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El semáforo como forma de vida

Luis, de 21 años, se gana la vida haciendo malabares con ‘el diábolo’

Por: Juan Rojas

Avenida Universidad esquina Tecnológico… semáforo en rojo. Luis realiza sus malabares en diferentes semáforos de la ciudad desde hace cuatro años. Practica “El Diábolo”: dos objetos con forma de reloj de arena que se deslizan sobre un cordón de cortina que, en cada extremo, está sujetado por dos baquetas.

Los autos están detenidos por el semáforo, mientras, la gente observa a Luis: un chico moreno de veintiún años de edad, delgado, con playera gris, pantalón de mezclilla y tenis blancos. Tiene cabello corto  y lleva puesta una nariz de payaso. Luz verde, avanzan los coches.

Semáforo en alto #2: Situación económica

Luis: “Si trabajo todo el día, me llevo más o menos al alrededor de cuatrocientos varos, pero aparte tengo otra chamba, soy pintor; y en mi trabajo de pintor hago muchas cosas, remodelo, hago murales, resano paredes. Aunque a veces me vengo a trabajar acá todo el día, depende de cuánto dinero necesite, porque yo ya no estudio, pero tengo un sueño. Me gustaría estudiar negocios para poner una escuela de malabares, algo que no hay aquí en Querétaro. Aparte, sueño con ser el mejor malabarista de México”. Luz verde, avanzan los coches.

Semáforo en alto #3: La libertad vs la autoridad

Sobre “el paso de cebra”, Luis extiende el cordón de cortina, con un rostro iluminado por el sol que quema el asfalto, “el diábolo” vuela alto… libre. Frente a él, justo frente a él, un policía en motocicleta lo mira con actitud amenazante.

Su rostro seco, frío, inexpresivo, anuncia su personalidad cauta e intimidante, retadora… Parece que no respira, armado hasta los dientes, y la zona se convierte en una sola escena, en una esfera de claroscuros: De un lado la habilidad y la libertad artística; del otro, la represiva capacidad de amenazar sólo con una mirada.

Semáforo en alto #4: El charco

Luis termina su acto y se abalanza sobre los autos para pedir una moneda. Tiene que ser rápido porque el rojo no durará mucho. Después de haber sido ignorado y sin éxito para recibir dinero, el semáforo se pone en ‘siga’ y él tiene que correr hacia la banqueta. Da un brinco para evitar un enorme charco; y de pronto suena un claxon. Una mujer, desde una camioneta, arroja un par de monedas ante la presión del tránsito que abruma la calle…

Luis intenta atrapar las monedas. Alcanza una, pero la que parecía ser de diez pesos se cayó al enorme charco.

Semáforo en alto #5: Los niños

“Dale dinero, papá, dale” dicen los niños cada de que ven al hombre con nariz de payaso hacer volar “el diábolo”. Luis: “Los niños hacen magia, tienen esa inocencia y ese carisma de no juzgar a nadie por su aspecto. A ellos lo único que les interesa es sonreír; y la verdad, sí hago esto por amor al arte. Cuando alguien me dice ‘Qué bueno eres haciendo eso’ no sabes, me hacen el día. Y los niños siempre lo ven así.”

Semáforo en alto #6: Los suspiros

Y de pronto, mientras Luis hace su trabajo, una mujer joven, guapa, nariz respingada, ojos grandes, piel blanca pero bronceada, cabello ondulado y largo, entallada, delgada, con un bolso e intimidante porte, hermosa, se detiene en la esquina para ver el show. Pese a que ella mira el espectáculo del malabarista, por primera vez nadie desde los autos presta atención a Luis. Todas las miradas y los suspiros los ha acaparado ella.

La mujer, con su fina mirada, hace una leve mueca de asombro ante los movimientos del joven artista, una expresión sutil para no perder el porte.

Luis termina su acto e inmediatamente se coloca cerca de donde está ella, prácticamente a un metro y dice con voz medianamente alta y viéndola a los ojos.

“Una de las cosas padres que tiene el estar trabajando en este semáforo es que pasan mujeres muy, pero muy bonitas”. Sonríe como halagada y se va.

Semáforo en alto #7: La denuncia

Luis: “Hay cosas que no me gustan de estar en los semáforos, por ejemplo, aquella señora, ¿la ves? La que está vestida de negro. Ella tiene cuatro hijos y se los trae aquí a pedir dinero, en pleno solazo, los va alternando; un alto, un niño; otro alto, otro niño y así sucesivamente. Los empuja, les grita y hasta les pega. ¡Mira! ¿Sí ves?”.

En el semáforo que está sobre Universidad en dirección hacia el Centro Histórico, a la altura de tecnológico, justo a las afueras del DIF, una señora exige a sus hijos (presumiblemente) no mayores de diez años, pedir dinero. Va tras ellos entre los coches, cuando alguien no les da, se mueve a otro a auto empujando al niño. Los pequeños se cambian de ropa continuamente a trajecitos coloridos y las niñas a falditas de princesa. Mientras esto sucede, pasa una patrulla y otra… y otra. Y los menores son explotados en manos de esta señora. Todo sucede a las afueras de instalaciones del DIF, sobre Universidad.

Semáforo en alto #8: El Diábolo y su energía.

Su origen se dio en China, el nombre se lo debe a una bebida francesa y su furia estremecida y alocada, rebelde sentido de la gravedad y prosaico movimiento estético encuentra su paronimia en el diablo. Se ejecuta de diferentes maneras y su aceleración tiene una estrecha distancia entre el perder el control o ganar un malabar; y son clásicas, chinas, circulares o laterales.

Luis: “A mí me gusta mucho este malabar porque es más complicado en cuanto al control y el equilibrio de otros. Observa mis trucos, yo puedo hacer un lanzamiento hacia abajo o un ascensor y lo más probable es que el diábolo salga hecho la chingada. Sin embargo, yo tengo el control, a mí me seduce esa idea de manipular un cúmulo de energía en mis manos, en mis movimientos, en mis maniobras. Me da estabilidad, me da equilibrio.”

Semáforos siguientes…

Gente estresada, sudor, fuego, vendedores ambulantes, bolsos, líneas, drogadictos, explotadores, abusadores, atropellos, policías, arlequines, vagabundos, vagamundos, estudiantes, concheros, artistas, prostitutas, ancianos, mujeres, hombres, agua, lluvia, caos, contaminación, negligencia, manifestaciones,  calor, frío, pobreza, desigualdad…

Y en el cielo un diablo que vuela libre y campante.

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