Información

Don Chilo ‘abraza’ la historia en la Galería del Recuerdo

 

Por Angélica H. Morales

 

Desde hace 46 años, Cecilio Sánchez Garduño, conocido como Don Chilo, ha creado un acervo fotográfico y documental con las miles de historias que han tenido lugar en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

 

Cada persona tiene un esencia que le envuelve no sólo físicamente, sino que deja impregnada en los objetos que ve, toca y hace suyos; Sánchez Garduño no es la excepción.

Si la sola visión de todas esas historias concentradas en recuadros de papel y madera llevan a otro tiempo, la presencia continua e ininterrumpida de Don Chilo le ha conferido a esta bodega una atmósfera singular: en el aire se respira un aroma a sándalo y tabaco, a libro viejo y madera.

 

La paciencia y dedicación que se observa en su trabajo transmiten una tibieza que sólo podría compararse a la de un hogar.

 

Don Chilo llena el cuarto con su mirada, siempre directa, impone solemnidad con su voz grave y vibrante, como las cuerdas de un chelo.

 

Su elegancia al expresarse combina perfectamente con su vestimenta: ataviado con un pantalón gris bien planchado, un suéter azul-verde y sus lentes de armazón dorado oscuro, recuerda a los maestros de Letras con su aire bohemio y sabio, que sin duda lo es.

 

Sus movimientos suaves y naturales, su agilidad para traer de la mente a su boca las fechas, los lugares, los personajes, las acciones de cada pieza expuesta, revelan a otro hombre, jovial, incansable, amante de la historia.

 

Pero este elegante señor, tan ordenado y meticuloso, no siempre fue así. Él mismo narra que en sus años de juventud era un ‘vago’, le gustaba pasear, ir a platicar con los muchachos de la Universidad, tocar canciones (formó un trío musical con el que hasta la fecha realiza presentaciones).

 

Y aunque resulte increíble, ése no fue tiempo perdido; Don Chilo aprendió muchos oficios que, a partir de la creación de su Galería del Recuerdo, le han servido para presentar con originalidad las piezas de su archivo.

 

Entre las más interesantes están las enmarcadas en tercera dimensión (fotografías en las que los personajes están en relieve mediante una plataforma de unicel) y unas estructuras de madera con formas de castillos, santuarios y casitas, una de ellas dedicada a los universitarios fallecidos.

 

Todos estos aditamentos son verdaderas artesanías que han surgido de las manos de Don Chilo.

 

Su colección inició más como necesidad azarosa que como proyecto definido; siendo jefe de intendencia de la Escuela de Bachilleres plantel Centro, el espacio que le fue otorgado para planear y llevar a cabo sus actividades diarias le pareció muy soso, aburrido, hasta feo.

 

Decidió ir decorándolo con algunas fotos de su familia, de sus amigos, de alumnos de la institución.

 

Con el tiempo, a la colección se fueron sumando las fotografías de momentos importantes para la consolidación de la Universidad, generaciones estudiantiles, recortes de periódicos, personajes universitarios destacados, sesiones de Consejo Universitario y sindicatos de la UAQ, objetos desechados de los laboratorios de Física e Idiomas, trofeos, diplomas, monedas, teléfonos, maquinas registradoras, calculadoras, aparatos de sonido.

 

La Galería tiene objetos que datan de los inicios de la Universidad

La Galería del Recuerdo es la mítica bodega –otrora oficina de intendencia– en la que Don Chilo ha ido archivando y ordenando todos los objetos históricos que él mismo ha recolectado a lo largo de su estancia en la Universidad, primero como alumno, después como jefe de intendencia y ahora como custodio de este invaluable archivo histórico.

 

Poco a poco, las paredes a su alrededor se volvieron insuficientes, por lo que tuvo que ir guardando algunos de sus enmarcados en cajoneras y muebles. Actualmente, en algunas partes hay piezas encimadas, a fin de aprovechar el mayor espacio posible.

 

Detrás de una pequeña puerta de madera que marca el umbral de la Historia, se abre un mundo de recuerdos y añoranzas. El pasillo angosto de techo alto es, literalmente, un túnel del tiempo, a cuyos flancos se alzan cuadros y cuadros de fotografías y documentos antiguos, ajados por el tiempo y el uso, pero de una presencia avasalladora.

 

A pesar del espacio, Don Chilo se las ha arreglado para conseguir que todo quede justo en el lugar que le corresponde.

 

Al fondo se abre un cuarto rectangular, de medidas reducidas también, con el techo mucho más bajo.

