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El Plátano, comunidad en indigencia

A pesar de estar en una zona de riqueza natural, es una de las comunidades más pobres en el municipio de Pinal de Amoles y con el índice más bajo de católicos en la zona

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Con 24 de sus 68 habitantes que superan los 65 años y, con ello, el límite de edad productiva, El Plátano es una de las comunidades más golpeadas por la pobreza en el municipio de Pinal de Amoles.

Ubicada en la región de Bucareli, en la zona colindante con el municipio de San Joaquín, ésta comunidad aún tiene la mitad de sus viviendas sin infraestructura básica como drenaje o agua potable. Muchas de estas casas se encuentran deshabitadas debido a la emigración hacia Estados Unidos y otras partes de la República.

 

 

También se ven pocos hombres. Hay un 20 por ciento más de personas del sexo femenino que del sexo masculino y sin embargo la economía sigue en manos de los varones pues apenas el 14% de las mujeres trabaja en alguna actividad que genere riqueza monetaria.

Sus habitantes tienen pequeñas parcelas donde siembran lo necesario para sobrevivir en un esquema de riguroso autoconsumo. Entre las casas de adobe y ladrillo se ven algunas milpas pequeñas. Fuera de eso no hay otras actividades.

A pesar de estar en una zona de riqueza natural y de contar con ruinas de lo que fuera la última de las misiones franciscanas en la Sierra Gorda, la región de Bucareli es poco explorada por el turismo. Apenas llegan pequeños grupos de motociclistas para explorar el suelo serrano.

Existen pobladores a quienes no les hace gracia este tipo de turismo. Es el caso de Fidelina Zarazúa, habitante de la comunidad de Puerto de Derramadero. La mujer señaló que los motociclistas hacen mucho ruido y son muy sucios. “No respetan y dejan la calle toda sucia”.

La señora Zarazúa manifestó que los habitantes están abiertos al turismo siempre y cuando se haga “con respeto” y no implique situaciones como la de los motociclistas que hacen ruido y dejan las calles llenas de basura.

Por otra parte, insistió en que la vida en Derramadero está llena de carencias. “No comemos carne porque no hay pa´ comprar”, expresó. También recordó que aunque vive cerca del convento de Bucareli, no lo conoce porque ha ido muy poco hacia ese rumbo.

“El servicio médico está pésimo”

 

Don José Olvera, quien se dedica a sembrar una parcela para autoconsumo en la comunidad de El Plátano, aseguró que las económicas no son las únicas limitaciones en esta región serrana. La falta de médicos es una constante a la que deben enfrentarse los pobladores cada que atraviesan una enfermedad, denunció.

“El médico viene de Bucareli cada 15 días, pero no más. Acá no tenemos médico fijo ni curandero ni nada. Si alguien se enferma pues hace su té de hierbitas, tés o pomadas, ahí lo que haya al alcance, casi puros tés, de plantas.

“Ya si es algo más grave a veces se va a Pinal de Amoles. Incluso ahorita, por ejemplo, allá en Bucareli no hay medicinas. El servicio está pésimo”.

Don José, quien vive con su esposa y tres hijos pequeños en una casa con techo de lámina que tiene goteras, relató que la comunidad donde vive se ha ido despoblando poco a poco.

“Han bajado mucho los cultivos, incluso aquí hubo una desventaja porque bajó la producción, aparte la migración ha afectado mucho, por el cambio de vida que se ha dado en el extranjero. Siempre hay camiones que sacan la gente para Querétaro (capital), para allá”.

“Por la gente que regresa de allá (Estados Unidos) acá hay mucho problema de vandalismo, falta de empleo y si hay, mal pagado. Existen muchas cosas que se pueden reflejar en la comunidad.

“Hay que competir para trabajar. Hay personas aquí ya grandes que sí tienen su parcela pero ya no hay quien trabaje, todos están en Estados Unidos y se inmovilizan allá también, ya no pueden volver. La mayoría de los que migran van pa´l extranjero o aquí al estado, la capital, pero la mayoría van hasta el extranjero… Ya la familia no la ves hasta que les mandan algo”.

El Plátano es una de las comunidades con menos identidad dentro de la región. No cuenta con fiestas patronales, apenas se lanzó la del 12 de diciembre que no ha mostrado arraigo debido a que la localidad también tiene el índice más bajo de católicos en la zona.

De los 68 habitantes, una cuarta parte se declara evangélica, lo que coloca a la comunidad en el mismo porcentaje que estados como Chiapas o Tabasco. Esto se refleja en divisiones y baja colaboración con la festividad patronal para celebrar a la Virgen de Guadalupe.

Sobre la comunidad se ven las ruinas de lo que fue un kínder que cerró por falta de alumnos. No obstante, el ocho por ciento de los jóvenes en la región no asiste a ningún tipo de escuela porque deben trabajar para salir adelante.

A Don José no le preocupa la presencia de turistas en los campamentos ecológicos colocados junto a la comunidad. Él prefiere seguir con el trabajo en su parcela para sacar adelante a su familia mientras ve cómo su pueblo desaparece poco a poco.

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