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ENTRE CACHIMBEROS Y GUACHICOLEROS

Por: Agustín Escobar Ledesma

“¡Puta madre, ora sí me cargó la chingada! ¡Ayúdame Santa Muerte!” fueron las primeras frases que cruzaron como relámpago por la mente de 10-28Mirey, y que su boca no pudo pronunciar debido a que debía mantenerla cerrada para no tragar el diesel caliente que le bañaba el rostro.

A pesar de la temperatura del combustible que seguía escurriendo sobre su cara, un frío sepulcral recorrió por un instante el cuerpo del trailero que invocaba el auxilio de la huesuda a punta de blasfemias.

En aquel accidente ocurrido en el 2004, en el que transportaba cincuenta toneladas de combustóleo para el ingenio azucarero de Tamazula, la pipa dio dos vueltas y quedó retorcida sobre la carretera, con sus treinta y cuatro morenas girando en el aire. El tremendo impacto provocó que 10-28Mirey creyera que no viviría para contarlo, debido a que la barra de contención de la carretera le quedó a unos cuantos centímetros de la cara y sólo atinaba a pensar “¡Dios mío se acabó, ‘orita va a prender y a estallar en llamas la pinche pipa!”

Lenta y angustiosamente, 10-28Mirey, de cuerpo alto, delgado, piel blanca y alburero, se zafó de los fierros retorcidos para abandonar la cabina del tractocamión Kenworth. Una vez fuera, todavía atontado por el impacto y apenas con una leve descalabrada, observó el desastre y pensó “¡Pinche Oscar, o no te quiere Dios o tienes pacto con el Diablo!”

El Quijote de la carretera

10-28Mirey es el sobrenombre que Oscar Ahumada Enríquez utiliza en el cibi (sistema de radiocomunicación que lleva empotrado en la parte superior de la cabina de la pipa que conduce), alterna el manejo del autotanque con el ensamble de escultura en chatarra. En 1985, por azares del destino, Miguel de Cervantes Saavedra se le apareció como la Guadalupana a Juan Diego, en el momento en que más lo necesitaba.

En aquel año, producto de un montón fierros viejos, de las manos de Oscar nació en forma de cenicero la figura de El Quijote de la Mancha, cuando éste ataca los molinos de viento. Oscar no sabía quién era el famoso manchego, hasta que su cuñado Lidio, sin ningún costo, lo ilustró “¡No la chingues, el cenicero que hiciste es una obra de arte y Cervantes es lo máximo que existe en la literatura castellana y universal, cómo es posible que hagas un pinche cenicero!”

Con la amable observación de su cuñado, Oscar también recibió un ejemplar de El Quijote de la Mancha. Desde entonces, se adentró en aquel océano literario y se fue enfrascando tanto en la lectura, que cuando maneja la pipa, lo único que le urge es regresar lo más pronto posible a su taller para continuar con los ensambles en chatarra de las piezas alusivas a los quijotescos pasajes.

Siempre hay una primera vez

Así como Oscar aprendió por sí mismo a hacer escultura con fierros viejos, su formación en el manejo de tráileres es autodidacta. En cierta ocasión hizo de la necesidad virtud, cuando, desempleado, se presentó en una empresa de salchichas para pedir trabajo. Le preguntaron que si tenía experiencia y dijo que sí, pero en realidad tomó a puro valor mexicano un autotanque sin saber cómo se operaba.

En aquella primera ocasión, a 10-28Mirey le dieron un viaje de combustóleo de Tula a Celaya. Lo más difícil fue la pendiente de San Juan del Río, que bajó como ánima que llevaba el diablo, para sorpresa de los traileros experimentados, quienes se quedaron con la boca abierta por la alta velocidad del novel conductor. Sin embargo, apenas se bajó de la pipa, al llegar a su casa se puso a temblar y a llorar del susto y el miedo, porque pudo haber volcado y perdido la vida. Así fue como se sumó al gremio de los 120 mil traileros existentes en nuestro país.

