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Intolerancia e hipocresía

Por: Víctor López Jaramillo

Así como la llegada de Ronaldinho a los sufridos Gallos Blancos ha volcado a la ciudad en un torrente de euforia y optimismo, en esa vorágine también hace que salga a flote el lado oscuro de Querétaro.

El pasado fin de semana, las redes sociales y los medios de comunicación dieron cuenta de un comentario en el muro de Facebook del panista Carlos Manuel Treviño Núñez, quien se desempeñó como secretario de Desarrollo Social en la administración 2006-2009, en donde, molesto por el tráfico generado en las cercanías al Estadio Corregidora, llamó “simio” a Ronaldinho.

El comentario, amplificado por las redes sociales, de inmediato generó respuesta por parte del Club Querétaro que exigió que se castigue al exfuncionario de acuerdo a la ley.

Independientemente de la disculpa pública que ya hizo el panista, basta revisar su cuenta de Twitter para ver que el odio y la discriminación dominan su timeline. Evidentemente, su comentario contra Ronaldinho no fue una casualidad, sino una consecuencia de todos sus odios.

Y lo mismo sucede a nivel general, su comentario racista no es un hecho aislado en Querétaro, es una consecuencia de la intolerancia de la sociedad queretana que ha ido generándose en años recientes.

Intolerancia que hasta el mismo departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos de América detectó en su cable 08MEXICO3282_a, el cual fue filtrado por la agencia WikiLeaks, mismo en el que afirma que Querétaro es próspero pero intolerante, y para muestra pone el caso de los jóvenes emos golpeados por una turba colérica en Plaza de Armas en el primer trimestre de 2008.

Pero el linchamiento de los jóvenes emos no ha sido el único caso, recordemos los desmanes en un festival de Rock en 2012, donde hubo varios jóvenes golpeados y una mujer violada; lo que era una fiesta de música se convirtió en una fiesta del odio.

A eso, sumémosle la latente xenofobia en la sociedad queretana como respuesta a la migración masiva a la capital queretana. Cuando hay un accidente, más de uno dice: “de seguro son de fuera” o “han de ser chilangos”.

El rechazo al otro se manifiesta desde las más simples expresiones. Y lo peor aún: son alentadas por el mismo gobierno estatal o municipal cuando en su discurso manejan que quienes cometen los delitos “son de fuera”, es decir, no son queretanos.

Y cómo olvidar al inspector de policía que se burló en Twitter de las mujeres indígenas que venden su mercancía en el Centro Histórico. Evidentemente, el exabrupto de Treviño contra Ronaldinho por su color de piel es un síntoma de un problema latente en la sociedad queretana que se va incubando lentamente y crece poco a poco: el clasismo, la discriminación y, finalmente, el odio.

Como sociedad, debemos decir no a la discriminación, a la xenofobia y al racismo, todos síntomas de discurso del odio. Estamos a tiempo de frenarlo.

PD. Del muro de Facebook de Jorge Coronel tomo el siguiente escrito y lo comparto con ustedes: Doña Juana, oriunda de Amealco, vende tortillas, desde hace años, en el Mercado de La Cruz. Muchas veces ha experimentado el racismo queretano: muchas veces le han dicho “India mugrosa”. Y nadie dice nada.

Petra es barrendera del municipio de Querétaro. La gente la ve con desprecio, porque está sucia, porque barre las inmundicias de la sociedad queretana. Le han dicho de todo: “Lárgate a tu rancho, mugrosa”, por ejemplo. Y ningún queretano se indigna.

Juanita es una niña indígena llegada de la comunidad de San Miguel, Tolimán. Por las mañanas trabaja en un crucero y por las tardes asiste a la escuela. Ahí sufre el bullying, siempre: “Naca, prieta”. La agresión verbal es constante, brutal. Ningún queretano expresa rechazo en las redes sociales.

Juan es un niño indígena, oriundo de Amealco, su tono de piel es de los del color de la tierra: moreno. Pero la sociedad queretana, orgullosa de su pasado colonial, no lo ve así y le espeta: “Prieto, negro”.

El escritor Agustín Escobar Ledesma, en varios de sus libros, ha documentado, una y otra vez, las joyas del racismo queretano. Nadie ha dicho pío. Las investigadoras de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) Luz Amelia Armas Bris y Oliva Solís han dado a conocer cómo trataba, en años anteriores, la clasista sociedad queretana a los africanos: como esclavos. Nadie se ha indignado.

A Ronaldinho, famoso futbolista brasileño, un panista queretano lo llama “simio” y todo mundo se desgarra las vestiduras.

José Calzada Rovirosa, gobernador del estado de Querétaro, señala que esa declaración puede costarle al político queretano una pena de 1 a 3 años de cárcel, “o trabajo comunitario”.

¡Imagínense si se denunciara el racismo queretano! ¡Las cárceles no tendrían cabida! ¡Cuánta hipocresía pulula en el ambiente!

Nada extraño en un estado, el de Querétaro, que al igual que el resto del país, mejor dicho como nación, es un invento europeo.

¡Poder: necesitas del odio y las clasificaciones para sostenerte! Querétaro, México, 16 de septiembre de 2014

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