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El Mundial 2026 es la coronación del posfútbol

A los conceptos de posmodernidad, posverdad, posthumanismo, pospandemia, postindustrialismo, les faltaba uno en materia deportiva: el postfútbol, es decir, el fútbol, después del fútbol, casi parafraseando a Fito Páez.

El fútbol que el periodista chileno Juan Pablo Meneses vivió en las canchas latinoamericanas se desvaneció en el aire. El esqueleto sigue allí, la cancha, la media luna, las porterías, pero el regate, una chilena, el gol ha dejado de ser lo fundamental para dar paso a que los likes, los cortes de cabello y lo viral sean lo más importante del balompié.

Por ello, el cronista chileno, creador de la Universidad Portátil, escribió el libro Postfútbol (que aún no ha sido editado en México, pero se puede conseguir en plataformas digitales),

Juan Pablo Meneses plantea que el deporte de las masas vivió una metamorfosis: pasó de ser una experiencia colectiva y popular para convertirse en una industria individualizada: pantallas, datos, apuestas, redes sociales, celebridades deportivas y consumidores que ya no se comportan como hinchas, sino como usuarios.

El argumento no viene de un filósofo que odie a las 22 personas que patean un balón, por el contrario, Meneses tiene una relación profunda con el deporte de las patadas. Además de su afición por el deporte, dentro de su obra periodística es autor de Niños futbolistas, donde siguió cómo funciona el mercado de fichajes de las futuras estrellas latinoamericanas.

En esta entrevista con Tribuna de Querétaro, el creador del concepto de periodismo cash analiza el papel de Messi y Cristiano Ronaldo en la transición hacia el postfútbol, la conversión de los jugadores en celebridades de contenido, el avance de las apuestas y la dictadura de los datos, el encarecimiento de los estadios y la americanización del espectáculo rumbo al Mundial de 2026. Su lectura deja una advertencia para América Latina: el último orgullo popular del fútbol se disputa ahora en una cancha donde la pelota ya no basta para explicar el juego.

Maradona era fútbol; Messi, postfútbol

Tribuna de Querétaro: Cuéntanos de tu nuevo libro, Postfútbol. Si ya tenemos posmodernismo, posverdad, pues ya sólo faltaba el postfútbol. ¿Qué nos pasó como sociedad para que el fútbol dejara de parecerse al fútbol que conocíamos, de acuerdo con lo que planteas en tu libro?

Juan Pablo Meneses: Claro. El gran cambio es que pasamos de un deporte colectivo, como era el fútbol tradicional, a un deporte individual, que es el de ahora. A partir de ese cambio matriz vienen todos los otros cambios: la tecnología, las apuestas, el hiperconsumo y todos los nuevos ingredientes que nosotros, como sociedad, estamos pidiendo.

Entonces, ¿qué pasa? Que el postfútbol sirve para que nosotros podamos ver también la manera en que nosotros mismos estamos viviendo.

TQ: Entonces, ¿Cristiano Ronaldo y Lionel Messi son la culminación del viejo fútbol o el inicio del postfútbol?

JPM: Yo creo que ellos están en la transición. Creo que son el inicio de algo nuevo. Por ejemplo, llevándolo a figuras latinoamericanas, Maradona era más fútbol y Messi es más postfútbol.

El caso de Messi lo abordo mucho en Niños futbolistas, porque él fue el gran causante de que se pusiera de moda la compra y venta de niños futbolistas. Su caso fue muy salvaje: un niño de 10 años que compran en 10 mil dólares en un barrio pobre, de una zona pobre, de una ciudad pobre en Argentina, y que en pocos años cuesta cientos de millones de euros.

Eso le abrió los ojos a muchos empresarios y a mucha gente, pensando que era fácil, pensando que era llegar y hacerlo. Ahí se empezó a desvirtuar mucho el tema de la formación. Hoy los jóvenes no quieren ser futbolistas. Hoy los jóvenes quieren ser estrellas del postfútbol. Eso quiere decir que quieren ser influencers, que quieren ser famosos, que quieren ser, más que nada, una especie de celebrities deportivas, con todo lo que eso significa.

