que tienen competidores abusivos. Los puntos de venta llamados Oxxo, El Almirante, entre otros han empezado a erosionar la existencia de las tienditas.

Y por si no fuera poco, las firmas globales empiezan a tener una expansión sin límites y sin ninguna restricción de las autoridades locales, que no comprenden los alcances y efectos de la presencia de estos agentes. Como políticos y gobernantes quizá quieran ver la modernización de sus distritos, pero no han considerado el empobrecimiento tanto de los ingresos de la población, como de la repartición de los consumidores entre los puntos de venta y consumo. Desde luego que la ventaja la tienen estos mega-mercados por el manejo del volumen de la mercancía. Soporte económico del que carecen los centros de distribución de mercancía locales y que empiezan a erosionarse por la falta de rentabilidad.

El territorio comercial se encuentra en una intensa lucha por ubicar las rutas de acceso a los consumidores, y con ello la modificación del comportamiento cultural de los habitantes. Habrá que acercarse a realizar un análisis de los impactos que puede tener este tipo de cambio en los patrones de consumo, y que puede significar el acceso de estos hiper-mercados a nuestro espacio económico. Las tienditas, así como los mercados populares, se encuentran expuestas a muchos peligros dentro de esta carrera del capitalismo global. Las tienditas pueden dejar de existir. El territorio, ya de por si acotado y recortado para los habitantes, se modificará irreversiblemente, afectando las formas de iniciación de los recorridos de los nuevos ciudadanos.

@manuelbasaldua

 

 

 

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