El exorcista de Querétaro que conoce un infierno sin efectos especiales

“El Diablo existe, Dios existe; y nuestro destino depende de a quién elijamos seguir”: Ed Warren.
“Del 100 por ciento de personas que llegan con este tema, solo entre el tres y el cinco por ciento están posesas”, afirma el vicario general de la Diócesis de Querétaro, José Martín Lara Becerril, que explica la naturaleza de los exorcismos.
La Real Academia Española define exorcismo como un signo sagrado, es decir, un “sacramental de la Iglesia Católica que tiene como fin suprimir la influencia demoníaca sobre una persona o liberarla de la misma si está poseída” también se puede practicar sobre cosas o lugares.
Requisitos para hacer un exorcismo
De acuerdo con el también exorcista autorizado por el Vaticano, el padre José Martín, para aprobar un rito de expulsión demoniaca, el sacerdote tiene presente “una palabra clave: discernimiento”. Esto consiste en escuchar a la persona y discernir o distinguir entre cuatro opciones:
Enfermedad física: si la persona tiene una condición médica corporal. Por ejemplo, los niveles altos de azúcar pueden provocar “reacciones a veces inexplicables, y las confunden con un tema de posesión”, explica Lara Becerril. Si es así, se le canaliza con una persona médica.
Enfermedad mental: como esquizofrenia, paranoia, depresión o soledad. “La persona experimenta sensaciones que confunde con presencias demoníacas”. De ser así, tiene que ir a psiquiatría.
Problemas emocionales: si tiene odio, rencor o sentimientos sin gestionar, lo que indica “un desajuste emocional”; y, por lo tanto, tiene que ir con una persona psicóloga. Finalmente, “si se trata de una cuestión espiritual, es decir, de un ataque deliberado del demonio”, describe uno de los cuatro exorcistas de Querétaro.
Si se trata de esta última, el exorcista actúa con el rito oficial autorizado por la Iglesia Católica en 1999, titulado en latín “De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam” o “Sobre ciertos exorcismos y súplicas” en español, disponible en Internet.
El rito de expulsión
“Durante el exorcismo, hay fenómenos muy fuertes que salen de la normalidad” externa, el religioso. Sin embargo, aclara que “la naturaleza tiene un límite”, por lo que es imposible que “la cabeza les dé vuelta” como en las películas, pues estas “tienen su parte propagandística”.
La persona poseía puede hablar “con una voz ronca, de ultratumba; pone los ojos en blanco o demasiado abiertos con rasgos muy acentuados de odio y rechazo; y llega a quintuplicar su fuerza”, pero no es igual en todos los casos, apunta el sacerdote con 13 años de experiencia en expulsiones demoniacas. Además, menciona que él no ha visto personas que floten, pero sus colegas en otros países, sí.
Aunque el demonio ataque “muy duro, se le ordena que respete a la persona, y obedece”. Si bien “es útil saber el nombre” del espíritu inhumano, no es del todo necesario “para darles una orden. Se les ordena en nombre de Cristo y obedecen”, aclara el también Vocero de la Diócesis de Querétaro.
Nombres demoníacos
“Si se le pregunta al demonio cómo se llama”, lo dice, afirma el vicario. En tal sentido, enlista los nombres más comunes que ha expulsado en Querétaro: Satanás, Luzbel, Belcebú, Lucifer y la Muerte, que también “es un demonio”. Mientras que uno de los menos comunes es “Caracacha”.
De acuerdo con el sacerdote José Antonio Fortea, a través del sitio web de Estados Unidos “Dirección Espiritual Católica”, los demonios no dependen de los lenguajes de la Tierra, puesto que son “espíritus puros”, por lo que no tienen fronteras y pueden adaptarse a todas las lenguas e idiomas.
El numeral 395 del Catecismo de la Iglesia Católica, señala que Satán es un “espíritu puro”; y dado que el ritual de exorcismo no existe solo en latín, los sacerdotes pueden expulsar demonios en su lengua natal.
“Volveré a mi casa”
Después de un exorcismo, la persona liberada, así como su familia, “vive mucho más cercana a Dios. Se vuelven más religiosos y practicantes”, generalmente. Sin embargo, algunas “se descuidan” después, “e incluso vuelven a ser atacados por el maligno”. De ser así, el también Moderador de la Curia Diocesana apunta a los versículos 24 al 26 del capítulo 11 de san Lucas en la Biblia:
“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”.
“Y libranos del mal”
El padre José Martín externa que, para que se dé una posesión, “la persona abre puertas al maligno mediante bujería, la ouija, ritos mágicos, prácticas satánicas, santería y el culto a la muerte”, así como tener “una vida de pecado muy acentuada”.
Reconoce que hay personas poseídas sin que practiquen lo anterior “porque Dios permite que sean atacadas para purificar su vida, hacerlas más santas y fortalecerlas en su fe”.
Después de todo, Lara Becerril recomienda tener “una vida cristiana como Dios manda: la práctica de los sacramentos, la lectura de la palabra de Dios, una vida de generosidad y caridad con los demás. Eso es el mejor antídoto para no ser atacados por el maligno”. De esta manera, “la persona puede tener ataques, pero no posesiones” del demonio, finaliza el exorcista queretano.