Hoy hay muchos países y muchas selecciones, te menciono, por ejemplo, Francia, Brasil o la misma Argentina, donde cuando los jugadores llegan a la selección, a las concentraciones, en los paneles de televisión hay analistas de moda comentando sus looks: el pantalón que llevan, el traje que llevan, la cartera que llevan, los audífonos que llevan. ¿Por qué? Porque el postfutbolista, el que vemos ahora, es un escaparate humano.

De la tribuna a la pantalla

TQ: Recuerdo a algún entrenador de la vieja guardia que se quejaba de que los nuevos futbolistas estaban más preocupados por su corte de pelo que por cabecear bien. Entonces, ¿esto es el postfútbol la imagen antes que jugar?

JPM: Y no ven partidos tampoco, no ven el deporte. La imagen más que jugar o entender. La nueva escuela entendió mejor que la vieja escuela que hoy lo importante está fuera de la cancha. Hoy tú puedes ser un deportista famoso sin haber siquiera jugado.

Hasta el momento, una de las grandes figuras que va a tener este Mundial se llama Tim Payne, un jugador de Nueva Zelanda que hasta hace una semana no lo conocía nadie, que tenía cuatro mil seguidores. Hoy tiene más de cinco millones de seguidores, más que toda la población de Nueva Zelanda. Tiene contratos publicitarios. ESPN en Sudamérica está transmitiendo sus partidos porque está él, solamente porque es un fenómeno de redes sociales.

No importa la pelota, no importa el balón. El fútbol murió. Eso es lo que hay que tratar de entender de una vez por todas. Tanto dijimos que estaban matando al fútbol por las barras bravas, por los malos arbitrajes, por la sociedad anónima, por el VAR, por distintas razones, hasta que un día despertamos y el fútbol estaba muerto. Y eso es lo que pasa ahora.

Meneses, quien es Knight Fellow de la Universidad de Stanford y autor de los libros La Vida de una Vaca y Un Dios Portátil, afirma que el postfútbol es muy parecido a un reality show, donde importa ser más atractivo o llamar la atención. Y pone como ejemplo el caso del jugador chileno Arturo Vidal, “que con un peinado mohicano ha hecho toda una carrera y ha destacado. Obviamente tiene condiciones deportivas, pero sobre todo tiene condiciones para convertirse en un gran personaje, como se dice ahora, en alguien que genere contenido. Necesitamos un futbolista. La industria, este circo en el que estamos ahora, necesita gente que genere contenido.

“Y acá me quiero detener un segundo, porque mi pedigrí, mi linaje, es el fútbol. Yo soy un latinoamericano que no sabe cuándo fue la primera vez que fue a una cancha de fútbol, porque lo llevaron cuando era muy bebé. El fútbol me atraviesa cada centímetro de mi ser. No estoy hablando de que el fútbol murió como alguien a quien nunca le interesó el fútbol.

TQ: No es como un filósofo que desprecie el fútbol.

JPM: Claro. Porque eso sería mucho más fácil, decir que el fútbol son 22 tipos locos siguiendo una pelota. No. Es algo que me atraviesa y que me gusta. Pero claramente lo que estamos viendo ahora es otro deporte.

Cinco pantallas, un partido

Y los jóvenes lo han entendido mejor, se han adaptado mejor o quizá este deporte está hecho mejor para ellos. Te pongo un ejemplo. El otro día conocí la historia de un chico, y esto se repite mucho, que veía cada partido de su equipo, primero que nada, solo. Ya no es la tribu frente al televisor como si fuera el fuego. Solo, con cinco pantallas. En una pantalla está el partido. En otra pantalla están los comentarios, que veía en paralelo. En otra, la apuesta que había hecho. En otra, las variaciones bursátiles, porque había comprado un porcentaje de derecho de formación de algunos jugadores.

