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Historias de un huachicolero, así trabajan en Querétaro

“No te preocupes, fumábamos hasta cuando estábamos ordeñando” dijo sentado en su auto que estaba estacionado frente a los baños de una gasolinera. Parecía estar allí para comprar combustible, aunque, bajo condición de reservar su identidad, concedió declarar cómo la obtenía gratis: “Yo no sabía quiénes eran ni los lugares donde trabajaban. Tenía presente que existía, todos por aquí lo saben. Pero no compraba gasolina clandestina” aseguró.

Finalmente, un día halló dónde vendían combustible robado: “Compramos y ya que era más barata empezamos a comprar más allí. Ahorita está en 15.60 la magna y 17.40 la Premium; allí te venden el litro de ambas a 10 pesos. Un día fui yo solo y un camión de ellos no quería arrancar. No daba marcha. Ya estaban listos para ir a sacar. Yo sé un poco de autos y le ayudé” relató mientras apagaba su cigarrillo en el cenicero.

En las dos últimas semanas hubo cuatro explosiones por ordeña de ductos en Veracruz y una en el Estado de México. No obstante, esa gasolinera pudo ser más segura que aquel escenario, para una pequeña brasa. Las catástrofes en las tomas de esos estados no se repitieron esta vez aquí en Querétaro.

Continuó su relato: “Ya que arrancó el camión me ofreció ir por si volvía a fallar la marcha. Me ofreció casi mil pesos por dos horas. Lo pensé, no tenía nada que hacer, lo acompañé, me pagó y me regaló el tanque lleno. Como iba yendo me pedían de vez en cuando que les ayudara. Dentro de un tiempo me empezaron a hablar ellos y poco a poco me uní”. Acto seguido, arrancó el motor de su auto, alimentado con la gasolina que comercia mercantilmente.

En tanto entró en la carretera, recorriendo una de las vías básicas del municipio, al subir un puente vehicular esbozó los límites de la ciudad, medido por las candelas de los faroles públicos. “La organización es muy pequeña, no llega ni a nivel municipal”. Asegura sólo conocer cuatro grupos cercanos, “pero hay muchos más y más y más. Hay brotes en todos lados, en cada pequeña zona. Todo es independiente. No es tanto como un gran crimen organizado sino como más bien de particulares. No hay un cabecilla que controle todo, y nadie se pelea, porque hay para todos” relató.

Según dictan las reglas del mercado negro, una persona puede posicionarse como dueño del segmento de un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex) por la cantidad de 150 mil pesos; éstos se pagan a un contacto dentro de la paraestatal y proceden a instalar una válvula cuyo destino queda sujeto al libre albedrío del comprador.

Además, el contacto le informa cuando un ducto está en mantenimiento y no se puede ordeñar. “Conocíamos desde adentro de Pemex cuando hacen una interface y cambian lo que lleva el ducto. Por uno mismo avientan diésel, magna o premium. Entonces, nos decían. Teníamos que esperar dos horas a que pasara un líquido que limpia el ducto. Eso no sirve para vender. Ya que esperas, entonces abres. Es una gran sorpresa, no sabes qué llevará, si gasolina o diésel. Pero igual todo se vende” detalló.

El “dueño” del ducto sólo recoge el dinero

En cuanto al ‘modus operandi’ refirió: “Dos días a la semana, cuando los policías están haciendo alcoholímetros, dejan descuidadas las zonas donde se ordeña, y es cuando es la hora. En donde yo estaba eran como 14 o 15 personas. No dejan que muchos entren porque se divide más el dinero” señaló.

En jerarquía, en la cima de la pirámide está el dueño, el que compró el ducto, “sólo pasaba a recoger dinero” refirió al respecto; debajo de él están los que extraen, almacenan y venden el combustible, además de los choferes que lo transportan. Y al último, hay algunos ayudantes con funciones secundarias o complementarias. “Cada camión tiene capacidad para unos 20 mil litros. No puedes sacar más de eso, porque es mucho tiempo y levanta sospechas, además es mucho peso para el camión”.

Dichos camiones, asegura, están modificados con, por ejemplo, conexiones de válvulas inferiores, o cajas señuelo, que pueden servir al ordeñar para ocultar la toma y al estar en marcha, para aparentar ser un camión que transporta materiales para construcción, o tepetate, respectivamente.

Afirmó que ante el riesgo que representa el ser apresado por fuerzas policiales decidió dar un giro y pasó de la extracción a la reventa, “Yo iba y compraba a precio de mayoreo y después lo vendía a mis clientes, además, también me regalaban. Vendía garrafas de 20 litros. Pagaba como 170 por garrafa y la revendía en 250. Le ganaba de 70 a 80 pesos por garrafa, pero vendía unas veinte al día. En un fin de semana vendía 4 mil litros. Ahorita no ha habido trabajo, entonces no he ido. Malgasto mucho dinero, pero fácilmente he ganado más de 50 mil pesos en lo que va del año. Cada fin de semana ganaba al menos 2 mil, y máximo 4 mil pesos. Como a la semana siguiente iba a ganar lo mismo, lo gastaba como se me ocurría” reveló.

Apoyo de policías y comunidades

Aunque realizar este tipo de comercio es riesgoso desde más de una razón, indicó que nunca estuvo en una situación que le representara un riesgo contundente. Por otro lado, señaló como anécdota una ocasión en que “se nos atascó un camión y por el camino venían unas patrullas. Yo me escondí, creí que hasta allí había llegado. Pero cuando llegaron, vimos que esos policías eran conocidos, amigos, y después de un rato nos ayudaron a desatascar el camión”.

De lo que deriva que dentro del proceso hay elementos del cuerpo policial implicados, “Hay policías claro. Avisan de retenes y cosas similares. En realidad es algo más comunitario. No es porque sean vendidos secamente, sino que son conocidos que tienen posiciones en las que te pueden ayudar y salir beneficiados también por camaradería” destacó, antes de dar vuelta por un callejón.

A las afueras de un bar donde terminó el recorrido, señaló: “Aquí en Querétaro no es tan grande el movimiento. Donde sí es en Puebla. Aquí si te agarran, te agarran y listo; allá los que ordeñan sí traen pistolas y se agarran a tiros con la policía. Allí te dan a cinco pesos el litro porque todos tienen ordeña”.

Además consideró que dentro del entorno hay hechos pintorescos, por ejemplo: “Hay quienes sí están muy metidos y tienen un santo, le rezan al Santo Niño Huachicolero. Si yo me dedicara de lleno a eso, creo que si le rezaría. Para mí sólo era una pequeña ganancia porque tengo otros trabajos. Además siempre he sido muy agresivo. Siento que yo si me aloco yo sería como los de Puebla, que matan por un ducto o un camión, pero aquí en Querétaro es muy tranquilo. Son personas normales, que no te lo imaginas. Como a quien saludas en la calle. Al final de cuentas vas, y compras, y después de mucho tiempo de comprar pues ves que también puedes revender para tus amigos. Cuando te das cuenta ya estas vendiendo” destacó al frenar, para después bajar del vehículo, y entrar al bar, cuyo frente era recorrido por los restos gaseosos de tabaco y oro negro.

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