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El Hércules termina sus trabajos después de 173 años

Desde el 15 de agosto de 1846 hasta el 30 de septiembre de 2019 funcionó la fábrica de textiles El Hércules: 173 años, un mes y 15 días.

La fábrica de textiles “El Hércules”, pieza fundamental de la industrialización de Querétaro, funcionó por más de un siglo y medio, desde el 15 de agosto de 1846 hasta este 30 de septiembre de 2019: fecha fijada mediante acuerdo entre el Sindicato de Trabajadores Textiles y Similares “Hércules” y la empresa Maquiladora Nova Distex para el cese de funciones definitivo.

Más allá, no obstante, de la longevidad de las instalaciones y su popularidad, la historia de la fábrica determinó en conjunto la de Querétaro, a la que está ligada desde incluso antes de su construcción y fundación.

El molino ‘colorado’

A la par de la industrialización en la entidad con la fábrica “El Hércules”, a mediados del siglo XIX también había en Querétaro alrededor de unas 216 minas, principalmente de plata, algunas de azogue, antimonio, cobre, plomo y oro; además de 121 haciendas y 292 ranchos.

En el siglo XVI, los terrenos de lo que actualmente es La Cañada fueron propiedad de Fernando de Tapia, ‘Conín’; los cuales, tras su muerte en 1571, fueron heredados a su hijo, Diego de Tapia. Unos años más tarde, el hijo de ‘Conín’ solicitó permiso al virrey Luis de Velasco y Castilla para construir un molino de harina de trigo —lo cual se le concedió en 1595— en los actuales terrenos de la fábrica textil.

Este molino después se conocería como el molino ‘colorado’ —por estar hecho de ladrillos de arcilla roja, que abunda en la zona—, ‘de la cañada’ y molino ‘de las monjas’. También la hacienda que rodeaba la fábrica fue conocida como “Rancho Colorado”.

Para que el molino ‘de la cañada’ funcionase, fue necesario construir una presa y un acueducto. Diego de Tapia murió en 1614, heredando sus bienes a su hija, María Luisa, por quien construyó el templo y convento de Santa Clara para que pudiera investirse con los hábitos. El molino se convirtió en propiedad de las monjas clarisas cuando falleció María Luisa, y lo vendieron en 1766 a Juan Antonio De Urrutia Jauregui y Arana, marqués de la Villa del Villar del Águila. El terreno pasó a ser propiedad de diversas familias, hasta que lo adquirió Cayetano Tomás Rubio de Tejeda en 1838.

La fábrica

Cayetano Rubio, originario de España, llegó a México con bastante comodidad económica e invirtió en diferentes ramos mercantiles; entre ellos el textil. Ya adquirido el amplio terreno de La Cañada, decidió construir la fábrica de hilados y tejidos El Hércules y modernizó el antiguo molino del hijo de ‘Conín’ para que siguiera funcionando. Se invirtieron 12 millones de pesos para la construcción de la fábrica en un área de más de 100 mil metros cuadrados.

Rubio de Tejeda, como hombre de visión económica, aprovechó el resto de terrenos que adquirió para construir viviendas destinadas a ser rentadas a sus trabajadores. Aparentemente, aun siendo que una buena parte de los trabajadores locales reclutados ya se dedicaba antes a la elaboración textil, fue necesario importar personal europeo —principalmente de Inglaterra— e, indispensablemente, equiparlos y a la fábrica con maquinaria. Aunque, para llevarla hasta Querétaro, era necesario abrirle paso.

Desde el puerto de Tampico, Tamaulipas, se trazó y construyó una carretera con dirección al suroeste hacia la Huasteca, de ahí a la Sierra Gorda queretana hasta la fábrica en Hércules, con más de 350 kilómetros de camino a cargo del ingeniero Manuel Altamirano. Con la fuerza de una larga caravana de mulas y caballos, se trasladó la maquinaria desde aquel puerto del Golfo de México hasta Querétaro.

También se conectó un camino entre la fábrica y la ciudad de Querétaro —la “calle Real”, hoy avenida Hércules—, en cuyo trayecto empezaron a construirse escuelas, comercios y las viviendas para los trabajadores. Muchas de estas tenían techos de teja de barro, por lo que se le conoció después al lugar como el “Barrio de Tejas”.

Se aprovechó su antecedente como molino de maíz hidromecánico y se construyó un nuevo acueducto —sobre el ya construido por Diego de Tapia— con 257 arcos y dos kilómetros de largo, para poder mover una turbina hidráulica hecha de madera importada de Manchester, Inglaterra, que generaba 80 caballos de fuerza como energía motriz para los telares, también importados de la misma ciudad.

El agua se canalizó desde el cañón de Los Socavones, el manantial El Barreno y la presa El Salto del Diablo —antes usada para el molino de Diego de Tapia; fue rehabilitada y su cortina elevada—, a la que llegaba afluencia de las presas La Purísima, San Carlos y San Isidro. El 15 de agosto de 1846, la primera fábrica textil de Querétaro, El Hércules, comenzó a trabajar.

De los Rubio a Nova Distex

Con el paso del tiempo, la familia Rubio fue ampliando su centro textil: En 1854 inauguró otra fábrica: ‘La Purísima’, junto con el molino ‘Blanco’; y adquirió el molino ‘de San Antonio’. Cayetano Rubió murió en 1876, heredando a su hijo Carlos María Rubio Rubio su compañía bajo el nombre de Compañía Manufacturera Hércules y Anexas.

Algunos años después, en 1889, la Junta Directiva de la compañía decidió vender sus propiedades a la compañía Industria Manufacturera, que tuvo posesión hasta 1936, cuando pasó a conformarse como la Compañía Textil de Hércules S.A.

Entre 1940 y 1960 la industrialización empezó a ser más como la conocemos hoy, creándose una zona fabril al norte de la ciudad; lo cual propiciaría el incremento de la mancha urbana en un 400 por ciento y de la población en un múltiplo de 10 —al pasar de 60 mil a unos 600 mil— de 1960 a 1990, según el artículo ‘100 años de desarrollo en Querétaro’, de Francisco Hernández.

En 1952 se moderniza la maquinaria de la fábrica. En 1946 se festejó el centenario de la fundación de la fábrica y se inauguró el casino “Emanuel Gómez Portilla”, quien era uno de los principales accionistas de la empresa. En 1953 la fábrica pasó a propiedad de una empresa jalisciense: Compañía Industrial de Guadalajara S.A. Cijara, que durante 10 años fue propietaria, cuando en 1963 la fábrica pasó a ser Textiles Hércules S.A. Actualmente, la razón social propietaria es Maquiladora Nova Distex.

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