Información

Elena Poniatowska: Yo soy de la plebe, de los que aplauden a Juan Gabriel

Por: Luis Enrique Corona

Juan Gabriel, Donald Trump y algo de literatura fueron el eje en la conferencia

PARA DESTACAR: La gente no dejaba de aplaudir como si tuvieran bien medidos los espacios dedicados a ovacionar y escuchar. Nadie pregunto sobre técnicas de escritura, todos querían una solución a la situación (o situaciones) del país y en aquel teatro, los queretanos encontraron su profeta.

Ante los extensos pasillos rojos del teatro Alameda avanzaron los espectadores en religiosa alegría. El público ocupó sus lugares, salvo los del frente que fueron cedidos a la élite de prensa. Teatro lleno. El Hay Festival recibía a la eminencia de la escritura mexicana, la leyenda del periodismo nacional, la heroína de la letra: Elena Poniatowska.

Más que un foro, una conferencia o un taller, la presentación fue una plática, una crónica oral para el deleite de su audiencia. El entrevistador conocía la carrera de Elena a la perfección y sus preguntas se inclinaban a conocer las sutilezas de su trabajo escrito, pero la conversación se orillaba en un lúcido desvarío rumbo a los temas más coloquiales.

México es muy pobre en comparación con su pasado, fue la conclusión a la que llegó ‘Elenita’ (como la conocen sus fanáticos), después de recordar la riqueza de personajes a los que entrevistó en su vida. Pero también sentía curiosidad por la opinión de su auditorio en temas actuales y preguntó a los presentes sobre la visita de ese “que se llama Donald Trump, que qué diablos tenía que hacer con poner sus “horribles patotas” en México”. Cada oración que la autora finalizaba con cierto tono de poesía era aplaudida con tremenda pasión por el público.

Pero ante la cercanía de la tragedia, y la tendencia del debate, la audiencia se preguntó una cosa ¿Qué opina Poniatowska sobre Juan Gabriel? Y ella contestó “yo soy de la plebe, de los nacos que le aplauden. Lo entreviste hace años y me decía madrecita o mamacita, era una manifestación de cariño porque él era así, así que yo soy madrecita. Creo que en lo que se refiere a ser gay, él era gay, pero nunca lo dijo ni hizo proselitismo; al contrario se ponía todo un montón de chalinas, de velos, y así se presentaba en público y hacía canciones muy buenas, sus canciones buenas”.

Hubo más aplausos, estruendos de alocada devoción que cubrían el teatro. Era la opinión de una gran figura sobre otra gran figura.

La autora tenía más, estaba su comparación entre Frida Kahlo y la virgen de Guadalupe, a las que según ella, los mexicanos adoran de forma similar. También contó las chuscas desventuras de la escritora Elena Garro en el difícil arte del reconocimiento literario; a propósito de este extraordinario referente dijo: “Las mujeres en México son el elemento aglutinador, como el Resistol. Sin las mujeres el país se caería en mil pedazos”.

Un autoproclamado escritor se levantó de entre la audiencia que volvía a aplaudir. Pregunto a ‘Elenita’ con ese igualado vocativo sobre sus sueños: “sueño que a mi nieta le va bien. Los sueños que más felicidad le dan son soñar con mi mamá. Ya sé que es ridículo que una vieja de 84 años diga que lo que le hace feliz es soñar con su mamá. También sueño con Guillermo Haro, mi esposo que estudió las estrellas, fue un estrellero, no me gusta tanto ese sueño porque sueño que me regaña. A vece sueño colores. Pero ¿Y usted que sueña?”.

El “escritor” al recibir su pregunta de vuelta, contestó: ¿Soñaba con conocer a Elena Poniatowska? Y hubo más aplausos. La gente no dejaba de aplaudir como si tuvieran bien medidos los espacios dedicados a ovacionar y aquellos exclusivos para escuchar. De hecho, también tenían medidas sus preguntas como si ya supieran que la respuesta sería una declaración digna de ser glorificada.

Nadie preguntó sobre técnicas de escritura o literatura, todos querían una solución a la situación (o situaciones) del país, y en aquel teatro, los queretanos encontraron su profeta.

Solamente al final surgió una pregunta sobre el periodismo; respondió: “El trabajo periodístico es una gran lección de humildad, te hace siempre esperar; haces antesala para que te reciban para hacer una entrevista, en general te tratan mal en el periódico, nunca sabes si te van a poner en la última plana o en la primera, no sabes si te van a cortar el artículo, no sabes si te van a publicar al día siguiente o dentro de un mes”.

Con el tiempo encima, la escritora se tuvo que retirar. Pero ante el aviso de la despedida la gente se levantó de sus asientos para arrojarse sobre la autora. El gentío vuelto loco por una firma, una entrevista o una foto, no esperó instrucciones para evitar incidentes, y el multó de personas cobró el carácter molesto de una pista de antro. Curioso, pues se trata de la presentación de una escritora en un teatro.

Los impacientes tuvieron que ser advertidos de que Elena no firmaría libros ni atendería preguntas dentro del salón, y que tendrían que esperar por ella afuera, donde no tardaron en hacer una enorme fila para conseguir un sello de distinción, un beso caligráfico, de la que es probablemente la mejor escritora viva de México.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba