El movimiento estudiantil de 1980, parteaguas en la historia de Querétaro
Fue durante la visita de José López Portillo, presidente de la República en turno, que estudiantes marcharon en busca de presentarle el pliego petitorio.
El movimiento estudiantil que estalló en Querétaro el 8 de mayo de 1980 marcó la pauta estudiantil para demandar mejoras académicas, espacios de expresión y participación política en instituciones como la Escuela Normal del Estado y la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), así lo aseguró el historiador Kevyn Simón Delgado al referirse a aquel movimiento en que normalistas fueron reprimidos violentamente por fuerzas estatales.
Fue durante la visita de José López Portillo, presidente de la República en turno, que estudiantes marcharon en busca de presentarle el pliego petitorio; sin embargo, fueron reprimidos por policías estatales con gas lacrimógeno y “macanazos”, obligando al estudiantado a refugiarse en las instalaciones de la Preparatoria Sur de la UAQ, y casas particulares aledañas, agregó el académico universitario.
Si bien los normalistas contaban con un pliego petitorio desde abril de 1979 (en el cual exigían la destitución de directivos, académicos, y otras demandas), fue hasta después de la represión del 8 de mayo que el alumnado de la UAQ –especialmente Psicología–, estudiantes del ITQ, Tec de Monterrey, entre otras, tomaron cartas en el asunto.
Después de la aprobación del pliego petitorio –donde se agregaron las destituciones de la procuradora de Justicia, varios directivos policiales y una treintena de policías–, el paro estudiantil fue levantado el 26 de mayo; sin embargo, Simón Delgado asegura que varios protagonistas del movimiento empezaron a ser hostigados y orillados a salir de la ciudad como represalia.
Por último, agregó que –si bien la lucha estudiantil en Querétaro tuvo un desfase temporal en relación a otros movimientos nacionales– a nivel estado la lucha obrera y sindical estaba en un momento de pugna para exigir mejoras asalarias en fábricas como Tremec, Kellogg’s, etc., culminando con cientos de despedidos, “listas negras”, golpeados, secuestrados y hasta asesinatos.
Estos son los 7 puntos del pliego exigido por normalistas desde abril de 1979: destitución de la directora y personal académico deficiente; solicitaban personal titulado y especializado; federalización de la escuela; crear un reglamento interno para todos; que la cooperativa escolar, entonces a manos de familiares de la directora, pasara a los estudiantes; superación académica; y respeto a las garantías individuales.
Simon Delgado puntualizó que estudiantes del ITQ se sumaron durante 48 horas solamente entre el 20 y el 22 de mayo. Mientras tanto, las facultades de Derecho, así como Contaduría y Administración se sumaron al paro, pero sin mayor representación estudiantil.
Una vez que las clases se reanudaron el 26 de mayo de 1980, “muchos de los y las protagonistas del movimiento empezaron a ser hostigados y orillados a salir de la ciudad”, puntualizó el catedrático de la Facultad de Filosofía.