 

A la izquierda se encuentra la oficina-taller de este creativo coleccionista, que consiste en dos mesitas altas y un viejo escritorio verde-grisáceo de metal, con las aristas redondeadas, que recuerda a los utilizados en la Clínica 16 del Seguro Social; a la derecha, una especie de mampara divide horizontalmente el cuarto justo a la mitad, creando dos pasillos cuyos muros están tapizados de los enmarcados que él mismo ha hecho.

 

La exposición de los objetos está ordenada por décadas: a la entrada, un breve recuento de los antecedentes de la UAQ (las escuelas jesuitas y el Colegio Civil), otra breve historia de la evolución de la ciudad, los años de la lucha por la Autonomía Universitaria y su consolidación, la década de los sesenta.

 

Al fondo, en el espacio rectangular, la década de los setenta; en la “u” formada por la mampara, la de los ochenta; dando la vuelta a la derecha, la de los noventa; y de regreso al inicio del rectángulo, lo que va del siglo XXI.

Papeleta de las votaciones de 1910, entre las piezas de la galería

Don Chilo es un coleccionista consumado: en cada uno de los objetos expuestos se puede apreciar un número y –cuando el espacio lo permite– una breve leyenda descriptiva, ésta es la forma en la que lleva el registro de todas sus preciadas posesiones en libros que también ha ordenado y guardado meticulosamente.

 

Además, a la entrada de la galería ha puesto durante años un libro de registro de visitantes, en cuyas hojas se encuentran por igual la firma de un estudiante despistado como de algún reconocido personaje político.

 

Lo mismo pasa con las piezas de la galería: tan sorprenderte es encontrar la foto de una estudiante de los sesenta que años después se vio inmortalizada y quiso dejar una firma en agradecimiento, como ver una papeleta de votación para las elecciones presidenciales del año 1910.

 

Muchos de estos objetos fueron rescatados por Don Chilo durante su trabajo como jefe de intendencia.

 

Por ejemplo, cuando la preparatoria se mudó las instalaciones del plantel Norte, le pidió al director que le permitiera conservar los objetos utilizados en el laboratorio de Física que, para entonces, ya resultaban obsoletos. Lo mismo sucedió con teléfonos, cerraduras y otros tantos enseres.

 

Entre sus “subcolecciones”, las más representativas –e inusuales, quizá– son las fotos de todos los Rectores de nuestra máxima casa de estudios, a las que ya añadió un enmarcado tridimensional de la toma de protesta de Gilberto Herrera Ruiz.

 

Además existe un gran cuadro con las fotos de diversas chicas, estudiantes todas, captadas en los años en que la película a blanco y negro les confería una estética y una elegancia que, hasta la fecha, las fotografías a color no han podido siquiera imitar. Una de esas chicas es Patricia Esquivel García, cuya imagen ha sido reproducida cientos de veces por los visitantes, según narra Don Chilo.

 

Desde 1994 la Galería del Recuerdo es su pasión

Esta habilidad de recordar datos es sorprendente; no hay lugar en este cuarto (y probablemente en todo el edificio) al que uno señale y del que Don Chilo no tenga una anécdota interesante. Y así, su memoria no es sólo prodigiosa, sino entrañable: no ha olvidado agregar a su colección fotografías y dos de los títulos universitarios de sus hijos y nietos, mismos que muestra con orgullo y ternura.

 

Para Don Chilo, la creación de un archivo como la Galería del Recuerdo es sumamente importante, porque al conocer la historia de un lugar, de un edificio o de una institución, uno puede verlos de manera distinta.

 

La entrega de este hombre hacia lo que se ha convertido en su gran pasión es loable.

 

Jubilado ya como intendente, se ha mantenido desde 1994 cuidando y aumentando el acervo de esta galería, con todos los gastos corriendo a cuenta de su bolsillo. Ha dado a esta obra su tiempo, su dinero y su dedicación.

 

Es por eso, sin duda, que teme el día en que él ya no pueda seguir custodiando este tesoro histórico. ¿Quién se encargaría de procurar el esfuerzo de tantos años?

Don Chilo comenta que ya ha hablado con diversas personas, aunque ninguna le ha dado una respuesta concreta. Su esperanza es lograr el apoyo del Patronato de la UAQ, para que ellos se hagan responsables del patrimonio que él mismo ha formado y que desea donar a la Universidad, sin mayor ambición que la de dejar un grandioso legado histórico y cultural a los universitarios.

 

La Galería del Recuerdo se inauguró el 11 de Junio de 1993, por el entonces Rector Jesús Pérez Hermosillo. Pese a la importancia que su archivo representa, pocos han sido los apoyos recibidos para mantenerlo y mejorarlo.

Casi a la entrada (o quizás de salida) hay un marco con un reconocimiento al “trabajo y dedicación” de Cecilio Sánchez Garduño. Todo lo demás es obra de Don Chilo.

 

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba