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En suicidio, Iglesia debe ser madre, no juez: Fray Hugo Córdova Padilla

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Hasta hace cincuenta años, la Iglesia Católica trataba a los suicidas como ‘pecadores particularmente culpables’, a tal grado de que se les consideraba dignos del infierno por el simple acto de atentar contra su vida, misma que no podía quitarla nadie sino el mismo Dios.

 

Sin embargo, de acuerdo con fray Hugo Córdoba Padilla, vicario del Templo de la Santa Cruz, en relación con el suicidio, a la Iglesia no lo corresponde actuar como juez sino como madre, pues “se trata de un misterio donde nadie supo verdaderamente los motivos que llevaron a la persona a suicidarse”.

El presbítero sostuvo que esta percepción del suicidio por parte de la institución religiosa ha cambiado debido a que se ha asumido como “santa y pecadora”, lo que le ha permitido abrirse a nuevas formas de relacionarse con fenómenos de ese tipo.

“Ciertamente, hubo un tiempo en que la Iglesia rechazaba al suicida y decía que era un pecado gravísimo, a tal grado que ni se le daba sepultura en un panteón cristiano ni se le admitía en el templo, no se hacían exequias ni en la casa.

“Actualmente, si los familiares del suicida piden las exequias para su pariente, se celebran, no hay ningún impedimento. El papel de la Iglesia no es ser juez, no puede condenar; más que juez debe ser intercesora. La Iglesia es madre, y una madre —por ejemplo, la madre del que se suicida— no lo rechaza.”

“La Iglesia, que es la madre por excelencia, claro que no va a rechazar a sus hijos, sino que dirá las exequias haciendo énfasis en la intercesión por aquel hermano o hermana. Sobre todo tomando en cuenta a la familia, que es la que en ese momento necesita un aliento y un apoyo moral y espiritual.”

En este sentido, Córdoba Padilla señaló que es imposible saber si una persona “se condena” debido a que esa es una facultad que le compete de manera exclusiva a Dios. El sacerdote dijo que aunque la Iglesia Católica se pronuncia sobre quiénes se han salvado, tal como sucede con los que son declarados santos, evita pronunciarse sosteniendo que alguien ya está condenado.

“Nadie puede decir si este o aquel se condenó; yo no soy Dios, el único que sabe es Dios, los motivos que hay detrás. Si alguien se suicida y en el último momento piensa: ‘Señor, perdóname’ no se condena. ¿Qué pasó con el ladrón de la crucifixión junto a Jesús? Reconoció a Jesús, pidió perdón en el último momento de su vida y se convirtió en el primer canonizado, por el mismo Jesús”, destacó.

Del mismo modo, señaló que al celebrar la Iglesia las exequias de un suicida se unen las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad, porque “demostramos nuestra fe y que sabemos quién es Dios; esperanza, porque sabemos que quiere que todos sus hijos se salven mediante la resurrección; y hay caridad porque nos acercamos a quienes sufren cuando más lo necesitan”, explicó.

“Cuestiones de familia”, uno de los principales motivos que orillan al suicidio

Estos cambios, de acuerdo con el religioso franciscano, tendrían su origen en el Concilio Vaticano (C.V.) Segundo, pues a partir del mismo cambiaron muchas situaciones dentro de la Iglesia para dotarla de una ‘mayor sensibilidad’ con los problemas humanos.

“El Concilio vino a traernos luz sobre muchos aspectos de este tipo que antes eran tabúes. La Iglesia es humana y divina; y en cuanto humana, está en proceso de crecimiento de su misma fe. Yo soy la Iglesia, tú eres la Iglesia, y crecemos en la fe, como el Papa y los obispos.

“EL C.V. II es un parteaguas y a partir de ahí vino una iluminación especial sobre la Iglesia que la sacude y le dice “ponte a pensar sobre esto”. A partir de entonces, la Iglesia empieza a caer en la cuenta de que, pues, sí es verdad. Se empieza a valorar más lo que es la persona, entendiéndola con todas sus virtudes, pero también con todas sus verdades”, consideró.

Al ser interrogado sobre la percepción que tiene la Iglesia Católica de los motivos que llevan a los jóvenes a suicidarse, Córdoba Padilla manifestó que en buena medida tiene que ver con lo que denominó “cuestiones de familia”.

En este sentido, el sacerdote responsabilizó al quiebre del modelo de familia tradicional tal como lo sostiene la Iglesia Católica. Sin embargo, expresó que aún en familias que obedecen a este modelo, se pueden encontrar casos de suicidio cuando “se rompe la armonía en el hogar”.

“Que estén las dos figuras paternas (papá y mamá) no es garantía de que no se presenten estas situaciones. Alguno dirá que en familias con ambas figuras paternas se presentan también suicidios y eso es cierto, pero tendremos que preguntarnos cómo viven esas familias su vocación de familia”.

“Aunque los papás estén casados hasta por la Iglesia, llega a suceder que luego hay mucha falta de comunicación y armonía en la familia, dónde se ve poco a los papás y cuando los ven no hay convivencia sino gritos y reclamos. Eso va afectando poco a poco a la familia y la daña, la marca.”

“El adolescente o el joven siempre está necesitado de alguien que lo escuche y lo apoye, no que lo regañe ni le eche en cara sus errores, sino que lo escuche y llegue a comprenderlo; eso está faltando mucho en nuestras familias: escuchar al joven, estar con él”.

Finalmente, fray Hugo Córdoba manifestó que es intención de la Iglesia apoyar a los jóvenes que se encuentran en riesgo de caer en esta situación y enfatizó que los pastores “buscan iluminarse” para entender cómo abordar este tipo de problemáticas.

“En el plan pastoral de la Diócesis se está insistiendo mucho en buscar a los jóvenes, ofrecerles espacios en nuestras parroquias y nuestras comunidades para que se formen en su fe y todas las situaciones que viven se vean iluminadas por la fe y el Evangelio, de modo que no se sientan solos.

 

“La Iglesia no se queda con los brazos cruzados. Está y quiere aportar elementos que ayuden a salvaguardar todas estas situaciones para evitar que jóvenes, adolescentes y adultos queden en estas situaciones tan difíciles”, concluyó.

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