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Impactan denuncias de acoso a la UAQ

Las estudiantes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) se encuentran desprotegidos ante actitudes de acoso y hostigamiento por parte de profesores, compañeros y trabajadores, coincidieron varios especialistas consultados por Tribuna de Querétaro. Por si fuera poco, los mecanismos que pueden llegar a ejecutarse no garantizan una respuesta oportuna para quienes deciden hablar.

De acuerdo al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, la Organización de las Naciones Unidas define la violencia de género como todo acto que resulta o puede resultar en daño o sufrimiento físico, sexual (incluyendo el acoso sexual) o psicológico para la mujer, tanto en la vida pública como en la privada.

Según el “Protocolo para la prevención, atención y sanción del hostigamiento sexual y el acoso sexual” de la Administración Pública Federal (APF) indica que el acoso sexual es “una forma de violencia con connotación lasciva en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado de indefensión y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos”.

“María”, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, recuerda la primera vez en que se sintió intimidada por un profesor de su facultad; menciona que, al acudir a su cubículo por fines académicos, se hicieron presentes miradas lascivas del maestro hacia su cuerpo, lo que la llevaron a sentirse incómoda.

Asimismo, Andrea, narra que mientras caminaba por la Facultad de Ingeniería “un grupito de chavos me empezaron a gritar y volteó, no había ninguna otra mujer, y me decían ‘¿cómo te llamas? Ven, acércate’ Y me sentí muy rara, solo caminé más rápido”.

Sin protocolos para casos de violencia de género en la UAQ

En este sentido, Sulima García Falconi, académica especialista en el tema, comentó que cualquier sociedad patriarcal en donde haya una relación entre hombres y mujeres es “sencillo y fácil” ejercer acoso y violencia de género sobre las mujeres y en el espacio universitario, la situación no es menor.

Asimismo, puntualizó que “en las aulas esta situación se repite, cuando el hombre está al frente. Ese profesor cree que puede ejercer este control sobre la otra, porque tiene una posición de poder y entonces es más fácil manipular ciertos hechos, en este caso, de corte sexual”.

Reconoce que es importante ejercer un protocolo para “poder señalar que sí es acoso y no sea solamente una cuestión de percepción”, algo con lo que la UAQ hasta el momento no cuenta.

De acuerdo al portal Animal Político, hasta abril del 2016, sólo cuatro universidades contaban con protocolos para el acoso y violencia sexual, tal como la Autónoma de Sinaloa, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Universidad Veracruzana y la Universidad de Quintana Roo.

Posteriormente, en agosto de 2016 la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer el ‘Protocolo para la Atención de Casos de Violencia de Género en la UNAM’ en donde se establece “un lineamiento claro sobre los pasos y criterios que deberán seguir las instancias dependientes de la Oficina de la Abogada General y busca establecer pautas relevantes para otras autoridades de la Universidad que participan en la atención de casos de violencia de género”.

Falta perspectiva de género

Al respecto, la especialista Michelle Villanueva Moreno, colaboradora de Género UAQ, refiere que hasta el momento todavía no hay una ruta definida, por lo que apenas se genera el proceso de un protocolo que permita unificar, ya que “cada facultad tiene rutas distintas y diversas para la atención del acoso sexual o la violencia sexual”.

Sin embargo, señala que Género UAQ al ser “un área que busca sensibilizar los temas de género, prevención de la violencia y sobretodo desmitificar todos estos estereotipos” no tiene una facultad de investigación ni de sanción, lo cual los limita: “lo único que podemos hacer es brindarle asesoría a las compañeras”.

Reconoce además que hay un desconocimiento sobre los derechos humanos y sobre la perspectiva de género en todas las facultades, por lo que plantean, como propuesta, tener una materia transversal en que todas las licenciaturas puedan sensibilizarse y así poder prevenir asuntos de violencia de cualquier tipo.

Además, Villanueva Moreno señala que si bien Derechos Humanos UAQ trata de llevar un registro con formatos en donde se hace un sondeo con las quejas, todavía no se pueden definir exactamente cuáles son los indicadores cuantitativos.

Impunidad en los casos

Por su parte, Bernardo Romero, coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UAQ, acota que es difícil saber cuántos casos de violencia de género y acoso sexual se dan dentro de la institución, ya que es una práctica que se normaliza entre la comunidad universitaria y no se denuncia.

Desde 2016 -cuando se creó el programa universitario- se documentaron al menos 15 casos de acoso o violencia de género y 36 de otro tipo. En 2017, fueron 11 quejas específicamente, relacionas con esa vertiente.

También señala que “algunos casos están impunes todavía, otros están en proceso, y algunos casos hay profesores o trabajadores que están despedidos. Incluso profesores de tiempo completo que es lo más difícil”.

“Porque esa es la otra, un profesor por honorarios es más fácil despedirlo, simplemente no se le recontrata. Pero en los casos de profesores de tiempo completo entra el sindicato, y el sindicato tiene que defenderlos, por supuesto, es parte del juego de la democracia”, refiere el también exombudsman queretano.

Referente a las acciones que se toman al recibir algún caso de este tipo, comenta: “procedemos si la falta es grave; lo que hacemos es que solicitamos al Rector, a la Rectora ahora, que se convoca a la instancia que sí juzga, nosotros no juzgamos, solamente atendemos y orientamos a las víctimas”.

