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En medio de tanto dolor, México no está para festejar: Blanca Estela Gutiérrez

Por Martha Flores

 

A 200 años de la Independencia del país, Blanca Estela Gutiérrez Grageda, historiadora y directora de la Facultad de Filosofía de la UAQ, expresó que es tanto el dolor que hay en México que la gente no está para fiestas ni para gritos de independencia, sino para hacer reflexiones serias y profundas.

 

“Hay mucha indignación y dolor en la gente. No hay motivo de celebrar, son días de dolor; más que festejar debemos de reflexionar y ver qué vamos a hacer con este país que tenemos tan complejo y tan sumido en una descomposición por todos lados, porque a donde uno voltee: al Ejército, a los partidos políticos o a los sindicatos, levanta uno una piedra y lo que aparece es una cloaca.

 

“Pareciera que como país tocamos fondo, pero siempre resulta que hay más”, manifestó.

 

Expuso que México no tiene un rumbo claro, “no se ven señales claras hacia dónde vamos a caminar como país. Estamos en medio de un proceso muy turbulento, complejo y doloroso, donde no podemos ni se ven señales claras de hacia dónde vamos a transitar.

 

“Por lo que yo vislumbro, en la dinámica que se anuncia al menos en lo inmediato, se ve más de lo mismo, más de guerra entre partidos políticos, entre políticos, escándalos tras escándalos, impunidad, crimen, muerte, lo que lamentablemente hemos estado viviendo en estos últimos años”, indicó.

 

Blanca Estela Gutiérrez consideró que la situación se va a recrudecer, sin embargo dijo confiar que dentro de todo este “caos” surjan elementos que permitan construir algo diferente, así como pasó en 1910 con la Revolución, o en 1810 con la Independencia.

 

En esas fechas había grupos armados que luchaban por un país diferente. Mientras que en este momento pareciera que todo es destrucción y muerte. No se ven señales claras de grupos que quieran renovar a fondo este país o las pocas luces que se ven en el camino más tardan en prenderse que en apagarse, puntualizó.

 

“El país transitó por una década muy difícil, de mucha violencia y destrucción. De todo eso salió un país muy renovado. Esperemos que sea también esa experiencia; mucho se temía hace un par de años al 2010, por aquello de 1810, 1910, pero nunca imaginamos que este 2010 o los años cercanos al 2010 fueran a ser tan crueles tan devastadores y dolorosos”, advirtió.

 

Existen “enormes” coincidencias con lo que se vivía en 1810

Al hacer una comparación entre la sociedad mexicana de 1810 y la actual, la historiadora señaló que las coincidencias son “enormes”.

 

Por ejemplo, en el periodo previo a 1810 había una severa crisis económica que ocasionó un “profundo” deterioro en nivel de vida de la población, como actualmente ocurre.

 

En esa época había una disputa muy fuerte entre los sectores económicamente poderosos entre los grupos políticos, los criollos con los peninsulares, se estaban disputando el control del poder político, esto también lo estamos viviendo actualmente, enfatizó Gutiérrez Grageda.

 

Otra de las semejanzas que puntualizó fue que en la época de Independencia había un enorme desprestigio de los grupos políticos, los peninsulares ya no representaban la autoridad por el desprestigio que tenían como gobernantes.

 

La directora de la Facultad de Filosofía recordó el lema de los Insurgentes: “muera el mal gobierno”, que desde su perspectiva es lo mismo que hoy se pide a gritos: “¡Ya basta!” “¡Estamos hartos!”.

 

Respecto a las similitudes entre ambas épocas, la investigadora marcó que 1810 es el punto de quiebre entre el antiguo régimen (la época colonial) y el mundo moderno, dos momentos históricos, mientras que en la actualidad también hay una ruptura de toda una era, de todo un proyecto modernizador que hace crisis por todos lados sin saber a dónde se va, pues el futuro puede tener muchas salidas y muchos caminos, recordó.

 

“Hay grandes semejanzas y coincidencias. La historia nos puede servir para tomar lecciones para el presente”, afirmó.

 

“El principal problema sigue siendo la impunidad”

Los procesos históricos y sociales de los últimos 30 años son como un proceso acelerado de apertura económica, de ambición sin medida, ambición desmedida de los grandes grupos económicos que se disputan el control del mundo, lo que ha ocasionado desequilibrios al interior de México, que en buena medida son la causa también de todo lo que se está viviendo, señaló la académica.

 

“La pobreza se ha incrementado, la falta de oportunidades hacia los jóvenes es impresionante, lo constatamos nosotros como maestros universitarios donde lamentablemente vemos a estudiantes nuestros, brillantes y entusiastas, que no tienen trabajo.

 

“Los procesos sociales han cambiado porque el mundo se presenta de manera muy compleja y los movimientos tradicionales no tienen cabida, ya no funcionan las viejas formas de hacer política (como eran a través de los partidos políticos). Existe un gran desencanto y una enorme pobreza ideológica y de propuestas en la clase política”, lamentó.

 

Desde su punto de vista la clase política del país es “patética”, sin ideas ni propuestas, pues no le apuestan al futuro, “están en medio de una guerra de intereses mezquinos que da pena, porque el país se está yendo a un precipicio y ellos están más preocupados por las encuestas y los posicionamientos hacia el 2012”, remarcó.

 

Finalmente señaló que lo más preocupante desde su opinión como historiadora es la descomposición de las instituciones, la corrupción y la impunidad.

 

“Más que la violencia, el problema más grave que tiene este país es el de la impunidad, y es alarmante la problemática que viven los jóvenes donde el futuro es terriblemente incierto para ellos”, concluyó.

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