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El 68 en la UAQ

Rodolfo Almada Gallardo, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de Querétaro (FEUQ), anunció la marcha para el 9 de agosto donde tenía la intención de “apoyar moralmente en sus demandas a universitarios y politécnicos capitalinos”.

En nuestro país, generalmente, sólo se recuerda el movimiento estudiantil de la Ciudad de México. Sin embargo, hubo movilizaciones estudiantiles en varios estados de la República Mexicana -a veces con otras propuestas y demandas regionales-, pero en su mayoría se dieron como una muestra de solidaridad con los estudiantes del Distrito Federal, epicentro del movimiento, quienes, en forma muy original, dieron pasos más decididos en la lucha.

No olvidemos que movimientos estudiantiles y sociales anteriores, de distinta índole, nutrieron y dieron forma a lo que sucedería en la capital, donde se centralizaban, en buena medida, los estudios profesionales a los cuales asistían estudiantes de todo el país, muchos de ellos con estas experiencias previas.

La batalla mediática

En Querétaro, entidad que contaba entonces con 420 mil habitantes -160 mil de estos en el municipio de Querétaro, de los cuales 105 mil se concentraban en la ciudad-, no fue la excepción. La primera noticia sobre lo que en cuestión de unos días se convertiría en el movimiento estudiantil más importante en la historia contemporánea de México, llegó a la prensa local por medio del ‘Diario de Querétaro’ el 24 de junio de 1968. Publicación dirigida entonces por los licenciados Ignacio Lomelí Jáuregui y Rogelio Garfias Ruiz.

Esta noticia fue publicada al día siguiente de la “vandálica pelea de 2 mil estudiantes preparatorianos en la Ciudad de México” en la que intervino el cuerpo de granaderos que “disparó granadas de gases lacrimógenos para dispersar a los rijosos”.

Informaron sin prejuicios contra los estudiantes -los que al poco tiempo adoptarían, al igual que la aplastante mayoría de los medios de comunicación-, incluso señalando la declaración contradictoria del “jefe máximo” de la Policía, el general Luis Cueto Ramírez, quien dijo que “el cuerpo de vigilancia sólo había intervenido para calmar los ánimos y que no golpeó a nadie ni lanzó gases lacrimógenos”. La imparcialidad les duró tres días.

Los enfrentamientos del 26 de julio donde se realizó una marcha de estudiantes, sobre todo del Instiuto Politécnico Nacional (IPN), se prolongaron durante varios días en el centro de la capital del país. Los estudiantes se manifestaron por la acción policial en en la riña de dos días antes.

Hubo también otra marcha organizada por grupos de izquierda, principalmente la Juventud Comunista de México -órgano juvenil del Partido Comunista Mexicano (PCM)-, que se manifestó en apoyo a la Revolución cubana.Al mismo tiempo, el periódico queretano se alineó con el discurso oficial, donde ya se podían leer los visos de la supuesta conjura comunista internacional que se cernía sobre México.

El ‘Diario de Querétaro’ le dió énfasis a que varios de los detenidos eran “extranjeros” y “agitadores profesionales” y señalaba que incluso ni eran estudiantes, asegurando que todos eran de “filiación izquierdista”.

Sin embargo, esta información era suministrada por fuentes que el periódico nunca daba a conocer. Lo que, además de una falta de profesionalismo, sólo hace suponer que era el propio gobierno el que le proporcionaba las noticias que debían publicar. Inmediatamente, la campaña de ataques contra el PCM y los líderes estudiantiles “revoltosos”, “vandálicos”, “alborotadores” y “terroristas”, se desató.

Esto se concentró únicamente en los secuestros de camiones por parte de los estudiantes, pero nunca en el nivel de represión por parte de los granaderos. Ejemplos claros de estas posturas son el “allanamiento” y saqueo a las oficinas del PCM, así como la omisión de uno de los hechos más simbólicos del movimiento estudiantil: el bazucazo por parte del ejército contra la puerta de la Preparatoria Vocacional Número 1, en la madrugada del 30 de julio.

En las ‘Bitácoras’ de Garfias Ruiz, otrora miembro del Comité de Huelga que consiguió la autonomía de la Universidad de Querétaro en 1958, se leía la actitud paternalista con la que se reprobaba la lucha de los estudiantes. Prácticamente se les acusaba de provocar la respuesta violenta de parte de las autoridades. Posturas muy similares se reproducirían a lo largo de los próximos meses, pasando desde la toma de Ciudad Universitaria y el casco de Santo Tomás por el Ejército y, por supuesto, hasta la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.

Apoyo queretano

Días después, se organizaría la primera y única marcha en franco apoyo al movimiento estudiantil en la ciudad de Querétaro. Rodolfo Almada Gallardo, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria de Querétaro (FEUQ), anunció la marcha para el 9 de agosto donde tenía la intención de “apoyar moralmente en sus demandas a universitarios y politécnicos capitalinos”.

Esta “nueva postura” de la FEUQ se debió a un “examen exhaustivo” que días antes anunciaron y a una reunión que sostuvieron con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del IPN unidad Chapingo. “Se suman universitarios queretanos a las protestas de los de México” fue el encabezado del ‘Diario de Querétaro’ al día siguiente.

La manifestación, que duró alrededor de dos horas, se llevó con tanto orden que la intervención del ejército y la policía fue innecesaria. Es más, según el ‘Diario de Querétaro’, estos “brillaron por su ausencia”.

Se menciona que tras el mitin en el jardín Obregón la marcha se separó en dos grupos: uno fue al palacio de Gobierno y otro a la casa del gobernador Juventino Castro, pero al encontrar las puertas cerradas en ambos lugares “la cosa no pasó de gritos estentóreos, porras a la Universidad y otras manifestaciones de euforia”.

Durante el mitin en el Jardín Obregón, y usando el kiosco como tribuna, los oradores fueron: Rodolfo Almada Gallardo, Augusto Isla Estrada, Jaime Silva, Sergio Herrera Trejo, Eduardo Sánchez Vélez, Leopoldo Ángeles Manríquez, Florentino Chávez, Guillermo Ballesteros y José Antonio Peña Zamora.

Los comerciantes de la zona centro de la ciudad, influenciados por los medios de comunicación que describían a los estudiantes como unos desadaptados, cerraron sus negocios temiendo algún tipo de desorden que nunca llegó. En ese mismo tenor, el transporte público y los llamados autos de sitio dejaron de brindar servicios, mientras que las escuelas primarias dejaron salir a sus alumnos antes de lo normal. Para el estudiantado queretano, 1968 representó la primera vez en la que podemos ubicar una manifestación de este sector como parte de un movimiento de trascendencia nacional.

Si bien los apoyos demostrados fueron tibios, también debemos otorgarle el crédito de que se trató de los primeros actos con un tinte menos mesurado donde ya se exigían respuestas, más que simplemente pedirlas; donde la figura del ejecutivo local y nacional dejó de representar una imagen cuasi-paternal y se transformó en el blanco de protestas y hasta burlas por parte de los estudiantes, quienes en sus demandas sumaron otras de una trascendencia mayor, como un cambio en el sistema político nacional.

 

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