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El arte de lo imprevisto, el arte de hacer un balón

Un balón, para que sea perfecto, tiene que ser imperfecto

Por: Juan José Rojas

Un periodista preguntó a la teóloga alemana Dorothee Solle:

–¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?

– No se lo explicaría -respondió-

Le tiraría una pelota para que jugara con ella.

El fin del partido

Eduardo Galeano

Dos perros dan la bienvenida en una calle inclinada hecha de terracería. Ahí, en un pequeño hogar, Mauricio Venegas se encuentra trabajando, está agotado por la larga jornada del día, pero aun así recibe con gusto.

Realiza su actividad en un taller de la comunidad San Miguelito en Santa Rosa Jáuregui. Su trabajo no es labor sencilla, resulta que Don Mauricio provee de ‘oxígeno’ al deporte más popular del mundo: el futbol.

“Me dedico a la creación y producción de balones artesanales. Todo el proceso es hecho a mano. Toda la vida, desde que tengo uso de razón, llevo haciendo esto, me enseñaron mi papá y mis tíos y ahora con el Mundial hay mucha chambita”, dice Mauricio, de actitud cortés y semblante alegre.

“Un balón, para que sea perfecto, tiene que ser imperfecto”

Rubal Sport es un negocio familiar con cincuenta años de experiencia. La calidad de su trabajo ha llegado a surtir balones a la empresa Garcís que, a su vez, fue patrocinador oficial de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut); por lo tanto, hasta hace apenas quince años, en la primera división del futbol mexicano se jugó con balones hechos por artesanos queretanos.

Además, el trabajo de Mauricio y sus cosedores traspasó fronteras, puesto que la marca Nike los contrató para coser los balones de ligas europeas como la española y la italiana.

“El balón Nike, Voit, que hemos cosido a mano, le da cierto tipo de ponderados al balón y se llama “golpe de corte”. A la hora que tú golpeas un balón debe tener cierta imperfección para que puedan tener curvaturas perfectas, ¿no has visto que luego meten unos golazos en donde ‘agarra’ chanfle? ¿Vieron el mundial anterior? ¿Qué metieron en el Jabulani?

“El Jabulani fue un balón perfecto, entonces, no puede haber perfección entre los balones. Un balón, para que sea perfecto, tiene que ser imperfecto. No sé si has visto las pelotas de beisbol, son cosidas a mano, tiene que tener una costura para que tenga ese efecto, para que a la hora de lanzarla tenga un tipo de curvatura.

“La perfección de la tecnología de balones como el Jabulani o el Brazuka hace que a la hora de patearlo sea como una esfera, que a la hora de lanzarla no sabes qué reacción va a tener. Por eso muchos jugadores se quejaron del Jabulani. Este (el nuestro) cumple perfectamente con los requerimientos de FIFA”, explica Omar Rubio, quien ha sido la mano derecha de Mauricio en Rubal Sport.

El proceso

El proceso de creación de un balón comienza con el troquelado de la piel sintética, que sirve para dar forma de hexágono a los gajos; un balón tradicional requiere de 32 gajos. Posteriormente se cosen de manera que cada arista quede perfectamente amarrada a la otra; para esto se usa un estambre grueso que es encerado con una piedra -que ellos inventaron- a base de minerales y aceites (receta secreta) y que sirve para la resistencia y dureza del cosido.

Se deja un gajo sin coser para poder introducir por ese orificio la cámara. Una vez dentro, se tapa el hueco que quedó abierto y se infla la cámara hasta quedar como balón profesional.

Durante mucho tiempo, la producción de balones en San Miguelito fue una tradición que sustentaba a buena parte de las familias que ahí residen, puesto que su trabajo se distribuía por todo el país, hasta que la alta tecnología de las marcas comerciales fue marginando la labor de esta comunidad debido a su producción en serie.

“Ellos te hacen mil balones al día, pero de mala calidad; nosotros hacemos diez balones al día, pero de buena calidad por nuestra labor artesanal: cosemos a mano, usamos piel sintética, nosotros troquelamos, todo es manual”, explica Mauricio.

“Hace quince años sacaba uno para comer si se dedicaba a coser balones; hoy en día, ya no sale. Hay mucha gente que ya no puede trabajar, que es más grande de los 50 años, o gente que trabajaba de campesinos y ya no pueden; ellos son los que cosen balones. Te ganas aunque sea dos o tres pesitos, pero de eso a nada, mejor cosen un balón”, explica Don Mauricio con tristeza en el rostro.

Tradición vs oportunismo político

El oportunismo político durante años ha acompañado al futbol: el salinismo y su año del 94, los spots de un país prospero y armónico en los que Calderón usó la bandera del futbol para ocultar la violencia durante su sexenio antes del Sudáfrica 2010.

A Mauricio y a Omar ya les tocó vivir este tipo de situaciones: el gobernador del estado, José Calzada Rovirosa, hace dos años estuvo presente en el taller de Mauricio para hacer propaganda política; luego de prometerles ayuda y difusión, sólo encargó once mil balones con el logotipo “Gobierno de Soluciones”… hasta el momento, no ha vuelto a pisar la comunidad.

“Hace dos años aquí estuvo (Calzada), según nos iba a apoyar, pero, no sé, ellos no están haciendo nada, nomás hicieron el pedido que les mandó hacer Soluciones que –creo- fueron algo así como 11 mil balones. Ya se ha quedado olvidado.

“La gente quiere que haya siempre trabajo, eso es lo que más se demanda… a mí me gustaría darles trabajo a los del rancho, pero ya no hay suficiente capital para ayudarles a todos” afirma Don Mauricio.

“Aquel que trabaja con sus manos y su mente es un artesano. Aquel que trabaja con sus manos, su mente y su corazón es un artista”, estas palabras se le atribuyen al fundador de la Orden Franciscana.

Así como Maradona, Pelé, Zidane, Sócrates, Francescoli, fueron artistas con el balón en sus pies, Mauricio y Omar han sido artistas con “la caprichosa” en sus manos.

“Durante años se han dedicado a crear la materia prima del futbol, han procurado que la pelota ruede por los potreros, los barrios, las periferias, los ranchos… sus balones han pasado por los pies de futbolistas como Rafael Márquez y Cuauhtémoc Blanco.

“Desde hace 50 años son orgullo queretano, ¿cuál  ha sido nuestro agradecimiento? La indiferencia.

Al comprar dos balones y prestar a atención a las últimas palabras de Omar: “Queremos que esta tradición no se pierda. Nos gustaría que la gente conociera más de nuestro trabajo, cómo se relaciona la pobreza que se vive aquí con los balones, con el futbol y el apoyo a nuestra gente”, señaló.

El escritor francés Jean Echenoz alguna vez realizó la comparación entre un escritor con un artesano. Él decía que el trabajo de ambos no era un oficio sino un estado.

Al momento de verlos ahí, en su taller, se observa la pasión con la que trabajan, la personalidad misma del oficio le da un carácter de pulcritud y esencia que caracteriza su labor artística, y como tal, guía por caminos de asombrosas coincidencias, que vistas desde este punto dejan de ser atípicas, para ser como el futbol mismo: arte de lo imprevisto.

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