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En la búsqueda de un retrato psicológico de Maximiliano

El filósofo Héctor Zagal advirtió que su novela Imperio pretende hacerle justicia al personaje de Maximiliano desde una postura distinta a la histórica

Por: David Eduardo Martínez Pérez

“Si Maximiliano se hubiera quedado en el poder, es muy probable que Zapata nunca se hubiera levantado en armas”, consideró el filósofo y narrador Héctor Zagal, quien la semana pasada presentó su novela Imperio en el marco de la III Jornada del Libro Histórico.

Dentro de este trabajo narrativo, Zagal pretende ingresar a la psique de uno de los hombres más controvertidos de la historia nacional. El autor reconoce que es un terreno “ampliamente explorado” tanto por la historiografía académica como por la literatura, pero sostiene que su proyecto guarda mucha distancia respecto a otros trabajos en el mismo sentido.

“Se han hecho muy buenas novelas sobre el tema: Fernando del Paso lo hizo con Noticias del Imperio, pero lo curioso es que siempre quien había fascinado era la emperatriz Carlota, a la gente le llamaba la atención la locura de la emperatriz, que de hecho es lo que rescata (Fernando) del Paso a partir del monólogo de la Loca de Miramar y de buena parte de su novela.

“Yo no quise darle el peso a Carlota sino a Maximiliano en sus últimos momentos. Quise retratar la angustia y los pensamientos de un Maximiliano frente a la muerte.

“Enfermo de una gravísima disentería, Maximiliano hace un recuento de su vida y elabora una serie de reflexiones que intercalo en mi novela con la situación de diversos personajes encerrados con él, como Tomás Mejía, Miguel Miramón y otros que lo defendieron.”

El también maestro en Filosofía por la UNAM advirtió que más allá de limitarse a lo ficticio, su novela pretende hacerle justicia al personaje de Maximiliano, aunque no tanto desde una perspectiva histórica, sino más bien desde el aspecto psicológico; presentarlo como un hombre con dudas e ilusiones.

“Maximiliano era más cercano a la realidad mexicana (que) Juárez”

Por otra parte, el académico señaló que la imagen de Maximiliano aún se venera debido a que el emperador llegó a ser “muy querido” dentro de diversas clases sociales. Aunque, de acuerdo con Zagal, fueron los indígenas quienes más cercanos se mostraron al emperador.

“Tenemos una historia que no hace justicia a todos los personajes, Maximiliano era mucho más cercano a la realidad mexicana que el mismísimo Juárez. Las desamortizaciones de bienes de manos muertas no sólo afectaron a la Iglesia, sino a las propiedades comunales indígenas, que despojó Juárez.

“Se conserva una carta del pueblo de Anenecuilco que pidió la devolución de tierras a Maximiliano. Si él se hubiera quedado en el poder, Zapata no se hubiera levantado en armas. Se nos olvida que Juárez era liberal y el rostro económico del liberalismo es la propiedad privada que se opone a la propiedad comunal indígena. Son estos claroscuros”, explicó.

El autor de Imperio aseguró que mientras en la visión de Juárez todos somos iguales ante la ley y el indígena debe dejar de ser indígena para convertirse en ciudadano, Maximiliano aprendió el náhuatl y estableció relaciones con Chimalpopoca, líder comunitario en Texcoco.

Otro asunto que en opinión de Zagal ha sido malinterpretado es el de las relaciones Iglesia-Estado durante el segundo Imperio. El académico declaró que mientras la creencia sostiene que Maximiliano fue ampliamente apoyado por la jerarquía, la realidad demuestra justo lo contrario.“La Iglesia estaba de parte de Maximiliano pero hasta que llega. Surge un dicho despectivo que dice: ‘Juárez indito, Juárez güerito, los dos igualitos’, porque si bien Juárez separó a la Iglesia y al Estado, Maximiliano subordinó la Iglesia a la autoridad estatal.

“Él le dijo al Papa que quería transformar la Iglesia y el jerarca católico le dijo que no. En México hay pleitos hasta el punto de que el obispo Munguía de Morelia tiene que irse al exilio, lo mismo que el arzobispo de Puebla. Hay una carta en la que Carlota dice que ‘estuvo a punto de tirar al nuncio por la ventana’ durante una visita que éste le realizó.”

No dejó instituciones sólidas, pero sí un estilo y una escenografía

Otro elemento en el que Zagal indaga durante la elaboración de su novela es la búsqueda de los motivos que orillaron a Maximiliano a venir a México cuando era un país “tan poco conocido” dentro del viejo continente.

El filósofo expresó que la razón por la que Maximiliano optó por aceptar el trono mexicano, implicaría una extraña combinación de idealismo y poca capacidad de análisis. Estos dos factores, junto con la ambición de Carlota, serían los motivos para que el emperador haya venido al país desde Austria.

“Maximiliano era un hombre muy culto, además de los idiomas del Imperio (alemán, húngaro, checo y croata) también hablaba latín y algo de griego, pero no sabía nada de matemáticas. Si hubiese sido más racional y menos emotivo, habría entendido que un proyecto como el Imperio mexicano carecía totalmente de viabilidad.”

La importancia de responder a estas interrogantes estaría, para Zagal, en la necesidad de una cultura democrática que pueda ver más allá del maniqueísmo en el que incurren las interpretaciones tradicionales de los acontecimientos históricos.

El filósofo y novelista consideró que en la medida que “descanonicemos” a las grandes figuras de bronce y “saquemos del olvido” a personajes como el emperador, la población tendrá mayor capacidad para “dejar de lado caudillismos y exaltaciones mesiánicas de quien se encuentre en el poder.”

Finalmente, Héctor Zagal llamó a no despreciar el legado cultural que aportó el segundo Imperio en diversos aspectos de la vida cotidiana y la idiosincrasia:

“Si bien el segundo Imperio no dejó instituciones sólidas, sí dejó un estilo y una escenografía que hoy sigue siendo parte del lenguaje plástico de este país. Todo mundo quiere su evento en Chapultepec. No sólo eso: en un giro de ironía, el que fuera el paseo de la emperatriz es ahora el Paseo de la Reforma, y es el eje de la ciudad”, concluyó.

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