En aniversario de inicio del Acueducto, exigen derecho al agua

Mientras el gobierno se preparaba para dar discursos, luces y celebraciones por los 300 años del Acueducto de Los Arcos, en paralelo, en las calles del barrio de San Francisquito, en el municipio de Querétaro, un grupo de colectivos se reunieron para mostrar y denunciar los actos de este festejo.
Frente al monumento que el poder presume como orgullo arquitectónico, diversas comunidades indígenas, barrios originarios, colectivas feministas y defensores ambientales levantaron la voz para denunciar lo que llamaron la “hipocresía del Estado”: festejar una obra hidráulica mientras miles de personas continúan sobreviviendo sin agua, drenaje, consulta pública ni respeto a sus territorios.

Comunidades denuncian despojo y exclusión
El Consejo Indígena de Gobierno de Santiago Mezquititlán, Amealco, denunció el despojo de su pozo comunitario en Barrio Cuarto y acusó a autoridades estatales y federales de obstaculizar procesos legales para impedir la restitución del sistema de agua potable. Señalaron que mientras la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Comisión Estatal de Aguas (CEA) entregan concesiones a diferentes empresas extranjeras, las comunidades originarias enfrentan burocracia, exclusión y racismo institucional.
También hubo voces por la defensa del Cerro Colorado, en Hércules, donde vecinos denunciaron incendios presuntamente provocados, venta irregular de predios y protección ambiental simulada. Mientras el gobierno impulsa obras de “embellecimiento” y proyectos de renovación urbana, las familias siguen padeciendo drenajes colapsados, inundaciones de aguas negras y abandono histórico. Para los vecinos, no se trata de modernización: se trata de gentrificación con pintura fresca.

Saqueo bajo pretexto de desarrollo
“No al turismo mientras nuestros hermanos sufren”, alzaron la voz. La protesta también apuntó a la nueva fiebre tecnológica que recorre Querétaro: los centros de datos. Activistas advirtieron que el estado se ha convertido en un paraíso para empresas tecnológicas que reciben terrenos, infraestructura y facilidades ambientales, mientras se instalan cerca de zonas con riqueza hídrica. Lo resumieron en una frase que recorrió la movilización: “No es progreso, es saqueo”.
Con esas consignas avanzaron por Calzada de los Arcos, cerrando momentáneamente la vialidad hasta llegar al recinto donde se realizaba la celebración oficial. Ahí, una fuerte presencia policiaca y personal del municipio intentó detener el paso. Tras varios minutos de tensión y diálogo, se permitió el ingreso de los manifestantes. Sin embargo, cuando comenzaron a lanzar sus demandas, el sonido del evento oficial subió de volumen hasta volverse ensordecedor. La música intentó callar las voces de quienes exigían ser escuchados.
Memoria y deuda vial
La marcha continuó debajo de Los Arcos hasta llegar a la esquina con Sierra Gorda. Ahí, los manifestantes colocaron una bicicleta blanca en memoria de Daniel Villarreal, ciclista que días atrás perdió la vida tras ser atropellado en ese mismo punto. Entre aplausos y vítores, la protesta dejó de hablar solo de agua y territorio para recordar también la deuda pendiente con la movilidad y la seguridad vial en Querétaro. Mientras arriba seguían los festejos, abajo quedaba colgada una bicicleta blanca como recordatorio de que la ciudad no sólo celebra su historia: también arrastra sus tragedias.






