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Gallos Blancos de la UAQ superó expectativas y dio alegrías a la comunidad universitaria

Por Ricardo Lugo / Miguel Tierrafría

En 1987, el equipo de futbol Gallos Blancos pertenecía a la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Pese a que se trataba de su primera temporada en la Segunda División, el equipo comenzó a ganar, ocupó los primeros lugares de la tabla y el Estadio Municipal siempre estaba lleno, fortuna que se acabó a partir del aciago accidente que se cobró la vida de tres jugadores, relató Antonio Rivera Casas, director de Extensión Universitaria en la época del Rector Braulio Guerra Malo, y quien fue responsable del equipo ante el titular de la UAQ.

“En algún partido de Gallos, el Rector se encontraba en el palco de la Universidad y le preguntó al secretario de Finanzas, ‘¿para cuánto te gusta la entrada?’ Éste contestó, ‘como para dos millones de pesos, Rector’. Yo había recibido la cuenta por cuatro millones de pesos. El Rector quedó impresionado”, manifestó Antonio Rivera para Tribuna de Querétaro.

 

Durante el periodo en que Rivera Casas tuvo bajo su cargo y responsabilidad a Gallos Blancos, el equipo dejó una ganancia de 70 millones de viejos pesos a la UAQ.

El ex funcionario universitario destacó la relación deportiva entre la afición y la Universidad en esa época, “era una ebullición maravillosa”. Afirmó que si se hubiera continuado con los planes, la UAQ tendría hoy un equipo de futbol de Primera División.

En ese tiempo los socios se solidarizaban con el equipo y algunos regalaban carros o camionetas. También los chicos del servicio social donaban el dinero que les daban como prestadores y con eso “compramos una combi nuevecita”, señaló.

Además, recordó que el ingeniero Daniel Origel obsequió una computadora de “40 ramales” que fue la primera “computadora grande” que adquirió la UAQ.

“En el primer partido fuimos con sólo 11 jugadores a Poza Rica”

Todo comenzó cuando Abraham González Ledesma y don Pepe Ramírez entregaron el equipo al Rector Braulio Guerra Malo, después de tener varias campañas sin éxito y estar debajo de media tabla. El Rector llamó a Antonio Rivera Casas para platicar acerca de la situación que se vivía.

“Abraham y Pepe me entregaron el equipo –me dijo el Rector– y no sé qué hacer con él, te lo entrego a ti, sólo te pido un favor: no me lo vayas a llevar a Tercera División, manéjalo como creas correcto.

“Me pregunté, ‘¿ahora cómo le hago?, ¿quién me puede ayudar?’”. Rivera Casas se auxilió de Rubén Bautista, quien le tendió la mano inmediatamente. “Comenzamos a trabajar y lo primero que me dijo Rubén es que necesitábamos un entrenador”, y sugirió el nombre de Luis Alvarado, “extraordinario y muy fino jugador del Atlante”, relató Antonio Rivera.

“Luego buscamos jugadores y ya faltaba mes y medio para empezar la temporada. Luis buscó a algunos. La catástrofe comenzó en Poza Rica, fuimos con 11 jugadores nada más, eran los que había. Nos sucedió una cosa chusca porque Luis Alvarado me dijo ‘vístete de jugador siquiera para que haya una gente ahí en la banca porque aquello se ve con una tristeza desbordada’”.

Explicó la sorpresiva situación en la que se encontraban, ya que nadie sabía de la logística que requería un partido de fútbol: dónde comer, dónde hospedarse, cuánto dinero se requería; a pesar de ello consiguieron un empate “sorpresivo” en su primer encuentro en Poza Rica.

Después del primer juego, el ex director de Extensión Universitaria convocó a varios coordinadores de la Universidad, entre ellos los de Comunicación y Prensa para expresarles la encomienda: “No descender al equipo”.

“Con los escasos recursos que tenía la Universidad no había posibilidad de hacer maravillas: entrenábamos en el Estadio Municipal, no había vendas, zapatos, ni dinero; era la pobreza más extrema que jamás había visto en un equipo de fútbol (…) Era sentarse en la silla de la soledad”, manifestó Antonio Rivera Casas.

