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Hombres de cantera

El gobierno no ve por los intereses del campesino, solo ve por los grandes empresarios, se lamenta Filiberto Durán

Por: Lourdes Durán Peñaloza

Nada vale ya, coinciden don Fidel Vázquez, don Mónico Ruiz y Filiberto Durán. Han dejado sus barras encima del material rezagado, para huir unos minutos del intransigente sol que azota el banco de cantera. Un par de horas rebasan el mediodía.

Cobijados por una sombra, rodeados de grandes paredes tapizadas de cantera, los tres hombres rememoran los ochenta. Coinciden en que en aquella época el dinero rendía más.

Algo no anda bien. Se percibe en el aire, en las piedras, en los rostros de los tres hombres canosos, y en los de la docena que golpea insistentemente la piedra, unos metros más arriba.

Para quienes optan por permanecer en el municipio de Huimilpan en lugar de irse a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, la situación no es nada alentadora.

La veintena de hombres que se dedican a la extracción de cantera en El Capulín, comunidad de La Ceja, lo saben mejor que nadie.

La cantera: un lujo

A lo mejor sí es un lujo, y no cualquiera la pueda comprar, reconoce Filiberto Durán: hay cosas más baratas y accesibles, pero… los revendedores, muchas veces, no se miden en el precio.

Eso, y que la gente prefiere utilizar otro tipo de material más económico, aunque a la larga le resulte más caro.

“Antes sí había pedido, pero ora ya se escaseó. No hay, y no nos alcanzamos ni a mantener. Yo ando trabajando pero no gano yo dinero”, lamenta don Fidel Vázquez.

– ¿Desde hace cuánto tiempo empezaron a escasear tanto las ventas?

–Hace como tres años que ya no se vende. Se vende, pero muy poquito y no nos alcanzamos a mantener.

– ¿Siempre ha estado usted aquí, en este banco de cantera, desde que empezó?

– Hey, sí. Tengo como 38 años.

– ¿Cuánto les cobran de renta, al mes?

–No, pues aquí estamos pagando… más, antes nos cobraban cien pesos por semana y aquí pues ya es diferente, pero es el 20 por ciento.

A él se une don Mónico Ruiz.

–Vendía uno algo (antes), unos mil pesos –semanales– o algo así, pero ora ya no.

– ¿Cuánto tiempo tiene usted aquí, don Mónico?

–Pues también como Fidel, unos 36, 38 años. Yo trabajo cada año nada más ocho meses, y me voy pa’ la milpa.

–Al maíz…

–A la labor, sí. A veces no vendemos nada, a veces vendemos unos 300, 400 pesos, cuando bien nos va. El material ahí está, sí podemos sacar a la mejor unos 150, 200 pesos diario, un día con otro, pero no se vende la piedra. Ahí está la piedra.

Conflicto de intereses

–Todo repercute en la gasolina –sostiene Filiberto Durán–. Ahí es donde cae toda la carestía, y todo lo que se baja. Lo que uno trabaja ya no tiene valor porque el traslado es muy caro. Eso es.

–Yo sé que el gobierno… ahí es donde no se está viendo por los intereses del campesino, está viendo por los intereses de los grandes empresarios. Es todo lo que hace, y pues ahora sí que los que sufrimos las consecuencias somos nosotros. Aquí trabajamos puro campesino, ya sea la cantera, ya sea en la milpa, ya sea en el cerro con los animales, pero nada vale ya.

– ¿Por qué?

 

–Porque el gobierno ya nada más a la pura empresa. Un animal no lo suben aquí, la gasolina sube cada mes, y ésa sí, no hay ni quien les diga nada. Hace más de cinco años que no suben el precio de la cantera.

– ¿Por qué?

–Porque como está la situación, que muy a fuerzas nos compran unos cuatro o tres trozos por semana, si incrementamos nosotros el costo, realmente no nos van a comprar, entonces sería para nosotros peor.

Apoyo. Cualquiera es bueno. Promoción, por ejemplo: que vean lo que hacen y cómo lo hacen.

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