Elecciones 2018

Salvo algo inesperado, el puntero de las encuestas ganará la elección

En 2006 la distancia entre los punteros era tan pequeña que fue imposible determinar a un ganador, mientras que en el 2012 el triunfo de Enrique Peña Nieto fue anticipado por muchas casas encuestadoras.

Acorde a las encuestas, la elección presidencial del 2018 se parece más a la del 2012 que a la del 2006, en el sentido de que la distancia entre los candidatos es mayor, consideró el doctor en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Rodolfo Sarsfield, al analizar el actual escenario electoral.

Recordó que en el 2006 la distancia entre los indicadores era tan pequeña que fue imposible determinar a un ganador, mientras que en el 2012 el triunfo de Enrique Peña Nieto fue anticipado por muchas casas encuestadoras; además de que existen momentos en que las diferencias en las encuestas entre los primeros tres lugares pueden aumentar o disminuir, sin que esto al final signifique un cambio en los resultados obtenidos.

“Hay momentos de cierto estrechamiento muy fuerte, cierta disminución de la distancia. Pero si uno estudia las series de tiempo y no hay ningún evento dramático o traumático inesperado, todo hace pensar que quien debería ganar las elecciones es el [candidato] que aparece primero”, observó el catedrático.

Sin embargo en el caso de las encuestas del 2018 se deben tomar en cuenta el nivel de indecisos, el cual se ubica entre el 20 y el 30 por ciento de los encuestados, ya que es un sector que aún no decide su voto, aclaró el también académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

Las encuestas influyen en los electores

Por otra parte, Rodolfo Sarsfield, también historiador y maestro en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina, explicó que las encuestas electorales no determinan el triunfo de los candidatos, ya que existen una cantidad enorme de factores que influyen en el voto de los ciudadanos.

“Las encuestas influyen en el comportamiento electoral. En la literatura de la Ciencia Política se habla sobre ‘voto sincero’ o ‘voto estratégico’. Las encuestas dan un panorama de las probabilidades que tiene cada candidato de ganar o no. En el cálculo del elector informado, obviamente influyen para decidirse por un candidato u otro”.

El académico apuntó que el “voto sincero” o “voto estratégico” consiste en “manifestar en la urna la preferencia electoral que se tiene, aunque se crea que es poco probable que el candidato preferido vaya a ganar. Entonces aunque el candidato tenga pocas chances de ganar, igual lo voto, eso es ‘voto sincero’”.

Por otra parte, el “voto estratégico”, también llamado “voto útil”, es cuando el candidato preferido tiene pocas probabilidades de ganar y el ciudadano elige a un segundo personaje preferido, asignándole más oportunidades de ganar.

“Sacrifico mi primera preferencia electoral por la segunda en aras de darle más probabilidades de ganar. Eso es lo que en las campañas, en los medios de comunicación, se le llama ‘voto útil’, que es votar por un candidato que tenga probabilidades de ganar”, añadió el investigador.

Las encuestadoras no manipulan los resultados

De acuerdo con Rodolfo Sarsfield, quien hasta el 2012 fue académico en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), es poco probable que exista manipulación en las encuestas, excepto en el caso de las empresas que trabajan para los mismos partidos políticos.

“Las casas encuestadoras saben que tienen un gran árbitro, que son las elecciones mismas, que las casas encuestadoras manipulen los datos parece poco probable, por la salud de su propio negocio y por el desprestigio que les traería… que los candidatos, que los coordinadores de campaña o que en la campaña electoral se pueda hacer un uso sesgado o parcial de los resultados, bueno eso sí puede ocurrir”.

En cuanto a la variación de los resultados de las encuestas sobre un mismo tema, Rodolfo Sarsfield señaló que se debe a distintos factores, que van desde las preguntas de cada encuestadora, los días en que se realizan, hasta la metodología que se utiliza. “Hay encuestas que sólo preguntan por intención del voto, pero hay otras que incluyen, lo que llaman ‘preguntas de control’, para medir la intensidad de la preferencia de un candidato”.

“Y dada la volatilidad o el hecho de que la intensidad de la preferencia puede variar, se da lo que en lenguaje coloquial, y que también las casas encuestadoras han empezado a llamar, como el ‘voto duro’. Justamente aquel votante que es muy probable que vote a un candidato o partido.

Sobre la confiabilidad de los ejercicios estadísticos y acerca de la metodología utilizada, Rodolfo Sarsfield apuntó que cada encuesta tiene algunas especificaciones de acuerdo a cada casa encuestadora, pero generalmente tienden a tener un “margen de error” o “intervalo de confianza” de +-3 por ciento, es decir, el resultado puede variar tres puntos hacia arriba o hacia abajo.

“O sea, más que estimaciones, las encuestas lo que nos dan son rangos, eso se dice poco o se menciona poco en los medios de comunicación y la gente no tiene que saber de estadística o de probabilidad, pero es un punto importante”, concluyó el académico.

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