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El negocio de la belleza: testimonio de dos edecanes

Por Víctor Pernalete

Es muy común que mientras que los estudiantes reserven parte de su tiempo para trabajar en algo que les dé suficientes recursos para procurarse los gustos deseados, las mujeres, sobre todo, tienen una alternativa bastante accesible: ser edecán.

Esto te permite trabajar sin horarios establecidos, cuando el tiempo personal lo permita y ganar dinero. Cada vez son más las chicas que empiezan a entrar en este negocio.

Tal es el caso de Ana y María, dos jóvenes que han optado por dedicarse al negocio para tener recursos económicos mientras estudian.

Ellas reflexionaron sobre dedicarse a ser edecanes, donde el cuerpo tiene un papel fundamental. Ana y María son nombres ficticios, ya que ellas prefirieron que no fueran utilizados sus nombres reales para no tener problemas con sus agencias.

Ana es la más joven. Estudia Diseño Gráfico y cuenta con 21 años de edad. Es nueva en el negocio. Una amiga la inició y actualmente encuentra tiempo entre sus actividades académicas para hacer algo de dinero.

Ella explica que ser edecán no es un oficio fijo. Bien puedes trabajar en la organización de un evento o ser, simplemente, un adorno.

María acaba de terminar la carrera en Administración Turística y tiene experiencia: cuatro años trabajando como edecán. Llega a las mismas conclusiones que Ana: a veces se es útil, otras veces sólo una imagen.

Ellas representan la estética, la belleza y la pulcritud. Impecablemente vestidas y maquilladas, su trabajo consiste en estar parada, tener contacto con la gente y sonreír, siempre sonreír.

Hay eventos para todo. Y cada quien elige lo que quiere hacer. Por el poco tiempo que tiene haciendo en esto, Ana sólo ha trabajado en restaurantes, ayudando a tener todo listo, o acomodar personas en sus asientos en eventos. Siempre bella y radiante.

María conoce más, sin embargo, ella no hace cualquier evento. Su figura paterna ha resultado determinante para que no entre a hacer cierto tipo de eventos, y ella está de acuerdo.

“No le gusta a mi papá. Hay eventos que me da chance y está de acuerdo. Hay eventos muy padres donde va mucha gente y te relacionas, a mí me encanta hacer torneos de golf, conferencias, ruedas de prensa, y además mi papá no tiene problemas con eso.

“Existen ciertos eventos que no me deja trabajar, en los partidos de futbol el uniforme es muy chico o en los antros, se trata de promocionar alcohol. A mí no me gusta tampoco”.

A ambas chicas se les pregunta si están realizadas con su trabajo. Hay un sobresalto. La reacción da la respuesta.

“No realizada, ya que no me gustaría hacerlo para siempre, simplemente es un trabajo donde no hay horarios específicos y la paga es buena cuando hay eventos, así que puedo acomodarlo perfectamente con otras actividades, como la Universidad”, comenta Ana.

“No me siento realizada. Lo hice mientras terminaba mi carrera, ahora que ya estoy licenciada estoy buscando algo de mi carrera. Este trabajo ya no me sirve”, refuta María.

Existe diversidad de categorías y tarifas

El cuerpo es sin duda importante. Ser edecán es estar en sintonía con el paradigma occidental. La estética femenina a su máximo esplendor. Aunque Ana asegura que ya no es tan importante.

“No mucho, ya que no exigen que seas talla cero, ni que tengas ciertas medidas específicas, simplemente te invitan a que cuides tu alimentación y hagas ejercicio de vez en cuando, y obviamente estar presentable en todo momento”.

María sabe más. El cuerpo vaya que es importante. Y es que dependiendo del cuerpo, las edecanes tienen tarifa. Esta tarifa no es explícita, pero clientes y proveedores de servicio lo saben. Y las chicas sólo hacen el trabajo.

“El cuerpo depende del tipo de evento y la paga. En esto de las edecanes hay para todo tipo, también hay promotoras, que es aparte. Existen tres tipos: A, doble A y triple A, que es la que más se le paga. Es la más sofisticada, estética; sólo acepta cierto tipo de eventos. Si eres una chica chaparrita, tal vez un poco gordita, sí va a haber trabajo para ti, pero no te van a mandar a los mismos eventos que una triple A y tampoco te van a pagar lo mismo.

“No me parece justo, a mí me ha tocado estar en eventos, donde hago el mismo trabajo que otra chava, pero a ella le pagan menos. Y es por abajo del agua, en la agencia te dicen que te van a pagar más, pero que no digas nada.

“Yo pregunto por qué tienen que hacer diferencia si estamos haciendo el mismo trabajo, no me parece justo que por el físico alguien pueda ganar más dinero”, asegura María.

Es parte del negocio. Aun así lo tienen claro. Su cuerpo es de ellas. Está saludable y verse bien es un regalo que ellas mismas se dan; finalmente, están aquí por el momento.

“Si voy a cambiar algo de mí, si siento que estoy pasada de aquí o acá y tengo que hacer ejercicio, es para sentirme bien yo. No porque me lo requiera el trabajo”, comenta María.

“Procuro hacer ejercicio mínimo tres veces a la semana, no comer muchas grasas, cuidar mi piel, mi cabello, pero realmente no son cosas que haga sólo por mi trabajo, sino simplemente porque me agrada cuidarme”, agrega Ana.

En una vida donde todo tiene un costo, tener dinero es importante. Ana y María son parte de este mundo, y lo requieren también.

Ser edecán les ofrece la posibilidad de responder a las necesidades económicas, mientras desarrollan sus sueños como profesionales. Sólo tienen que ser bellas y sonreír, siempre sonreír.

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