Información

Ha crecido tolerancia entre los jóvenes

“Las dependencias públicas no han hecho mucho para resolver los problemas de los jóvenes”, opinó el psicólogo Fernando Gamboa

Por: David Eduardo Martínez Pérez

A cinco años de la agresión que sufrió un joven emo en Plaza de Armas por cientos de jóvenes que querían golpearlo, Fernando Gamboa Márquez, académico de la Facultad de Psicología de la UAQ, advirtió que las dependencias públicas “no han hecho mucho por resolver los problemas de los jóvenes” y que la mejora en la tolerancia se atribuye más a la “decisión” de los mismos jóvenes que a la labor de la Secretaría encargada de atenderlos.

“Las dependencias públicas no han hecho mucho para resolver los problemas de los jóvenes. Si hoy vemos que no hay cosas como el movimiento anti-emo, es menos por el trabajo de las autoridades que por la decisión de los mismos muchachos”, afirmó.

Manifestó que aunque el acontecimiento ocurrido el 7 de marzo de 2008 sentó un precedente ‘importante’ en materia de intolerancia incitada mediante redes sociales, esta intolerancia ha desaparecido gradualmente de diversos estratos de la juventud queretana.

De acuerdo con el también especialista en jóvenes y secretario administrativo de la Facultad de Psicología, la intolerancia demostrada por los adolescentes que organizaron la agresión contra los emos habría correspondido a una etapa en la que los jóvenes dejaron de pelearse por el territorio para hacerlo por los gustos musicales y de vestido.

Sin embargo, para el académico estas “batallas por la imagen” habrían cedido su lugar a formas de convivencia “mucho más pacíficas y democráticas” de manera que ahora es totalmente posible ver a integrantes de diversas “tribus urbanas” ocupar los mismos espacios en distintos puntos de la ciudad.

“Surgieron mecanismos de solidaridad entre los muchachos que los hicieron dejar de lado las viejas manifestaciones de intolerancia. Todavía existen quienes se pelean por una esquina, o una calle, pero son menos. Lo que ya no se ha visto es el surgimiento de actitudes como la del ‘movimiento anti-emo’ de 2008.”

No obstante, el catedrático universitario consideró que esta “racha de tolerancia” no implica una resolución de todos los problemas a los que se enfrentan los jóvenes de la entidad y tampoco tiene que ver con las dependencias vinculadas con este sector, tal como sería el caso de la Secretaría de la Juventud.

Además, Gamboa Márquez señaló que no existen programas enfocados a reducir esta intolerancia y que cuando surge algún programa para fomentar la integración juvenil, éste viene de estructuras verticalizadas que no necesariamente toman en cuenta las opiniones de los representantes juveniles.

“Existen asociaciones legalmente constituidas, de punketos, por ejemplo. Yo conozco una asociación así en Carrillo Puerto, pero nunca los toman en cuenta al momento de aplicar políticas para los jóvenes.

“Si aún hay intolerancia y prejuicios, más que entre los jóvenes se da entre muchos adultos y a veces las propias autoridades. Muchos piensan que los punketos son anarquistas criminales, cuando en realidad son gente con altos niveles de conciencia social. Muchos defienden fuertemente la monogamia, pero se les aplica el estereotipo de violentos”, explicó.

Marginados de espacios culturales

En este mismo sentido, el especialista consideró que también hay marginación de los jóvenes a través de los espacios culturales, pues en las Casas de la Cultura no se ofrecen alternativas para los jóvenes con inquietudes artísticas o culturales.

“En cualquier Casa de la Cultura hay talleres de vitral, de repujado, de danza; eso atrae a algunos jóvenes, pero la mayoría se quedan afuera porque no les interesan esas actividades. Para las expresiones culturales y deportivas de muchos jóvenes que se dedican al grafiti o la patineta, existen pocos espacios”, alertó.

A la marginación que enfrentan los jóvenes dentro de los espacios culturales, el especialista agregó los prejuicios que también acompañan a quienes se ven forzados a caer en la categoría de “ninis”.

De acuerdo con Gamboa Márquez, existe una arraigada creencia que sostiene que los ninis lo son voluntariamente porque “son flojos” y “no les interesa ponerse a estudiar”.

Lo que el psicólogo propone es una revisión a estos términos para que se redefina al nini como alguien que padece las consecuencias de vivir en un sistema capitalista que lo excluye del trabajo y de la Universidad.

“De pronto pareciera que quien no estudia es porque no le dan ganas y prefiere quedarse en casa o ‘estar todo el día de vago’. Sin embargo, sabemos que la realidad no es ésa y que lo que está pasando es que no todos cuentan con las oportunidades educativas para ingresar a la educación superior o encontrar buenos puestos de trabajo.”

La marginación contra los ninis no sólo se expresaría a través de estos estereotipos que los muestran como personas “holgazanes”, sino que también tendría un peso fuerte el hecho de que se les criminaliza hasta por divertirse un rato en la calle donde se han criado toda su vida.

Adicciones, un prejuicio injusto

Fernando Gamboa expresó que resulta ‘hipócrita’ que todavía se detenga a jóvenes por beber en la vía pública, cuando se mira con tanta indulgencia el que otros jóvenes hagan exactamente lo mismo en los antros cercanos a las universidades. Lo mismo sostuvo en relación al prejuicio que identifica a todos los jóvenes que se divierten como drogadictos.

“No voy a negar que muchos jóvenes consumen sustancias enervantes pero de entrada eso no los hace drogadictos. Además ya no se juntan con la finalidad de drogarse sino que lo hacen con otros fines a los cuales la droga puede ser circunstancial.

“En los ochenta era común que los jóvenes se reunieran en Lomas de Casa Blanca para monearse y tomar chelas, pero eso también quedó muy atrás. Ahora se reúnen a patinar, a hacer grafiti o jugar futbol, a veces se drogan o beben cerveza, pero ése no es el motivo de sus reuniones.”

Puntualizó que aunque existe consumo de marihuana y PVC entre sectores considerados marginales, las drogas “verdaderamente peligrosas” circulan en antros y “afters” exclusivos sin que nadie haga nada para detenerlo.

Por otro lado, advirtió que los jóvenes han desarrollado nociones de respeto basadas en el reconocimiento al otro como alguien “que puede ser muy parecido a mí”.

“En el parque de Candiles coinciden dos grupos de chavitos muy diferentes: Unos ‘chacales’ y los otros así o más ‘fresas’, ambos se dedican a la patineta y por eso se guardan respeto mutuamente, reconocen sus habilidades y se admiran. Antes eso no habría sido posible, se habrían partido la madre”, sentenció.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba