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El auge de la novela histórica

“Los hechos son los hechos… hay que rastrearlos, encontrarlos y traerlos a la narrativa”: Fabrizio Mejía Madrid

Por: Angélica H. Morales

A partir del nuevo milenio la llamada “novela histórica” ha tenido un importante impulso por parte de las casas editoriales. En el país, el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución dieron pie a la emergencia de decenas de publicaciones cuyas tramas se desarrollan a través de los más importantes y representativos personajes de tales momentos históricos.

Ya sea para corroborar, desmentir, añadir o replantear momentos y actores definitivos en la conformación de nuestra nación, la novela histórica ha surgido como una alternativa de contrapeso a las publicaciones oficialistas en las que los héroes nacionales son siempre justos y sus actos siempre justificables.

En su mayoría, estas obras han logrado cautivar al público lector, quizá por su narrativa sencilla y amena, quizá por su riqueza descriptiva, quizá por mostrar –despertando el morbo– a los próceres de la nación como humanos de carne y hueso, más parecidos al pueblo por el que lucharon que al gobierno que los beatificó.

Parte del éxito logrado por estas publicaciones se halla en el hecho curioso de que sus autores son literatos de ficción más que historiadores de academia. Sin embargo, las más notables obras de este género combinan de manera magistral la poética de las licencias literarias y la rigurosidad del quehacer histórico.

Ejemplos claros de esto son las obras producidas por autores como Paco Ignacio Taibo II, cuya obra “El Álamo, una historia no apta para Hollywood” se posicionó como uno de los libros más vendidos por las librerías Gandhi.

En el mismo género, aunque con temáticas y métodos distintos, se encuentran también los escritores Francisco Martín Moreno y Fabrizio Mejía Madrid.

Los tres autores se declararon conformes con este surgimiento de la novela histórica –escrita por no historiadores– en el país. “Es una maravilla, mientras más escritores de novela histórica existan en nuestro país, más se evita la posibilidad de cometer errores y con más facilidad podemos planear el futuro”, expresó Francisco Martín Moreno, autor de la trilogía “Los arrebatos carnales”.

Paco Ignacio Taibo II, por su parte, adjudica este fenómeno al contexto político que se creó a partir de los aniversarios 100 y 200 de la Revolución e Independencia mexicanas, respectivamente.

“El mercado reaccionaba a una doble presión que se estaba creando; la presión que el propio Estado creaba por el bicentenario y obligaba al debate, y el interés que había por abajo.

“Estos dos fenómenos crearon una situación de interés que se convirtió en una situación de mercado; algunas editoriales la explotaron, hicieron libros por encargo bastante chafas, una parte de los novelistas históricos hicieron novelas malas y con investigaciones muy débiles, o hicieron cosas interesantes.”

 

Un fenómeno bastante antiguo en realidad: Fabrizio Mejía

Fabrizio Mejía Madrid, autor de “Disparos en la oscuridad” (novela acerca de la figura histórica del presidente Díaz Ordaz), explicó que se trata de un fenómeno bastante antiguo en realidad.

En España lo llaman crónica latinoamericana, “en Latinoamérica, desde Bernardo Díaz del Castillo no ha dejado de haber crónica”, pero tras la democratización de España, el inicio de las dictaduras en Latinoamérica y el consiguiente reencuentro entre ambas culturas “se encuentran con que está esto de la crónica.”

“Y en general la crónica es eso, el recuento artístico de hechos reales. Creo que a eso se debe, es un fenómeno que siempre ha existido, con las particularidades de cada país. En América Latina somos más políticos, por obvias razones, porque es lo que necesitamos sacar a la transparencia.”

Es justo en este punto en el que literatos e historiadores logran su primer acuerdo. Blanca Estela Gutiérrez Grageda, directora de la Facultad de Filosofía e investigadora del área de Historia, explicó que durante épocas de crisis, tanto los individuos como las sociedades tienden a recurrir al pasado en búsqueda de elementos que les permitan entender cómo han llegado a tal crisis y cómo podrán superarla.

“La novela histórica tiene mucha fuerza, no sólo en este momento, recordemos que hay toda una tradición muy importante de la novela de la Revolución Mexicana, porque es una manera muy accesible y muy atractiva hacia los lectores de adentrarse al conocimiento del pasado”, puntualizó.

Acerca de las ventajas y desventajas que representan para un escritor el ser o no ser historiador y su funcionalidad al escribir novela histórica, ambas partes logran encontrarse de nuevo.

Taibo, Martín Moreno y Mejía Madrid coinciden en que, muchas veces, el rigor académico con el que se conducen los historiadores los limita en el ejercicio narrativo; su discurso puede resultar “árido” para la población común.

“Los historiadores tenemos mucho que aprender en este sentido de los escritores, de los literatos, porque hacen llegar el discurso histórico a la población de una manera que resulte atractiva e incluso disfrutable”, refirió Gutiérrez Grageda.

Tanto Mejía Madrid como Martín Moreno coinciden en que los historiadores, por la propia formación académica, se verán siempre obligados a referir sus tramas hacia hechos comprobables, documentos, archivos, fotografías, etcétera.

Mientras que los literatos, al echar mano de las licencias literarias que el oficio les permite, pueden tomar con mayor libertad la Historia y reescribirla de un modo más atractivo.

“Vengo de la literatura, no me costó mucho trabajo”

Mejía Madrid consideró que es más sencillo hacer literatura con la historia que literatura desde el abismo de la ficción.

“Los hechos son los hechos… hay que rastrearlos, encontrarlos y traerlos a la narrativa. Mientras que cuando haces narrativa de ficción pues todo sale de tu imaginación, supuestamente. Es mucho más difícil imaginarte un contexto que no te está dado sino que tú te lo estás inventando. Para mí sí es más fácil.”

Paco Ignacio Taibo II llegó a una conclusión semejante: para él, lograr la empatía narrativa con el lector, a pesar de tratar con temas históricos, no ha representado tal reto: “Vengo de la literatura, no me costó mucho trabajo”.

La literatura en general tiene como finalidad última la recreación pero, en un género como la novela histórica, híbrido entre lo meramente literario y lo académico –en cuanto al tratamiento de la Historia– ¿existe algún propósito del género, más allá del entretenimiento?

Para Fabrizio Mejía Madrid, sí. “Servir de contraste, porque tampoco vamos a fundar otra versión oficial. En el caso de México es muy evidente cuál es el problema: hubo una sola versión de la historia, que fue la de los libros de texto y que fue bueno, está bien que todos tengamos una idea de la historia nacional, pero ahí están los novelistas para contrarrestarla y contrastarla.”

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