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El cielo puede esperar: entre la fe, la muerte y el amor

“Quienes están llamados a vivir en el cielo, somos todos”, pero no arrepentirse lleva al infierno por voluntad propia, explicó fray Flavio Chávez García por la conmemoración del Día de Muertos.

El cielo

“La gloria de Dios no es un lugar físico, es un estado”, definió el guardián de la Casa de Espiritualidad Franciscana “Santa María del Pueblito”, Flavio Chávez García; desde el también convento ubicado en La Sabanilla, Jerécuaro, Guanajuato. El fraile recordó que todas las personas “estamos llamadas a vivir en el cielo”.

Aquello se declaró oficialmente del 11 de octubre de 1962 al 8 de diciembre de 1965, cuando se llevó a cabo el Concilio Vaticano segundo en Roma, una reunión mundial de los altos cargos de la Iglesia Católica para actualizar las dinámicas de la religión con el mundo moderno.

Al final su papado, Pablo VI promulgó la Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, que significa “Luz de las naciones” y en su capítulo 5 dice que los sacerdotes concluyeron que “todos estamos llamados a la santidad: vivir de acuerdo con el mandamiento que Jesucristo nos enseñó, el del amor. Eso es entrar en el reino de los cielos”, recordó Chávez García.

La gloria “no es un lugar; es vivir (después de la muerte) en el gozo, la paz, la felicidad y en la plenitud como creyente con Dios”, señaló el superior franciscano.

La libertad humana

“Desde la lógica humana, si no vives en el amor, no entras al cielo. Desde la lógica de Dios, no sabemos”, comentó Chávez García. Incluso, una vez muertos, la Iglesia Católica sostiene que Dios sigue invitando a creer en el amor. “A eso se le llama purgatorio: si hubo gente que no amó plenamente porque no era tan libre, nuestro Señor da la oportunidad de retomarlo”.

Sin embargo, “Dios respeta la libertad. Él dice: te envío los Diez Mandamientos, no te los impongo. Te doy a Jesucristo, mi hijo, no te lo impongo. Yo te acompaño en la vida, pero si no me quieres, no voy a entrar a fuerzas a tu casa”, clarificó fray Flavio.

Sin embargo, recordó que el único pecado que Dios no perdona, mismo que apuntan los versículos 31 y 32 del capítulo 12 de san Mateo en la Biblia: “Todo pecado y blasfemia será perdonado, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo, no; ni en este mundo, ni en el venidero”.

Es decir, por más cruel u horrible que sea o parezca una acción negativa, Dios perdonará a la persona que la haya cometido, siempre y cuando acepte al espíritu del mismo Dios a través del arrepentimiento, ya sea en este mundo o en el purgatorio.

El infierno

Sin embargo, “hay gente que no se arrepiente” aunque esté sufriendo las consecuencias de sus actos. “El cielo llama: aquí huele a amor, paz y felicidad”; pero las personas pueden responder: “no me siento a gusto ahí porque mi ambiente fue de crimen, muerte y mentira”. En consecuencia, van al infierno, señaló el sacerdote. 

La palabra “infierno” viene del latín “infĕrus” o “inférnum”, que significa “subterráneo” o “inferior”, según la Real Academia Española; y, al igual que el cielo, tampoco es un lugar físico: “Es lo más inferior del espíritu humano, donde está el desamor, donde no hay posibilidad de que vivas en paz, en alegría, ni en felicidad para siempre. Es un estado de tristeza, frustración y de maldad”, definió el franciscano con maestría y doctorado en Teología y Filosofía.

De esta forma, el estado del Infierno es compartido por las almas de las personas que “se hayan apartado libremente de Dios; y a eso se le llama demonio. Todos los no arrepentidos se hacen demonios porque ya lo fueron aquí”.

Según la interpretación católica, la palabra “demonio” significa “el mal que te saca del bien” y “diablo” viene de la palabra “diábolo” que significa “lo que es expulsado”. Por lo tanto, el franciscano define diablo y demonio como “lo que te expulsa o saca de la órbita del amor, de Dios”.

Lenguajes opuestos

“El lenguaje de Dios es el amor, la compasión, la verdad y la paz”. Esto lo resume el versículo 8 del capítulo 4 de la primera carta de san Juan en la Biblia: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. Por su lado, “el lenguaje del demonio es de la maldad, la no compasión, la crueldad, la mentira y la guerra”, apuntó el fraile.

El diálogo con las ciencias

Reconoció que “la ciencia tiene mucho que aportar para tratar de entender qué pasa con la energía que conforma el cuerpo y el alma, a dónde se va la energía cuando el cuerpo se destruye al morir”.

“Nosotros nos planteamos desde lo que dijo Jesús, y eso se llama fe. Dijo que íbamos a ir a la casa del Padre: donde se vive amor, paz y felicidad. Si la ciencia logra descubrir qué es lo que pasa con la materia y la energía, y si logra descubrir otros lugares, la fe se entenderá mejor”, concluyó Chávez García.

Christopher Chávez Gómez

Periodista en formación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Interesado por la Lingüística y las redes sociales. Cuando menos se lo esperó, un orgasmo de tinta corrió por él; y después de un arranque textual, bien supo cual era el punto final.

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