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El “activismo marica”, un proyecto fuera del foco ‘lgbtero’ pop

Apoyar, sostener y amar son los tres “pilares” que sostienen este proyecto que se ha planteado “trabajar para la horizontalidad, trabajamos desde abajo y sin replicar las violencias de otros espacios”.

El Comité Transbimarikalencha de Querétaro ha fijado el objetivo de crear un espacio seguro donde “puedan llegar todas las personas que se identifiquen dentro de las sexodiversidades”. Se han distanciado a propósito, reconocen Dante y Nikté, organizadores del grupo; están fuera de los activismos “‘lgbteros’ pop, de los activismos a puerta cerrada, de los de foto que consisten en posar y no hacer nada: de invitar al partido político, de agradecerle al senador o al delegado del Centro que nos deje marchar. De pagarle a una empresa grande para que venga a patrocinarnos las banderitas de arcoíris”.

Desde el “anticapitalismo, el antipatriarcado, el anticolonialismo y el apartidismo”, hace poco -enero de 2020- este nuevo activismo al que los integrantes del comité prefieren definir como “activismo marica”, está concebido desde la idea que “ser marica es ser un sujeto político”; es decir, que va más allá de ser homosexual o ser gay, pues este concepto “incluye las prácticas genitales, pero también las erótico-afectivas que no son genitales necesariamente e incluye un posicionamiento corporal”.

En pocas palabras, significa “no militar desde la integración, sino desde la diferencia, desde la periferia y visibilizarla. Por supuesto erradicar la violencia, pero no necesitamos parecernos a ella para erradicarla”, expresaron en entrevista con Tribuna de Querétaro.

Mediante un taller que integra creación literaria, pintura y teatro que se lleva a cabo todos los lunes y miércoles en el Museo de la Ciudad, además de sesiones complementarias llamadas “Miércolxs” que funcionan como laboratorios para consolidar los temas explorados en la semana y para “hacer lazos o redes de apoyo”, el comité busca sanar los daños que han provocado todos los tipos de violencia de los que las personas de la comunidad han sido víctimas.

Nikté afirmó que “muchas veces el simple hecho de que alguien que sufrió algún tipo de violencia pueda llegar y hablarlo, articularlo, ya le es muy sanador, reparador, le significa mucho”.

“Si no incomoda, entonces no está funcionando lo que estamos haciendo”, advirtieron los dos de cuatro integrantes del comité; sin embargo, reconocieron que se respeta si una persona decide no participar en alguna actividad, pues “nadie está obligado a hacerlo”. Reconocieron que se han encontrado con que algunas personas que asisten “intentan replicar ciertos patrones de violencia, porque quizás no se han dado cuenta”, pero aseguraron que en esos casos “no se ataca directamente, sino que hacemos que reflexionen”.

Asumir el objetivo de crear un espacio seguro no ha sido tan sencillo, aunque encontraron resultados de inmediato, ya que algunas personas les han manifestado que “han ido sanando y han logrado articular su dolor”. Apoyar, sostener y amar son los tres “pilares” que sostienen este proyecto que se ha planteado “trabajar para la horizontalidad, trabajamos desde abajo y sin replicar las violencias de otros espacios”.

Sostuvieron que las actividades son gratuitas porque “no tener dinero no debe ser un impedimento para hacer arte”. El proyecto se ha sostenido a base de donaciones voluntarias de los asistentes e incluso recodaron que “en ocasiones no dan dinero, pero nos traen galletas y café para la convivencia en comunidad”. El objetivo es replicar este tipo de espacios en otros lugares, por lo que esperan llegar próximamente a San Juan del Río y al municipio de Amealco.

Concluyeron con la invitación a cualquier persona que no atente contra el espacio seguro que han construido. Sugirieron estar al pendiente de futuras convocatorias para los “cotorreos interconstructivos”, las proyecciones de películas, de documentales y otras actividades artísticas y académicas.

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