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El trabajo decente y los sindicatos como oportunidad de protección ante la discriminación laboral hacia la comunidad LGBT+

El trabajo es una de las dimensiones fundamentales del ser humano para vivir de forma integral consigo mismo y con su contexto. Ya que todas las formas de trabajar son distintas, todas deben buscar algo en común: consolidarse como trabajos decentes.

Un trabajo decente representa la manifestación integral de Derechos Humanos y su expresión en el ámbito laboral. Para Nizami y Prasad (2017), el trabajo decente tiene que atravesar 6 dimensiones: la existencia de oportunidades laborales (que cualquier persona pueda acceder al trabajo), que sea realizado bajo completa libertad (que no sea forzado o realizado bajo engaños), que sea productivo (que permita el desarrollo de los trabajadores y de sus empresas), que sea realizado en condiciones de equidad (sin discriminación y con un balance entre vida familiar y laboral), que brinde seguridad (salud, financiera, social), y que goce de dignidad (que los trabajadores sean tratados con respeto, y que puedan participar en la toma de decisiones con respecto a sus condiciones laborales).

Si encontrar un trabajo es una tarea ardua -hacia enero de 2024, la cifra de población no económicamente activa fue de 40.8 millones de personas (INEGI, 2024)-, se complica encontrar un trabajo que pueda ser decente. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (2019), el desempleo se tiene que solventar para eliminar la pobreza a nivel mundial, pero “es necesario no solo aumentar el número de empleos, sino también mejorar la calidad del trabajo en la región” (p. 1): ausencia de contratos entre el jefe y el trabajador, así como beneficios de ley; la precarización del salario y de las horas invertidas; el desequilibrio de las esferas familiar, social y laboral; son elementos que vulneran el desarrollo integral de los trabajadores y sus grupos afectivos. Y también existe la discriminación laboral.

Según la Organización Internacional del Trabajo (2015), “muchos trabajadores y trabajadoras LGBT+ siguen enfrentando situaciones de discriminación, e incluso acoso en el trabajo; lo que lleva a que muchas personas oculten su orientación sexual o se encaminen a sectores con un entorno laboral más tolerante” (p. 4). Según la Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral (2018), existen áreas donde la comunidad LGBT+ es vulnerada laboralmente: el tiempo promedio en que una persona LGBT+ encuentra un empleo es de aproximadamente 10 meses, y las personas que encuentran trabajo en el sector privado suelen invertir 2.5 horas a la semana más sobre lo estipulado por la Ley Federal del Trabajo.

En México, personas integrantes de la comunidad LGBT+ “sufren la negativa de un empleo, violencia en los centros de trabajo y un trato desigual con beneficios como prestaciones laborales y ascensos” (Hernández, 2023, párrafo 1). De la población LGBT+ económicamente activa, 28.1 % afirma haber experimentado rechazo social en su espacio laboral, manifestado en un trato desigual a su acceso a prestaciones laborales, o incluso a comentarios ofensivos (INEGI, 28 de julio de 2022). El Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (PODER) afirma que dentro de los espacios laborales, las mujeres trans reportan mayores situaciones de violencia (36.9 %), seguidas por los hombres trans (18.3 %) y mujeres cisgénero (16.1%) (Balderas y Silva, 2024).

Existen diversas propuestas para solventar estas situaciones. Human Rights Campaign Foundation (2021) publica un Manual de Inclusión de Personas Trans en los Espacios Laborales, cuyo objetivo es servir como referencia para las empresas en México “que requieran un punto de partida en cuanto a procedimientos y trabajo administrativo, así como referencias legales, para atender los casos de transición de género social y legal de sus colaboradores y colaboradoras trans” (p. 5). Esta publicación conjuga los esfuerzos de quienes trabajan y sus respectivas empresas para solventar actos de discriminación o segregación en sus espacios. Hay una propuesta que históricamente ha favorecido la protección de los trabajadores: el sindicato.

Según el Consejo Sindical Unitario de América Central y Caribe (2011), un sindicato “es la organización que crean los trabajadores y trabajadoras para la defensa y promoción de sus derechos e intereses legítimos” (p. 1). Esta unión promueve la independencia laboral en la acción individual, así como la búsqueda de condiciones adecuadas para el acceso a trabajos decentes. La Ley Federal del Trabajo (2024) lo define como “la asociación de trabajadores o patrones, constituida para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses” (Artículo 356). Estas organizaciones gozan de la autonomía y potestad para trabajar por el cumplimiento de derechos laborales, así como la protección ante actos discriminatorios o de segregación en contra de sus miembros.

En Latinoamérica, los sindicatos trabajan para evitar la discriminación en sus espacios laborales. En Brasil, la Central Única de Trabajadores (CUT), “el mayor sindicato de América Latina y el quinto más grande del mundo. Representa a unos 7,8 millones de brasileños en un universo total de 24 millones de trabajadores” (Krein y Dias, 2016, p. 1), busca la paridad de género en el trabajo pues la considera “una nueva forma de fortalecer la democracia en nuestra central nacional, una forma de exigir mejores dirigentes y cambios democráticos” (Gausi, 14 de noviembre de 2018, p. 3). En Colombia, la Central Unitaria de Trabajadores reúne el 65 % de los trabajadores sindicalizados (Vidal, 2012), quien reproduce las acciones de campañas internacionales de inclusión laboral de la Confederación Sindical Internacional, cuyos objetivos “son conseguir un 30% de mujeres en las estructuras de toma de decisiones e incrementar en un 5% las mujeres afiliadas para el congreso” (ACTRAV, 2018, p. 70).

Si existen actos que discriminan y segregan en los espacios laborales, esto se encrudece si tales son dirigidas hacia personas participantes de la comunidad LGBT+, quienes son continua y estructuralmente lacerados por los vacíos legales que tienen que atravesar para hacer valer sus derechos laborales. Son los mismos trabajadores quienes tienen la potencialidad para buscar la defensa plena de sus derechos laborales y evitar la reproducción de ciclos de violencia laboral: una propuesta es su adhesión o formación de organizaciones como los sindicatos que puedan crear trabajos decentes y que procuren el desarrollo integral de todos los trabajadores.

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