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El viejo chiste del Querétaro cosmopolita en días patrios

“Damos el Grito: 3×699 en camisas seleccionadas”. Una mujer con tacones altos de cuero salió de ahí vistiendo una camisa de lino blanca con diseños otomíes, pero no dio ningún grito.

—¿Tú crees que la gente se da cuenta del chiste que es todo esto? ‘nombre: La gente sólo se pone bigotes falsos y cantan a Vicente Fernández y se sienten todos mexicanotes (…) ¿Sabes cuál es el chiste? Ya es viejo, eh, pero es muy malo, y seguro lo conoces.

—No, ¿cómo va?

—Pues mira, está así: Mira a tu alrededor. ¿Qué ves?

Obedeciendo a aquel hombre con vestimenta de místico huichol y fenotipo caucásico, en el andador 5 de Mayo había estatuillas de jaguares que se hacían cada vez más pequeñas conforme avanzaba la vista, en posición de felino asustado, amenazado, incoloros, mudos. Chucho el Roto —de haber podido— tal vez habría asaltado el restaurante en Plaza de Armas que hoy lleva su apodo al ver que personas de los estratos sociales que tanto desdeñaba comen escuchando a Miles Davis: familias regordetas y en su mayoría de cabellos rubios degustando baguettes y esquivando el contacto visual volteando a sus celulares.

Entre los artesanos que hay en cada ángulo de los jardines, un niño empezó a caminar calle abajo y a tocar una guitarrita que tenía pintada de fondo la bandera y en primer plano unos personajes de Disney. Llegó al The Italian Coffee Company pidiendo limosna, pero sin recibir caridad. En contraesquina, en la tienda de ropa Yale, había una promoción: “Damos el Grito: 3×699 en camisas seleccionadas”. Una mujer con tacones altos de cuero salió de ahí vistiendo una camisa de lino blanca con diseños otomíes, pero no dio ningún grito.

En Madero había cubrebocas con todo tipo de diseño inspirado en el folklore mexicano: Seguramente, los funcionarios de la Secretaría de Turismo que osadamente portaban cubrebocas con el lábaro patrio como diseño no las compraron ahí, porque ahí no había. Por otra parte, en los puestos ambulantes, como cada año, se puede encontrar la utilería que lleva implícita la etiqueta “para usarse sólo el 15 de septiembre”: Escudos nacionales de aluminio que simula oro, trenzas y bigotes falsos, fusiles de madera y carrilleras de cartón, cuentas tricolores de perlas de plástico, silbatos con forma de guitarra, tambores con forma de silbato, guitarras con forma de tambor; y, para los curiosos, un chile-de-peluche-macho-bigotudo-mexicano-con-revolver-bigote-y-toda-la-cosa.

No obstante, lo colorido y divertido de la mercancía, el negocio no va del todo bien para los vendedores ambulantes. La mayoría, según Eduardo, que se dedica a ello, son vendedores “de temporada”: Venden lo que se presta según sea Navidad, Día de Muertos o de lo que sea turno, y hasta este lunes 14 algunos del gremio no pudieron laborar: Sólo a 30 —escogidos al azar, según Eduardo— se les permitió salir a vender en la capital. En el 2019 fueron 65, según dio a conocer hace unos días Joaquín González, quien es actual director de Gobernación del Municipio de Querétaro.

“Va mal. Ahora nadie compra todavía. Mañana seguro se levanta, pero hay poca venta. Nos vamos a quitar hasta el 16 (…) Yo creo que le vamos a sacar como el 30 por ciento de lo de otros años”, comentó Eduardo. Además, también tienen la competencia de los locales que venden artículos similares el resto del año y también han puesto en estantes lo típico del 15 de septiembre.

Algunos establecimientos (como Manceba, por ejemplo) entonaron su menú con lo común de las fechas: chiles en nogada, etc.; aunque no tanto su música. Uno puede entrar y pedir unas enchiladas rojas y comérselas escuchando post-punk ruso como el de Molchat Doma. Además de lo anterior, hay pocas cosas qué ver en torno a las fiestas patrias en Querétaro, al menos en el día previo.

—No da risa verdad —me dijo aquel hombre, después de unos segundos.

—Bueno, hay quien quiere ver la vida con humor —dije, sin saber lo que decía.

—Pues sí, y mira qué mal chiste.

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