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¡Hasta siempre, Comandante!

Por: Kevyn Simon Delgado

PARA DESTACAR: Fidel, se quiera o no, se le aborrezca o se le admire, representa la lucha de los pueblos contra el imperialismo estadounidense, Estado que nos ve al continente en su conjunto como su patio trasero, situación que Fidel, siempre, a su modo, trató de revertir

El fin del siglo XX para América Latina tiene una fecha exacta: 25 de noviembre del 2016, diez de la noche con 29 minutos, momento en el que falleció Fidel Castro Ruz, Comandante en Jefe y líder histórico de la Revolución cubana.

 

Cuando la noticia de su muerte se dio a conocer, a pesar de sus noventa años, he de confesar, sentí sorpresa y nostalgia ya que, como a muchos, ciertas etapas y rostros de Fidel Castro me resultan muy cautivadores, como siempre resultaron para millones desde que triunfó la Revolución cubana el 1 de enero de 1959.

Subjetividades aparte. Como historiador considero que la historia de Fidel es de las más interesantes y definitorias del continente, la que por supuesto debe ser analizada críticamente, procurando dejar las pasiones al lado. Meta nada sencilla, como se ha podido apreciar en los días posteriores a su muerte. Para unos, Fidel era un héroe que irá directo al panteón de los revolucionarios más admirados del mundo. Para otros, Castro era un dictador, un asesino, y para los cubanos exiliados en Miami era casi el mismísimo diablo.

Para la izquierda latinoamericana, incluyendo la mexicana, la muerte de Fidel, sienten los ha dejado huérfanos. Nadie a la altura del Comandante podrá suplirlo. Nadie con su historia, su longevidad, sus episodios tan importantes para la Guerra Fría, su influencia. Abajo quedaron Hugo Chávez, Daniel Ortega, Lula da Silva, Dilma Rousseff, Rafael Correa y hasta Pepe Mujica, quien le dedicó una sentida carta en la que comparó a Fidel con Don Quijote de la Mancha, héroe idealista de la histórica novela de Miguel de Cervantes, solo que el líder cubano luchó durante cinco décadas contra diez administraciones estadounidenses, cargando con una buena parte del peso del movimiento tercermundista de liberación nacional.

Casualmente, el mismo día que falleció Fidel, pero hace 60 años, partió el yate Granma desde la costa de Veracruz para iniciar el difícil pero triunfante camino de la Revolución cubana, con la que pasaría por la defensa en Girón contra la invasión patrocinada por Estados Unidos, por la tensa crisis de los misiles, por el socialismo a la cubana, por la muerte de sus lugartenientes Camilo Cienfuegos y Ernesto ‘El Che’ Guevara, por los exilios de miles de cubanos, por diversas crisis económicas, por más de 600 atentados contra su vida, por su apoyo desinteresado a la liberación de África y un largo etcétera que enmarca su historia y la de Cuba desde mediados del siglo pasado a la fecha.

Muchas personas se preguntan: ¿Cuál es el legado de Fidel Castro? ¿Cómo serán las repercusiones de su muerte? En un momento en el que se están restableciendo las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, país donde fue recientemente electo el candidato republicano Donald Trump, quien calificó al líder cubano como un dictador, su fallecimiento se presenta en un momento de incertidumbre. Su legado, la Revolución cubana misma, se definirá, muy probablemente en los meses por venir.

Para la historia, la figura de Fidel Castro es trascendental, quizá el personaje más importante de América Latina de mediados del siglo XX a la fecha, ya que Fidel, se quiera o no, se le aborrezca o se le admire, representa la lucha de los pueblos contra el imperialismo estadounidense, Estado que nos ve al continente en su conjunto como su patio trasero, situación que Fidel, siempre, a su modo, trató de revertir a favor de la liberación y la igualdad de los pueblos.

 

 

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