Hablando en lenguas con tortilleras sobre Cuando crecía*

Estaba desayunando sincronizadas con exceso de queso americano, lo único que quedaba en el refri, cuando pensé lo gracioso de autodenominarme tortillera, en plan lesbiana en plan desyuno por la mañana y lo no tan gracioso que fueron las veces que había llorado porque se me leía como la volteada, la trastornada, la torcida, la amiga woke, y como ahora me digo la CUIRisHADA. Los últimos días he estado conversando con algunas amistades sobre el pride, sobre las movilizaciones por palestina, sobre 10 de junio del 2022 en Querétaro, sobre las mil marchas que han habido y que habrá a las que nadie asiste pero todxs están y hoy queremos platicar con ustedes sobre la rabia y el orgullo que nos atraviesa el cuerpo.
Cuando crecía me dijeron**
todas las luchas
todas las causas
Mexquititlán, Palestina
seguro se cree chicana
Les quiero contar lo que me contó La Prieta, una amiga cercana con quien platico últimamente, me contó que cuando crecía escondía su lonche en la mochila, criaturas blancas se reían llamándola tortillera, el crimen venía envuelto en la tortilla. Que con sus hermanxs empezó a llevar sándwiches de pan blanco a la escuela, después de un tiempo dejamos de llevar comida totalmente. Mi primaria está en lo vago de mi mente, que bonita la güerita, está gordita.
Cuando crecía me dijeron
bff, no eres lesbiana
tres tragos de vino barato
me besaba en su cama
Atrapada, solo un rato
Me gusta platicar con mi otra amiga La Güera que responde a las dudas que publico en Twitter y nadie responde. En la primaria no la había pasado tan mal, la favorita en casa por ser güerita, lo que estoy diciendo es que la alegría de verse como una chica blanca no es tan grande, desde que me di cuenta de que puedo ser golpeada en la calle por lesbiana. En la universidad igual, creímos que había quienes tenían más valor por escapar, recorrer el país pidiendo aventones, aprender en otros países, leyendo libros y estudiando “arte”, hasta que nos dimos cuenta que sus padres eran productores de cine en Hollywood, y mis padres, que no podrían nombrar a un solo productor de cine aunque su vida dependiera de ello (y precisamente porque su vida dependía de esto, no podría ser molestados).
Cuando crecía me dijeron
histérica, bipolar
necesita ser medicada
oh no ahora es adicta
necesita ser anexada
La güera conversa con multiples personas, un amigo, blanco y homosexual, me confió una vez que sentía, en cierto nivel, que yo no confiaba en él porque era hombre; y sentía realmente que si llegáramos a algo así como la “batalla de los sexos”, tal vez lo mataría. Y yo admití que tal vez lo haría. A la prieta le decían sus amistades de su raza, negras, asiáticas y las feministas “tu lealtad está en la raza, al movimiento chicano” “Tu lealtad es al Tercer Mundo” “Tu lealtad es al género, a las mujeres”, mientras la güera con su privilegio reflexionaba aún la palabra “opresión” ha perdido su fuerza. Necesitamos un lenguaje nuevo, palabras mejores, Hablar en lenguas. Constantemente en mi cabeza ¿Qué soy? Una lesbiana feminista tercermundista inclinada al marxismo y misticismo. Me fragmentarán y a cada pequeño pedazo le pondrán una etiqueta.
Cuando creía me dijeron
aquí hay una línea
¿Por qué no la estás viendo?
la Mar no entiende fronteras
¿Qué olas la trajeron?
Del río hasta la mar me sentía sola, buscaba en todas partes quién soy, mi lucha es por mi identidad, el derecho a que se reconozca mi realidad. Escuché a la prieta decir un día: somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio. Todos juntos abarcamos tantas opresiones. Pero la opresión abrumadora es el hecho colectivo que no cuadramos, y porque no cuadramos somos una amenaza. Se me ocurrió entonces que había más realidades, tal vez en el mundo quepan muchos mundos. No me dejó desperanzada, es mi orgullo existir y por lo tanto resistir: en el mundo zurdo yo con mis propias afinidades, y mi gente con las suyas, podemos vivir juntos y TRANSformar al planeta.



