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Documental revive la indignación por caso Ayotzinapa

Para la gente que no alcanza a comprender la tragedia la desfachatez del gobierno al no hacer justicia, el documental explica y cuestiona los errores y verdades ilógicas de un gobierno que se cansó muy rápido de buscar o que se empeñó en no encontrar nada.

Anda lenta y dolorosa, apenas hace creer que avanza. Metáfora de la inacción de un gobierno que desaparece a su propio pueblo. Reflejo del tiempo que parece que no corre, pero que se reciente si se espera que alguien vuelva. ‘Ayotzinapa, el paso de la tortuga’, inauguró el festival Ambulante, gira de documentales en su visita a la ciudad.

Las gotas de lluvia rebeldes han salpicado por unos instantes el pequeño Centro Histórico. De frente a la estatua de Vicente Guerrero se impone una gran pantalla que divide al jardín en dos. Todo es apacible, 43 sillas se ubican de frente a la proyección. Una fotografía escolar en cada una las reserva, vacías desde el 26 de septiembre de 2014.

Una película siempre fragmenta, esa es una de las características del cine. Pero un documental va más allá, puede penetrar hasta el tuétano. Este es un documental doloroso que no sólo cala hasta los huesos, sino que hace potente el deseo de que fuera ficción.

Pone cara a cara al espectador con el rostro de un país, cuya estructura social y política se pudre a pedazos y desde el interior. La podredumbre es tanta que se desborda, aunque los altos mandos traten de taparla con discursos y verdades históricas.

Un filme hecho por Enrique García Meza, director salido de las filas de los colaboradores de Guillermo del Toro y Bertha Navarro. A diferencia del director ganador del Oscar y su productora, García Meza se ha enfocado a trabajar en las comunidades más lejanas y lleva el quehacer cinematográfico hasta donde no llega la justicia.

Su trabajo en Ayotzinapa les brindó un espacio a los familiares de las victimas y de los 43 estudiantes de la Normal Superior Isidro Burgos, que fueron desaparecidos hace más de tres años por elementos de la policía de Iguala, Guerrero. Un documental les dio más voz que el gobierno que mantienen.

Con testimonios desgarradores, se logra una pesquisa de lo ocurrido la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre del 2014 en Iguala, cuando cinco autobuses llenos de estudiantes de Ayotzinapa fueron detenidos y baleados. Estudiantes fueron torturados, asesinados y 43 de sus compañeros desaparecidos.

Para la gente que no alcanza a comprender la tragedia de estos hechos y la desfachatez del gobierno mexicano al no hacer justicia, el documental explica el panorama general y cuestiona sobre los errores y verdades ilógicas de un gobierno que se cansó muy rápido de buscar o que se empeñó en no encontrar nada.

No es posible hacer una reseña porque es de esas películas que se tienen que ver y que no se pueden explicar. Es un largometraje que te crea un nudo en la garganta y te hace sentir vergüenza de estar en un país como México.

Padres y madres que esperan saber algo de sus hijos, padres de los jóvenes que fueron asesinados ese mismo día, hijos de normalistas que no pudieron crecer junto a sus padres. Una comunidad atacada, violentada que el sistema trató de aplastar para ocultar su ineptitud.

En el piso del jardín Guerrero, unas 300 personas ven una película que es real y que duele a cada fotograma.

Algunos inconscientes de la queretaneidad no guardan silencio, son de los que van a ver cine sólo para decir “yo veo cine de autor”, pero la mayoría no hace el menor ruido, tal parece que a la mayor respiración podrían romper en llanto.

Hay una tensión en aire, sentimientos penosos se respiran, el viento se cuela por los grupos de gente que no se inmutan ni dejan de ver la pantalla, ésta se balancea un poco, el aire sacude la tela y eso solo le da un aspecto aún más triste a la escena.

Un público contenido entre el llanto y la euforia de dos horas de verdades que duelen.

Las manifestaciones que se ven en pantalla, hacen recordar las marchas de hace tres años en Querétaro, cantan las mismas exigencias, las cuales nunca se cumplieron. El grito de “¡Ayotzi vive, la lucha sigue y sigue!” simplemente destroza la compostura.

Asco, repulsión y vergüenza al ver la cara de Enrique Peña Nieto y Jesús Murillo Karam en los videos que todo el mundo vio en su tiempo, pero que dentro del documental tomaron tanto sentido y nunca antes se sintieron tan falsos como en contraste con el dolor de los padres de los estudiantes desaparecidos.

Termina la función y se siente tanta impotencia que dan ganas de salir corriendo. Algunos gritan las consignas “¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!” pero no hay respuesta.

Un hombre con la voz cortada por el enojo y la tristeza pregunta “¿díganos que podemos hacer?”; para esto ya estaban al frente Roxana Alejo -directora de Ambulante- y Brenda Rangel Ortiz, miembro de Desaparecidos Justicia de Querétaro. Lo cierto es que nadie sabe qué hacer más allá de seguir en pie de lucha resistiendo a un México que duele en cada poro de la piel.

Fotos aquí y allá, de las autoridades, de las sillas vacías, de toda la gente que grita.

La gente se dispersa, cada uno absorto en un pensamiento. Cada uno con su conciencia transgredida por un documental y al menos por un día pensará en los hijos desaparecidos y en el dolor de los padres que esperan. Esperan que la tortuga corra.

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