Los pericos

De acuerdo con 10-28Mirey, lo pesado de ser operador de tractocamión son las largas distancias de cientos de kilómetros, porque en cada viaje deben manejar alrededor de dieciocho horas; es por eso que se auxilian con “pericos” tales como Obeclox, Finedal, Asenlix, Rexigen, que bajan de peso a los obesos y a los traileros les quitan el sueño.

Bajo los efectos de las drogas o no, 10-28Mirey bien sabe que después de manejar por más de diez horas seguidas, el cansancio altera la realidad de los sentidos de los traileros, quienes ven espejismos que los conducen a terribles accidentes en los que pierden la vida o, si bien les va, quedan paralíticos.

El Quijote universitario

Uno de los grandes logros de Oscar en el rubro de la escultura en chatarra lo representa el conjunto escultórico de Don Quijote y Sancho Panza en la Universidad de Guanajuato, Campus Celaya-Salvatierra, que fuera inaugurado en el 2010 por las autoridades universitarias.

La escultura le requirió de cuatro meses de trabajo de tiempo completo, debido a que Don Quijote, montado en Rocinante, mide tres metros y con lanza son casi cinco metros, con un peso de 95 kilogramos; por su parte, Sancho Panza montado en su burro, mide dos metros y pesa 80 kilogramos. Oscar soldó el conjunto escultórico con todo tipo de fierro viejo, desde cortaúñas, pasando por partes automotrices, tornillos, láminas, pistones, rondanas, discos de arado y monedas de uno y cinco pesos.

Carreteras de la muerte

Desde que el expresidente Felipe Calderón declarara la guerra al narcotráfico, el riesgo para los traileros se incrementó exponencialmente; desde entonces, en cualquier momento son asaltados, asesinados, desaparecidos y/o despojados de sus vehículos. Ya no existen carreteras seguras para quienes mueven todo tipo de mercancía.

Además, entre otros riesgos que corren los conductores, están los accidentes cotidianos, situación que en el pasado se complicaba más porque no existían los seguros para este tipo de vehículos, y para los empresarios del autotransporte de carga era más económico excarcelar al operador y destinar algunos pesos para los funerales de las víctimas, que cubrir los costos de curaciones y pensiones de por vida.

Por esto es que los operadores tenían fama de cafres, porque hacían valer la ley no escrita que decía: “Si un pendejo se atraviesa en tu camino y queda herido, échate de reversa y remátalo”.

Las cachimbas

Las cachimbas son lugares en donde los amos de las carreteras encuentran todo lo que necesitan para soportar más de dieciocho horas frente al volante, es decir, café, “pericos”, sexo, duchas de agua caliente, alimentos y una orilla de la carretera para «parquearse y jetearse». ¿Por qué el nombre de cachimbas? 10-28Mirey menciona que hace más de veinte años, como muchos restaurantes situados en las orillas de la carretera no contaban con electricidad, utilizaban lámparas de gas identificadas como cachimbas; con el paso del tiempo, las fondas se popularizaron bajo ese nombre, y aunque ahora ya cuentan con electricidad, el nombre persiste, incluso los propios traileros se autodefinen como cachimberos.

Uno de los errores más frecuentes de los traileros es que no llevan ni seis horas de carretera y se detienen a cachimbear, ya sea comadreando, drogándose o haciéndose pendejos durante dos o tres horas y después, como van retrasados en el viaje, salen disparados a toda velocidad en busca del tiempo perdido que intentan reponer en el camino pisando el acelerador a fondo, situación que potencializa la posibilidad de un accidente.

La diabólica

Después de 30 años de trailero, 10-28Mirey ya no está para los trotes que le impone el acarreo de combustibles para alimentar las calderas y los hornos de fábricas e ingenios azucareros.

La vida acelerada, la inadecuada alimentación, la afectación del consumo del clobenzorex contenido en los “pericos”, los sustos provocados por los accidentes sufridos, y el desgaste físico después de tanto tiempo al frente del volante, se presentaron en la vida de 10-28Mirey en forma de hemorroides y de diabetes mellitus. Es por eso que por las mañanas su desayuno consiste en una taza de café con azúcar, un pan dulce, tres pastillas y una inyección de insulina que él mismo se aplica en el ombligo, para poder manejar durante horas y horas, en busca de una ansiada jubilación que apenas si asoma las narices en el horizonte.