Hoy día nosotros podemos comprar derechos formativos de jugadores y, si a ese jugador le va bien, podemos ir ganando dinero como en una bolsa de comercio. Los jugadores como parte de un token.

Entonces, ahí van cuatro pantallas. Y la quinta, la más insólita, era una pantalla que lo estaba grabando a él, por si él cometía algo o tenía una reacción muy extraña, para poder subirla a redes y, de repente, convertirse en viral. Ese es uno de los grandes goles de este nuevo deporte. Ese gol que buscan algunos periodistas deportivos, algunos entrenadores, muchos jugadores y muchos hinchas que ahora son usuarios: poder convertirse en viral.

Vivimos en la sociedad del VAR

TQ: Entonces, cambió la sociedad evidentemente con la llegada de internet y los dispositivos móviles.

JPM: No sólo con internet. Te diría que, por ejemplo, el tema del VAR y esta cosa de una cámara midiéndote al milímetro no es otra cosa que un espejo de una sociedad en la cual estamos rodeados de VAR, rodeados de cámaras de vigilancia.

Nosotros vamos a cualquier parte y nos registran muchas cámaras sin darnos cuenta, sin saber. Es más, hay zonas o barrios periféricos que exigen tener más cámaras de vigilancia, como si eso fuera sinónimo de justicia. Y el fútbol imitó eso, como si hay más cámaras hay más justicia. Y no es así, o por lo menos sería bueno reflexionar sobre eso. Vivimos en una sociedad del VAR.

TQ: Sí, con muchas cámaras que luego, cuando se necesitan en un crimen, casualmente en Querétaro, en México, no funcionan para solucionar los crímenes.

JPM: Imagínate. Además, funcionan cuando quieren.

TQ: Sí, para otras cosas, para delitos menores, sí funcionan, pero para delitos mayores esa cámara está fallando, dicen las autoridades.

JPM: Bueno, en el fútbol pasa igual. De repente dicen que cuando hay partidos de determinadas selecciones, justo no llaman al VAR.

El cronista, quien también ha incursionado en la literatura, reconoce que el fútbol como negocio siempre ha existido, antes las academias de este deporte buscaban formar nuevos jugadores para venderlos. O bien, otra parte del negocio era recibir dinero de la televisión por transmitir los partidos.

“Hoy todos los ingresos son de fuera del deporte. Ese es el gran cambio. Por eso te digo que es postfútbol. Por ejemplo, el tema de los estadios. Los equipos ganan dinero por cambiarle el nombre a los estadios. Ganan mucho dinero. De repente compran un delantero porque Ricky Martin llenó cinco veces el estadio, porque al final los estadios son máquinas de recolectar dinero todo el tiempo en que no se juega fútbol. O por la venta de camisetas. Antes había dos camisetas: titular y reserva”.

TQ: ahora, cuatro, cinco

JPM: Sí, o más. Yo diría más. Hay algunas que son para un solo partido. Entonces, la industria cambia cuando empieza a financiarse con elementos exógenos. Sin hablar, obviamente, del gran tema, el elefante en la mitad de la aduana, que son las apuestas. Todo es apuesta. Toda gira en torno a las apuestas.

Para Juan Pablo Meneses, uno de los principales cambios es que el aficionado, el hincha, el forofo, se transformó en usuario. “Hoy los que van a ver los partidos de fútbol muchas veces ni siquiera saben quiénes son los jugadores ni qué es lo que hay ahí. Ellos van a hacer su propio espectáculo. Llevan su teléfono, graban, editan, suben. Van a trabajar con la ilusión de que de repente pueden alcanzar a grabar un momento que los haga virales. Volviendo al tema anterior”. Por ello, insiste que, si no entendemos lo que es el postfútbol, no vamos a entender este Mundial”.

Se lamenta que en Latinoamérica se hayan perdido dos cosas que nos llenaban de orgullo: 1) tener jugadores distintos y 2) que el fútbol no iba a entrar a EUA. “Nosotros decíamos que ellos no jugaban fútbol porque eran partidos más largos, porque ahí era el reino de la publicidad. En el imperio de la publicidad, un partido de 90 minutos con sólo 15 minutos para pasar publicidad era un desastre financiero para ellos. Pero eso nos ponía orgullosos”.