“Cuando llegamos a comprobar que sí hay tal [acoso], es el consejo de Honor y Justicia del Consejo Universitario el que toma el caso, y pasa primero por la comisión de estructura, que tiene la comisión de llamar a las partes, investigar y en su caso sancionar”.

De acuerdo al capítulo IV del Código Penal del Estado de Querétaro, el artículo 167 BIS establece que al que “mediante coacción física o moral, con fines sexuales para sí o para un tercero, asedie a cualquier persona sin su consentimiento, se le impondrá pena de 1 a 3 años de prisión, de 100 a 600 días multa, y desde 100 hasta 850 días multa por concepto de reparación del daño”.

“Cuando el sujeto activo sea servidor público, y utilice los medios o circunstancias que el encargo le proporcione, además de la pena prevista en el párrafo anterior, se le destituirá de su cargo y ningún superior jerárquico del hostigador o acosador debe hacer caso omiso en recibir y/o dar curso a una queja, pues se puede solicitar que se implementen sanciones administrativas para ellos también”, apunta la ley.

Sin embargo, Romero Vázquez señala que a la víctima que denuncia no se le garantiza nada, pues el primer problema es que la Universidad es una instancia de “base muy ancha, como los elefantes, que no se mueve ni para adelante ni para atrás” y considera que mover un mecanismo así es muy complicado: “pasa por muchos filtros, por muchas inercias; que se detiene y hay que impulsar para que no se detenga. También la justicia en este país, en este mundo, está para proteger al victimario, no a la víctima”.

Las universitarias alzan la voz

Ante el hartazgo de las mujeres universitarias por los casos de abuso, acoso sexual y hostigamiento por profesores, administrativos, empleados y compañeros de la UAQ, Tania Almada, egresada de la Facultad de Lenguas y Letras, inicia la campaña #YoTambiénUAQ, el cual pretende que “la comunidad de mujeres de la UAQ, alumnas, exalumnas, docentes, exdocentes, administrativas, cualquier mujer que tenga alguna relación con la UAQ denuncien este tipo de situaciones por parte de hombres en posiciones de poder dentro de la Universidad”.

Tania Almada, quien también es docente de inglés en algunas facultades y exalumna de la Facultad de Psicología, comenta que “tan sólo en las primeras 24 horas ya superamos los 200 miembros, ya se hicieron algunas denuncias. Estamos animando a las chicas porque es un tema complicado, muchas tienen temor a denunciar y algunas ni siquiera saben que fueron víctimas de este tipo de situaciones”.

Asimismo, reitera la pertinencia de que este movimiento surja mediante redes sociales, pues considera que son una de las herramientas preferidas de esta generación: “me atrevo a hablar de la generación ‘milenial’ que es tan criticada, pero me parece una buena plataforma para darle voz a las mujeres y que más personas se enteren de lo que está sucediendo”.

Señala que la visibilización de las denuncias es muy importante, pues considera que la UAQ no está involucrada en crear soluciones al respecto: “si las autoridades universitarias estuvieran más involucradas en esta situación no veríamos tanto miedo por parte de las chicas para denunciar. Y ya hubiera generado un protocolo para este tipo de casos, ya tendríamos un organismo descentralizado en el que las chicas pudieran acudir a hacer sus denuncias, pero no lo hay”.

Además, puntualiza que la movilización se da por colectivos externos y las mismas universitarias. Tal como Brenda Avendaño Martínez, estudiante de la Facultad de Filosofía de la UAQ, quien desde hace un año inició un proyecto junto a otros compañeros y compañeras para documentar los casos de acoso y violencia de género que ocurrían en la Universidad: “yo quería conocer los índices para poder exigir que se instaure un protocolo que no sólo atienda los casos cuando hay víctimas, sino que se haga un modelo para la prevención de la violencia y convivencia, basados en la perspectiva de género”.

Todo esto ha sido de manera virtual, el blog y una página de la red social, por la que pueden hacer contacto las personas, pues le preocupa “se ignore a quienes queremos alzar la voz y que se encubra a las y los agresores”.

Rugen las denuncias en #YoTambiénUAQ

Tan sólo en su primera semana, el foro de #YoTambiénUAQ ha tenido un alcance de más de 800 miembros y hasta el día 28 de febrero de 2018 se documentaron en el portal 31 denuncias. En donde ya se mencionan nombres específicos de docentes e incluso se repiten en más de una denuncia.

Se tiene que la Facultad de Psicología cuenta con ocho denuncias. La Facultad de Derecho y la Facultad de Bellas Artes, cuentan con cuatro denuncias cada una. Asimismo, la Preparatoria Sur, cuatro denuncias; la Preparatoria Norte, tres denuncias; Ciencias Políticas y Sociales, así como Lenguas y Letras, una denuncia. Psicología, campus San Juan del Río y Medicina una denuncia. Por último, tres denuncias a intendentes y empleados de seguridad.

Tania Almada espera a que se reúnan más denuncias y con números en mano, sacar algún tipo de estadística: “llevarlo a las autoridades universitarias, y decirles que hay un problema en la universidad y tiene que atenderlo”.

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