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Estamos en la oscuridad porque nos ven y no nos voltean a mirar

El 4 y 5 de octubre se llevó a cabo el Primer Encuentro Nacional de Recicladores en México. Fue un evento donde la realidad se palpaba en cada palabra, cada mirada, cada historia compartida por quienes han dedicado su vida a lo que muchos consideran «desechos», pero para ellos es el sustento de sus familias, el pan de cada día. Guanajuato, Oaxaca, Puebla, Durango, Chihuahua, Querétaro y Veracruz estuvieron presentes en la voz y el cuerpo de quienes limpian nuestras ciudades, a menudo sin ser reconocidos, sin ser escuchados.

Los recicladores de base, también conocidos como pepenadores, son las manos invisibles que día a día transforman lo que otros tiran en un recurso valioso. No solo son recolectores de residuos; son guardianes de la vida, del medio ambiente, evitando que toneladas de materiales terminen contaminando el planeta. Pero ¿quiénes son realmente? ¿qué condiciones enfrentan? ¿por qué, a pesar de la importancia de su trabajo, siguen siendo relegados, olvidados y discriminados?

“Estamos en la oscuridad porque nos ven y no nos voltean a mirar”, expresó con profunda tristeza uno de los recicladores presentes en el encuentro. Esta frase resonó en el corazón de todos los asistentes. Refleja la cruel verdad de quienes día tras día, a pesar de las precarias condiciones, no reciben el reconocimiento que merecen. La sociedad depende de ellos, pero al mismo tiempo, les da la espalda. No cuentan con botas, guantes ni material adecuado para trabajar. El acceso a servicios de salud es casi nulo. “No contamos con material para trabajar, ni con botas, ni con guantes, nisiquiera un botiquín y menos seguro médico”, compartió otra recicladora.

Durante la pandemia, cuando el mundo se paralizó, los recicladores no pudieron detenerse. Mientras otros se refugiaban en sus casas, ellos seguían trabajando, recogiendo los residuos de una sociedad en cuarentena. “En pandemia todos se encerraron y quienes trabajábamos éramos nosotros con salarios mediocres”, recordaron con amargura. Esta es la realidad de quienes, a pesar de ser esenciales, siguen siendo invisibles.

Pero no solo es una cuestión de salarios. Los recicladores enfrentan un reto aún mayor: la lucha por dignificar su trabajo. “Necesitamos un trabajo digno, un trato digno”, exigieron. La discriminación es parte de su día a día. Muchos los ven como «basureros», los juzgan por el olor, por la suciedad que rodea su labor, sin comprender que, gracias a ellos, nuestras ciudades son más limpias y nuestros vertederos menos llenos. “Nos discriminan porque es un trabajo sucio”, confesaron con dolor.

El miedo al cierre de los vertederos es latente. Para muchos, este es su único medio de subsistencia. “La necesidad es lo que nos hace llegar al tiradero”, dijeron con resignación. El relleno sanitario está concesionado y solo tienen un comprador que les paga lo que él quiere. “Somos como un campesino que cuida su maíz y cuando va a vender su producto, el intermediario le paga lo que quiere”. Así es la vida de los recicladores: ellos cosechan, otros deciden cuánto valen sus frutos.

A pesar de todo, en este encuentro se respiraba esperanza. Las personas recicladoras no solo compartieron sus experiencias; también reflexionaron sobre lo que merecen: un salario digno, el reconocimiento como trabajadores esenciales, acceso a servicios de salud y seguridad laboral. Quieren ser vistos, escuchados y, sobre todo, respetados. “Si tocan a uno, nos tocan a todos”, gritaron con fuerza. Esta frase resonaba una y otra vez, como un eco de justicia.

Sin embargo, también reconocen que su lucha es interna. Antes de pedir que la sociedad y el gobierno los escuchen, deben creerse importantes ellos mismos. “Nosotros limpiamos la suciedad que la sociedad desecha”, dijeron con orgullo, pero también con la humildad de quienes saben que todavía hay un largo camino por recorrer.

El encuentro culminó con la formación de una mesa directiva, un primer paso hacia la organización de un movimiento nacional que defienda los derechos de los recicladores de base. Abel Balderas Ramírez como presidente, Mariana González como secretaria, y Lidia Godínez como tesorera, liderarán este esfuerzo que busca, en primera instancia, obtener el reconocimiento de su trabajo como un servicio público, mejorar sus condiciones laborales y garantizar una representación colectiva a nivel nacional.

El camino no será fácil. “Si descansamos tres días, nos quedamos tres días sin comer”, confesaron. No tienen el lujo de detenerse, pero tampoco pueden seguir siendo explotados. Su lucha no es solo por ellos, sino por el futuro de un país que necesita reconocer la dignidad del trabajo de base. Porque al final del día, los recicladores son quienes, en la oscuridad, siguen limpiando un mundo que muchas veces los ignora.

Hoy, más que nunca, debemos mirarlos. Porque ellos existen. Porque ellos exigen. Y porque su labor es indispensable para un México más limpio, más justo, más humano.

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