Y advierte que eso cambió definitivamente en este Mundial. “Ya no es un deporte popular, porque nadie puede ir a ver los partidos. Y Estados Unidos logró partir por la mitad cada tiempo, descuartizar los partidos de fútbol. Vamos a tener cuatro tiempos con esta pausa de hidratación y con un entretiempo mucho más largo. Entonces, perdimos los dos últimos orgullos que teníamos en Latinoamérica: tener un deporte muy popular y no dejar que Estados Unidos hiciera sus reglas.”

Ya no hay espacio para un Cuauhtémoc Blanco

TQ: Entonces, ¿qué esperamos para este Mundial? ¿Qué papel juega América del Norte en este nuevo postfútbol?

JPM: Mira, yo creo que este es el Mundial determinante. Es el Mundial donde queda claro que estamos en una nueva era y donde todo cambia. Por decirte un ejemplo mínimo, que se suma a todos los otros ejemplos: ahora la pelota con la que se juega es un balón que se enchufa.

TQ: Sí, tiene chip y varios chips.

JPM: Claro. Tiene un dispositivo adentro. En el Mundial de Qatar, que yo digo que es el gran ensayo general del postfútbol, se probó, pero ahora está mucho más perfeccionado.

Es una pelota que piensa, que tiene un cerebro adentro, porque alrededor del estadio están las antenas donde esa pelota va transmitiendo. Los golpes, cada golpe, cada velocidad del golpe, cada potencia del golpe.

¿Y por qué necesitamos eso? ¿Por qué necesitamos saber cuántos golpes hubo y con qué potencia? Porque estamos en la dictadura de los datos. Puede ser porque el usuario necesita que le estén dando información. Puede ser, pero claro, también está el tema de las apuestas.

En promedio hay entre dos mil y tres mil golpes al balón por partido. Entonces, todo eso se puede apostar.

Obviamente, el sentimiento del futbolista amateur de Querétaro, que se levanta todos los domingos en la mañana, se pone sus zapatos de fútbol y su camiseta con un número atrás, su pantalón corto, se junta con diez tipos más que son su equipo y salen a ganar en la mañana, ellos están jugando otro deporte distinto a este que nosotros vemos. Ahí es donde yo marco la diferencia.

TQ: Entonces, ¿vas a disfrutar este Mundial o cómo lo vas a ver?

JPM: Sí, lo voy a ver. No sé si “disfrutar” sea la palabra. Lo voy a ver. Sé que va a ser muy atractivo en términos de que habrá mucho estímulo.

Creo que en la primera ronda habrá muchos goles, muchos partidos con mucha diferencia, que es lo que se está buscando prácticamente. El fútbol está tratando de imitar a la Kings League de Ibai Llanos. Habrá partidos con resultados muy grandes, pero los grandes estímulos, la gran información y todo lo que se va a comentar va a estar fuera de la cancha.

Dentro de la cancha todos los equipos juegan cada vez más parecido. Todo está basado en métricas, todo está basado en datos. Todos los jugadores obedecen a eso. Ya no hay espacio para lo distinto. No hay espacio para un Cuauhtémoc Blanco.

Todos juegan siguiendo métricas, como si se estuviera preparando el escenario para que, en un futuro no muy lejano, los mismos jugadores sean reemplazados por robots.

Víctor López Jaramillo

Soy Víctor López Jaramillo, periodista y director de Tribuna de Querétaro. Nacido en San Juan del Río, mi carrera ha estado marcada por un compromiso constante con el análisis crítico de la política y la sociedad. Además de mi pasión por el periodismo, encuentro inspiración en la música, la literatura, la cultura en general, sin olvidar el futbol y NFL. A través de mi trabajo, busco conectar el pensamiento creativo con el rigor informativo, contribuyendo al diálogo social y la reflexión pública.

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