Las guachicoleras

Los operadores de los autoanques que están en contacto con los hidrocarburos corren el riesgo de explotar con todo y vehículo en caso de sufrir algún accidente, sin embargo, cuentan con “ventajas” que les permiten compensar tal situación, por ejemplo, agregar un “chorrito” extra de combustible a las pipas.

10-28Mirey conoce a la perfección la estrategia de ganar-ganar cada vez que acude a la refinería por combustóleo. Paso uno: entregar en la entrada los documentos de autorización del hidrocarburo y 50 pesos. Paso dos: embarrar con 500 pesos la mano del trabajador que surte el combustible para que agregue un “chorrito” de 2 mil litros extra. Paso tres: la aguda vista del vigilante sólo puede ser desactivada cuando llegan a sus manos 150 pesos. Paso cuatro: el empleado encargado de colocar los sellos en el autotanque para que la carga no sea mermada antes de su destino, los entrega al conductor en mano a cambio de 200 módicos pesos.

10-28Mirey echa mano a las ecuaciones algebraicas para calcular el tamaño de la endémica corrupción: si 35 minutos es el tiempo promedio para abastecer de hidrocarburo a una pipa y las refinerías trabajan las 24 horas del día, ¿cuánto dinero reciben por turno los trabajadores petroleros? Es de tal magnitud la riqueza generada por el oro negro de nuestro país, que salpica a quienes entran en contacto con las refinerías.

Una vez que el vehículo sale de la refinería, primero lleva a vender el “chorrito” de combustible a la guachicolera de su confianza, en donde obtendrá, previo regateo, alrededor de 10 mil pesos libres de polvo y paja, en tanto que el dueño del ilícito negocio recuperará la inversión al vender el combustóleo. ¿De quiénes te imaginas que son tan pujantes empresas? me pregunta a bocajarro 10-28Mirey, sin embargo, al advertir mi azoro, él mismo se responde: ¡Pos de los funcionarios de las refinerías, de quiénes más!

Las gasolineras piratas situadas en las orillas de las carreteras están abiertas las 24 horas del día. En el Bajío guanajuatense destaca la “zona guachicolera”, ubicada en Apaseo El Alto, en la orilla de la carretera libre a Celaya, en donde se encuentran chozas levantadas con madera y lámina de cartón para la compra-venta de gasolina, diesel y combustóleo. Por las noches, la señal de la ubicación de estos prósperos negocios es el fuego que los despachadores mantienen encendido en tambos.

Cada vez que un trailero se detiene en una guachicolera, se aparece como por arte de magia un policía de la Federal de Caminos, demonio que los operadores exorcizan con billetes de 100 o 200 pesos.

En el Santuario de la Santa Muerte

Dice la conseja popular que es de bien nacidos ser agradecidos. Fue por eso que 10-28Mirey no dudó en acudir al Santuario de la Santa Muerte, paralelo a la carretera 57, en Pedro Escobedo, Querétaro, y que fuera construido por Teodoro Reyes Díaz en 1993, en una polvorienta calle de terracería por la que llegan los vehículos dando tumbos.

Lo primero que vio al entrar al santuario fue a un sacerdote ataviado con una playera negra de cráneos estampados, brazos descubiertos y tatuados con dragones y calaveras; en las manos llevaba un plumero multicolor con el que sacudía el polvo de la multitud de esqueletos, cada uno ataviado con un color de tela diferente, y en sus morenos dedos brillaban sendos anillos de plata.

El tenebroso templo, al que principalmente acuden personas desahuciadas, asesinos arrepentidos, narcotraficantes y prófugos de la ley, cuenta con una tienda en la que los prosélitos pueden adquirir perfumes, biblias de la Santa Muerte, velas, veladoras e imágenes de Jesús Malverde, el santo al que acuden los narcotraficantes en busca de protección divina.

Discretamente, 10-28Mirey depositó un billete de 200 pesos en una alcancía, en agradecimiento a «La blanquita» por haberle salvado la vida en el accidente de Tamazula. Se santiguó, salió del templo y se trepó a su Kenworth.

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