El nivel de las carreras de la UAQ, similar al de las universidades canadienses

En Vancouver encontraron gente servicial, buen transporte y menos burocracia que en México; pero también hallaron un alto índice de migración y una huelga de transportistas que descompuso a la ciudad; pero, sobre todo, mucha ignorancia respecto a nuestro país: algunos estaban bien enterados de la situación en Chiapas y la mayoría no sabía nada. Allá, dicen, los maestros son más respetuosos y existen alumnos que preguntan si México está en América o cerca de España. Gabriel Villalobos Cid, Guillermo Negrete Delgado y Marco González Basurto aprovecharon el programa que la UAQ tiene con la Universidad de Ottawa y se fueron a Canadá a estudiar sus cursos de titulación como contadores públicos durante el segundo semestre de 1996. Antes de irse ya sabían inglés y habían buscado apoyos para poder pagar el hospedaje, la diversión y la comida. En su momento, fueron los únicos solicitantes de intercambio…
Según Gabriel, son muchas las diferencias entre ambos países: los modos de vida, la comodidad de los salones y la calidad de los maestros —todos allá tienen por lo menos una maestría— “Todas las aulas tienen su proyector, existe una computadora por cada tres alumnos en la universidad y es raro ver que después de cumplir los 18 años algún estudiante canadiense viva todavía con sus padres”, profiere Guillermo.
De acuerdo con los contadores entrevistados, en Canadá habitan 35 millones de personas — apenas el doble de los habitantes del distrito federal—. Su población está conformada por un 70 por ciento de inmigrantes y un 30 por ciento de canadienses y, al menos en Vancouver, el mandarín es la lengua más hablada en los hogares debido a la alta concentración de chinos.
La gente canadiense es más servicial y menos racista; un botón de muestra son los choferes de camiones que atienden gentilmente a las personas que abordan. Además, los canadienses son más abiertos a otras culturas, explica Guillermo; y agrega: “en la Universidad de Ottawa conviven gente de todos lados del mundo. Los árabes, por ejemplo, visten las mismas ropas por veinte días y no son señalados por nadie».
Los tres egresados están convencidos de que su experiencia en el extranjero es un gran aliciente para encontrar empleo. “Venimos a México con muchas ganas de trabajar. Creo que estar en Canadá contribuyó mucho para que me dieran el trabajo que tengo actualmente”, considera Gabriel. Por otra parte, Mario comenta que el dinero no debe ser un impedimento, pues existen diversos medios para conseguirlo; desde las becas-crédito, que uno paga con trabajo, hasta un posible subsidio de la iniciativa privada. Para reafirmar esta última idea, Guillermo pregunta en voz alta: “¿Tú crees que a la Coca-Cola no le interesaría subsidiar a los alumnos excelentes y luego llevárselos a trabajar?”.
Después de haber estado seis meses en un país de primer mundo, Gabriel, Guillermo y Marco tienen algunas sugerencias para mejorar nuestra Universidad. Entre ellas se encuentra la de reglamentar al maestro o hacerlo que cumpla las normas existentes; pues, desde la perspectiva de los entrevistados, los profesores incurren constantemente en prepotencia y no hay nadie que los sancione por llegar tarde o por faltar a clases durante una semana. Guillermo finaliza la entrevista con la siguiente comparación: allá te tramitan cualquier documento rápido o te dicen si no pueden ayudarte. No es lo mismo que ir a Servicios Académicos y tardarte las horas sin que te resuelvan nada. Sin embargo, en otro orden de ideas, creo que ambas universidades cuentan con un nivel simular en sus carreras.


