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El fin del placer de vivir

Por: Cristian M. Padilla Vega

Enero se cobró su cuota de muerte con el poeta y escritor José Emilio Pacheco, la triste noticia corrió de inmediato por todas las redes sociales, el autor de Alta traición dejaba este mundo.

José Emilio perteneció a la generación de escritores mexicanos nacidos en la década de los 30. Junto a Carlos Monsiváis, Hugo Gutiérrez Vega, Sergio Pitol, José Carlos Becerra, entre otros, pusieron a México al ritmo de los tiempos. Dando cuenta de la modernidad mexicana y su crisis de época, que arrancara a finales de los 60.

Como poeta logró cautivarnos por su trabajo nítido, sin cortapisas, pero sobre todo muy sentido. Mientras que con su narrativa nos atrapó con sus historias cotidianas, magistralmente contadas. Desde el pequeño Carlitos que, siendo aún un niño se enamoró de la mamá de su mejor amigo. De madre ultraconservadora y pretensiosa, Carlos sufre la incomprensión familiar ante su inusual enamoramiento.

En otra historia, un adolescente descubre el amor y sufre por su casquivana dulcinea, decepcionado percibe que el principio del placer es también el del dolor. Esta novela corta, es acompañada por algunos otros cuentos. Siendo la Zarpa, uno de los más divertidos, dos viejas amigas se reconcilian ante la pérdida de su belleza, dos toneles de manteca y varices se abrazan solidariamente.

Conocí al Maestro José Emilio en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara en su edición 2009. Corrí con mucha suerte, pues apenas llegué a los estantes de libros, y lo descubrí, firmando sus obras de editorial ERA, me acerqué y le comenté que conocía a su amigo y compañero de generación y letras, Hugo Gutiérrez Vega, y que me interesaba mucho la época en la que todos ellos vivieron en Inglaterra a final de los 60. Me miró nostálgico y me sonrío, le regalé mi primer libro de poemas, amablemente me prometió que lo leería a la brevedad, le estreché la mano y le agradecí firmarme dos libros de su autoría.

Pienso en esta generación de escritores, y no sólo los admiro por su excelsa obra, sino por su calidad humana, su amabilidad y sencillez, y su generosidad, así que la tristeza es doble, por la pérdida del artista, pero también de un buen hombre. Ahora José Emilio debe de estar con su carnalito José Carlos Becerra, el malogrado poeta que a los 34 años murió en Brindisi, Italia. Seguro que ahora los dos deben estar brindando y declamando el bello poema de Salvador Díaz Mirón: “La poesía…pugna sagrada…”

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