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He tenido sexo mil veces pero nunca he hecho el amor

Desde niña, siempre he sido una mujer sola, dice Carolina en la Zona de Tolerancia, Av. Universidad.

Una vez un señor por poco y me mata, no quiero ni acordarme —nos platica Carolina, que trabaja en la zona de tolerancia de Avenida Universidad — esa vez hubo bronca aquí en el bar, empezaron los golpes y entonces un cliente me preguntó si me iba con él. Me subí al taxi porque ya no quería estar en el bar; nos fuimos al hotel donde estaba hospedado. Ya en el camino me preguntó:

— ¿Cuánto cobras?

— Depende de cómo lo quieras te sale en 300 o 400 pesos, le contesté, entonces me dijo:

—Te doy 200 pesos…

Llegamos al hotel Magno, al entrar al cuarto pidió una cerveza, en eso se desnudó y me dijo:

Quiero que me la mames sin condón…

Así como se oye de vulgar, así me dijo.

Le contesté:

Yo no trabajo sin protección, mejor ahí muere…

Me enojé y rápidamente quise salirme, pero el cuarto estaba cerrado con llave. Dentro de mí pensaba: ¡Ay Dios mío!, me encomendé a Él porque pensaba que el tipo me quería matar, al dirigirme al teléfono lo desconectó y lo pateó. Me jaló del pelo y me aventó en la cama, luego quería ahorcarme y me dijo:

— ¿Sabes quién soy yo desgraciada?

Total, me robó y me golpeó, ya no quiero ni acordarme.

Es una noche como cualquier otra, Carolina, sentada en la banqueta espera tranquilamente la llegada de sus clientes… Los automóviles transitan por la avenida deteniéndose por segundos para observar a las mujeres que ofrecen sus servicios afuera del bar. Entre todas sobresale la figura esbelta de Carolina, su cabello largo, facciones finas, discreta manera de vestir y una mirada triste. Sigue platicando:

Cuando era niña siempre estuve sola, porque mis papás tenían que trabajar en el campo para mantenernos a mí y a mis hermanos. Al cumplir 16 años tuve mi primer novio, me enamoré y como dicen por ahí me comí la torta antes de tiempo, tuvimos un hijo que ahora tiene ya 8 años. Cuando mi novio supo que estaba embarazada se enojó y me dijo:

— ¡Pero cómo que estás embarazada!

Desde ese momento él me empezó a despreciar, y me vi en la necesidad de trabajar. Cuando llegó el momento de tener a mi bebé el padre de mi hijo fue al hospital y me dijo:

— Carolina, no sé qué me da verte, ¿tú sabes cuántas mujeres mueren al año al dar a luz?

Yo le contesté: “Será lo que Dios quiera, yo no tengo miedo y sí quiero que nazca mi hijo y lo voy a sacar adelante”.

Le pedí tanto a Dios que naciera bien, que no fuera a nacer enfermito, como yo, que estuve a punto de morir porque tenía una falla en el corazón.

Nueve meses después del nacimiento de mi bebé, me enteré que su padre se iba a casar con otra. Él se casó por la Iglesia, fui a su boda, aun no comprendo por qué fui, pero sentí muchos celos, dolor, y lloré como nunca antes había llorado. En ese momento quería matarlo, pero mi papá me hizo darme cuenta de que él no era hombre para mí. Desde ese día mi vida cambió mucho, dediqué toda mi vida asacar adelante a mi hijo.

Tiempo después conocí a un hombre casado, nos enamoramos y él se divorció para casarse conmigo, volví a embarazarme y tuve una niña. Creo que éramos muy felices, él tenía una carnicería y entre los dos nos ayudábamos. Cuando mi niña cumplió su añito volví a quedar embarazada, nació mi tercer niño, mi “piloncito”, le digo yo. Pero mi esposo no estaba de acuerdo con el nacimiento de mi bebé, él sentía mucho coraje y yo mucho gusto, entonces mi esposo me dejó por otra. Me quedé sola y sin tener con qué darle de comer a mis niños busqué trabajo, fui a un restaurante por la autopista, ahí me dieron chamba de mesera y lavaplatos… bueno, la hacía de todo, entonces pasaban los traileros y los de los carros, me decían: “estás muy guapa, te invito mi carro”. Otros me decían: “¿Cuánto y acá…?”

Como ganaba muy poquito me echaba mis mochadas con los choferes para sacar más dinero.

Yo lo hacía por mis hijos, por necesidad, no por gusto, y de ahí me vine a trabajar al bar hace como un año más o menos. Nadie de mi familia sabe que me dedico a esto, yo les digo que trabajo en un restaurante, mi hermana vive aquí cerca y me da miedo que algún día pueda pasar por aquí y me vea. Hace poco pasó un pariente, iba en la ruta, yo me hice la despistada y me paré como si estuviera esperando el camión; lo bueno es que no me vio allá en la puerta de los cuartos, si me hubiera visto allá, yo creo que me muero. Sólo una vecina sabe que soy prostituta, pero como sabe que lo hago por mis hijos, nomás me dice que junte un dinerito para dejar pronto esto y así viva en paz con mi familia, porque ellos no tienen la necesidad de saber a qué me dedico.

Para protegerme de las enfermedades siempre pongo de requisito que mis clientes usen condón. Además, me hago análisis cada 15 días en cualquier centro de salud gratuito. Y es que ahorita nos tienen bien controladas, si nos vamos de aquí nos multan y nos pueden hasta meter al bote por un rato, el gobierno nos tiene bien checadas; de vez en cuando vienen los inspectores a preguntamos si estamos al corriente con los análisis de sangre y el Papanicolaou.

A veces llegan clientes y me quieren dar 100 pesos, lo más barato que se los he dejado es a 150, ya que yo cobro de 350 a 400 pesos por 13 o 20 minutos, el trabajo se los hago rápido para esperar a otro cliente. Algunos vienen y me platican sus broncas, me dicen que me salga de trabajar y que ellos me mantienen, pero yo sólo los veo como clientes. Antes hasta venía una chava y quería que se lo hiciera oral pero yo le dije que no, se me hace asqueroso; esta chava tiene dinero, trae un carro último modelo, pero me da miedo contraer una enfermedad, me decía que me pagaba lo que yo quisiera pero nunca acepté.

Cuando termino el día me siento como dice Arjona: he tenido sexo mil veces pero nunca he hecho el amor. Llego a mi casa me pongo a pensar en el día que pasé y en mis hijos, luego me baño, me pongo mi pijama y me duermo.

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