El ambiente en el Estadio Municipal comenzaba a las 10 de la mañana

El tiempo pasaba y las ideas iban tomando sentido, Extensión Universitaria dio algunas recomendaciones y los dirigentes del equipo Gallos las implementaron.

El entonces delegado del ISSSTE proporcionó servicio médico, vendas, medicinas, alcohol, gracias a la petición de éste. “Fuel el primer ahorro que hicimos”.

“Luego, en un bar, me encontré con otra persona que aún es muy aficionada al futbol: Andrés Estévez (…) Le dije, ‘tengo este problema, ¿por qué no me ayudas con los uniformes, pants, zapatos, balones?’. Después de esto y aquello, dijo, ‘ve a ver a Chucho Zárate, lleva este papel y dile que te surta de todo, yo lo pago’”, explicó.

Antonio Rivera Casas destacó que gracias a las entradas se empezó a hacer rentable el equipo; antes del partido había grupos musicales desde las 10 de la mañana, la cerveza y los refrescos para la venta se conseguían a precio accesible, además se vendía carne asada y tortas dentro del estadio.

Como el transporte era necesario para cumplir con los partidos de visita, se empezó a ver cuál era el mejor autobús de la Universidad, “todos estaban muy deteriorados”. Rubén Bautista se encargaba de conseguir hoteles, restaurantes y el mejor precio en cualquier sede a la que iban.

Cuando se logró estabilizar la situación económica, “las puertas se iban abriendo” y se conseguían personas que de alguna manera ayudaron para que “a la Universidad no le costara”.

Después del éxito que se logró, el equipo aspiraba a obtener calificación a la Liguilla. Se vio la oportunidad de cambiar la sede y Gallos Blancos empezó a jugar en el Estadio La Corregidora. “Mariano Palacios Alcocer estaba de gobernador y conseguimos que no nos cobrara la renta. También al delegado de la CFE se le ofreció un palco y no nos cobró el alumbrado”, reveló Antonio Rivera.

Con el mérito de todos, el equipo llegó a la final de la temporada 87-88

El equipo Gallos Blancos triunfó en la Liguilla y llegó a la final. “Había un gran ambiente”, se jugó el primer partido en Tamaulipas contra Correcaminos “nos fuimos en avión para allá y empatamos 1-1”.

“Le dije al entrenador Luis Alvarado, lo recuerdo porque esto fue muy catastrófico, ‘hay dinero, el viaje lo hacemos al día siguiente del partido porque no hay vuelos diarios’. Él me contestó, ‘no es posible porque si tenemos un buen resultado los aficionados de Ciudad Victoria nos pueden agredir’”.

Luis Alvarado indicó a Antonio Rivera que se contratara un camión para el regreso a la ciudad de Querétaro y que las personas que desearan venirse en avión lo hicieran. “Hicimos la caravana y en el regreso fue la catástrofe, se voltearon y murieron tres jugadores”, lamentó.

Tiempo después se jugó la final de vuelta en el Estadio La Corregidora, encuentro donde también se obtuvo un empate a pesar de las lesiones que algunos jugadores tenían a causa del accidente.

Antonio Rivera dijo que la federación de futbol les había otorgado un permiso para reforzar al equipo con cinco jugadores, pero Luis le contestó: “‘no, con los jugadores que tenemos y en las condiciones que estén, con eso nos la jugamos’ (…) Se negó rotundamente a la posibilidad”.

En el tercer partido de la final, Gallos Blancos de la UAQ perdió ante Correcaminos en el Estadio Azteca, la imposibilidad de ascender a Primera División golpeó en el ánimo de la directiva. El Rector dio el equipo a Jesús Galindo y la historia de éxito fue diferente.

Ante las pocas posibilidades que se tenían de rearmar el equipo, Antonio Rivera se reunió con Guillermo Álvarez, el anterior directivo de Cruz Azul, y se acordó que ellos se harían cargo de Gallos Blancos. “Fue una segunda etapa maravillosa porque se trajeron grandes jugadores que llegaron a la Selección Nacional”, expresó.

Antonio Rivera finalmente comentó que esa primera etapa fue una experiencia ‘muy aceptable’. “Siempre he creído que la Universidad tiene los elementos esenciales para hacerse cargo de ese tipo de situaciones y que el personal que labora aquí tiene muchísima capacidad”, concluyó.

 

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