El Tren México–Querétaro: contexto y posibles efectos en la situación actual

El Gobierno de México ha iniciado formalmente los estudios técnicos para la Fase I del Tren de Pasajeros Ciudad de México–Querétaro, un proyecto estratégico que busca reconectar ambas entidades mediante un servicio ferroviario moderno, seguro y sostenible. La Dirección General de Desarrollo Ferroviario y Multimodal, dependiente de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SCT), publicó en diciembre de 2024 los Términos de Referencia para la contratación de servicios especializados que deberán caracterizar la demanda, el impacto social, el impacto urbano, las condiciones legales y la factibilidad financiera del proyecto. Esta iniciativa se enmarca en el decreto presidencial del 20 de noviembre de 2023, que declara al ferrocarril de pasajeros como área prioritaria para el desarrollo nacional y forma parte de los compromisos de la actual administración para ampliar la infraestructura ferroviaria en el país.
Los términos de referencia del proyecto exigen evaluar a fondo el impacto ambiental y social, considerando comunidades locales e indígenas. En Querétaro, el secretario de Desarrollo Sustentable informó que ya emitió observaciones al estudio de impacto regional del paradero proyectado en el Parque Alcanfores (El Marqués). Subrayó la importancia de medir el flujo vehicular y peatonal, así como la masa vegetal existente, pues estos factores influyen en la calidad del aire. Por otro lado, las futuras estaciones han sido diseñadas para facilitar transbordos con autobuses, automóviles y bicicletas. Por ejemplo, en Querétaro la terminal final (“La Corregidora”) incluirá zonas de ascenso/descenso y conexión con el QroBús. Sin embargo, especialistas insisten en que estos planes de integración —y los estudios ambientales completos— deben publicarse y revisarse detalladamente para garantizar que el tren beneficie al entorno urbano y no genere cuellos de botella ni daños ecológicos.
El proyecto, que fue originalmente impulsado durante el gobierno de Enrique Peña Nieto y cancelado en 2015 tras controversias por opacidad en su licitación, ha sido retomado con fuerza por la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. En abril de 2025, Sheinbaum y el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, realizaron el banderazo de inicio de obras, anunciando una inversión estimada en 144,000 millones de pesos y una meta de inauguración para 2027. Se prevé que el tren reduzca el tiempo de viaje de 5-6 horas a aproximadamente 2 horas, con una capacidad de 450 pasajeros por unidad y un trazo de 226 km que incluirá estaciones en la CDMX, Huehuetoca, Tula de Allende, San Juan del Río y Querétaro.
Sin embargo, el proyecto no está exento de críticas y advertencias. Estudios académicos previos, como la tesis de Saucedo López (2015), señalan que, si bien la construcción generaría miles de empleos –estimados en 20,000 directos y 41,000 indirectos en su versión original–, estos serían mayoritariamente temporales y podrían dar lugar a un incremento del desempleo local una vez concluidas las obras. Asimismo, se ha alertado sobre el «efecto túnel», mediante el cual ciudades intermedias como San Juan del Río podrían no absorber plenamente los beneficios económicos del tren, aunado a posibles impactos ambientales como alteraciones hidrológicas y afectación de suelos. Organizaciones de la sociedad civil en Querétaro, han exigido transparencia en la publicación de los estudios de impacto ambiental y una mayor integración del tren con los sistemas de movilidad local.
En este contexto, la ejecución de los estudios técnicos y sociales es clave para que el Tren CDMX–Querétaro cumpla su promesa de desarrollo regional. Si se gestionan adecuadamente, el proyecto impulsará la conectividad y el desarrollo económico sin repetir los errores del pasado. Sin embargo, el éxito dependerá de equilibrar los beneficios (mejor movilidad, empleos y dinamismo económico) con la responsabilidad ambiental y social. Con transparencia absoluta, mitigaciones claras y coordinación con la movilidad local se podrá determinar si el Tren México–Querétaro se consolida como un detonante de desarrollo regional o repite los errores de opacidad y sobrecostos que marcaron su primera versión.



