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Gana terreno futbol femenil en Querétaro

Por Martha Flores

“Estaba en una escuela de mujeres y no nos dejaban jugar… en ese entonces era mal visto, porque nos decían que ese deporte era de hombres y si llevábamos balón nos lo quitaban”, manifestó Verónica Alejandra Dávila Guzmán, de profesión veterinaria, pero aficionada del futbol desde hace más de 10 años, durante los que ha jugado y participado en distintos torneos.

Con 28 años de edad y partícipe de la liga sub 30, dirige a su equipo en el torneo “Hernández”, uno de los que se llevan a cabo en el municipio.

Ellas han ganado un par de veces el torneo de la Cancha de Coliseo, la que está por la Terminal de Autobuses (rumbo al Centro Sur), y el tercer lugar en la competencia de El Pueblito, además de los interescolares de la preparatoria.

Verónica Dávila empezó a conocer su pasión por el futbol en la primaria al lado de su papá, quien se convirtió en su principal influencia pues lo veía jugar; sin embargo, debido a que estaba en una escuela donde únicamente había mujeres, se le prohibía jugar y fue hasta la preparatoria cuando pudo entrar a un equipo.

Consideró que el futbol femenil es “más lento” en comparación con el varonil, además de que los partidos no son “tan visuales” o “tan espectaculares”, aunque manifestó creer que las chicas tienen mejor unión.

Al preguntarle sobre cómo inicia un partido, la joven futbolista consideró que primero tiene que rezar porque todas lleguen temprano, estando ahí ver qué alineación puede formar y así acomodar según la habilidad, en su caso como portera y capitana del equipo.

“La idea es que todas jueguen, si son constantes y si están viniendo y pagando tienen derecho a jugar; tienes que pensar quién está funcionando. Y en mi caso siempre estoy muy atenta porque no falta que te tiren de la otra portería y ya es gol. A veces hay que gritar un poquito y acomodar a la gente, pero siempre se habla para saber en qué estamos fallando”, expresó.

No obstante expresa que cada partido es diferente pues en ocasiones se enfrentan equipos “muy buenos” donde lo único que les queda es reírse cuando van 8-0, mientras que hay equipos que sí les dan la oportunidad de golearlos.

“Si pierdes es un poquito deprimente, pero también depende, porque si fue un partido que no regalaste no te sabe tan mal. Pero si viste que nada más no se armó el equipo sí es un muy desesperante; y la otra cara de la moneda es cuando goleamos un partido muy difícil, y nos vamos a festejar”, recordó.

 

“En las primeras canchas nos llegaban a cobrar 500 pesos”

El futbol femenil se practica en distintas canchas y torneos de la ciudad: la “Hernández” de futbol rápido, la del San Javier, la escuela de Tigres que sale a otros estados y otras más de futbol 7, donde cada cancha tiene su liga; además de esto cada vez se están formándose nuevas escuelas.

Tras participar en distintas “liguillas”, sus compañeras han sufrido distintas lesiones, algunas tienen ya los tobillos torcidos y ella, que es la portera, tiene mal los ligamentos de varios dedos lo que le ha impedido seguir tocando la guitarra, además de que en cada partido están propensas a lastimarse las rodillas o terminar con golpes y moretones, principalmente.

Entre las dificultades a las que se ha enfrentado está el compromiso de las jugadoras, debido que para muchas es sólo una actividad extra, mientras que otras sí lo ven como un compromiso.

“Si faltamos pues perdemos, el compromiso es mucho. Otra dificultad son los horarios pues muchas de las jugadoras trabajan o tienen hijos, entonces a veces es medio difícil que puedan zafarse para los partidos”, manifestó.

Es por eso que ella concibe como equipo a una máquina donde cada engrane tiene su función, pues cada jugadora es especialista en algo, donde habrá una que es caza-goles, habrá quien recibe los golpes y otra que da buenos pases, todo eso hace un buen equipo, enfatizó Verónica.

Con respecto al apoyo que brindan las autoridades (de los distintos niveles de gobierno) y las universidades, al futbol femenil, Dávila Guzmán mencionó que en su época no había canchas públicas, mientras que ahora ya son accesibles, una de éstas se ubica en Tejeda.

“Fue la primera que me tocó ver a mí de futbol rápido, hicieron otras de pasto sintético, pero pues te cobran poquito, a cien pesos una hora, es poquito porque antes otros llegaba a cobrar 500 pesos la hora”, expresó.

Verónica Dávila señaló que siente “las mismas rosquillitas” en el estómago siempre que inicia un partido, que siente lo mismo que sintió en su primer juego; pues nunca sabe cuántos goles van a anotar o cuántos les anotarán, además de que siempre que gana un torneo es “muy gratificante”, aunque el premio sea “muy poco”, lo importante es el que se haya logrado con todas las jugadoras hacer un equipo, llegar a una final y ganarla.

“Es padrísimo y más cuando la familia te apoya, aunque sea un torneo pequeño, siempre lo sientes como un logro”, expresó.

Al intercambiar las posiciones de juego, debido a su habilidad de reflejo fue que se quedó como portera (aunque inició en la delantera), porque nadie se quería poner de portera porque les daban miedo los golpes; juega desde hace tiempo en esa posición.

“El futbol me ha permitido tener mucho autocontrol”

Con el paso de los años se ha hecho de amistades, aunque espera poder entrar a una liguilla donde pueda jugar en otros estados. Dávila Guzmán dijo ser “Chiva de corazón”, además de admirar (aunque le cae “muy mal”) a Hugo Sánchez debido a que logró lo que ningún mexicano ha conseguido, puntualizó.

Finalmente Verónica explicó que el futbol le ha enseñado a tener mucho autocontrol, porque hay veces que las jugadoras se pasan de listas y tiene que controlarse, porque sabe que si la expulsan le va a afectar a todo el equipo, por lo que no vale la pena “calentar los ánimos”.

“El futbol es una buena forma de incluir a las mujeres, es una opción para meter a las chavas a hacer algo bueno, te exige ser bueno para poder jugar; también te exige mucho compromiso, pero te llena de diversión”, finalizó.

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