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Intranquilidad constante

Grecia

Hace mucho estoy intranquila, tanto tiempo que no puedo recordar un día de los últimos siete años que me sintiera segura o en paz. Recuerdo muy bien el primer ataque de ansiedad que viví después de que un hombre desconocido me persiguiera en la calle con un cuchillo en la mano: la hiperventilación, falta de aire, cómo sentía las piernas pesadas y débiles…

Agradezco tanto a las mujeres que me dejaron entrar a su casa cuando me vieron corriendo en la calle, de no ser por ellas tal vez no podría estar escribiendo esto hoy. Podría decirse que a partir de entonces tengo un sentimiento constante de ser perseguida cuando estoy en la calle, todo el tiempo volteando a mis alrededores y ampliando mi visión periférica para estar más que consciente de lo que ocurre a mi alrededor. Un constante estado de alerta que en muchas ocasiones me abruma más de lo que me ha llegado a ayudar.

También recuerdo cuando mis amigas tuvieron sus primeras relaciones amorosas, tristemente la mayoría abusivas. Me dolía tanto verlas llegar a mi casa con evidencias de abuso tanto físico como emocional, pero éramos tan jóvenes e ignorantes que lo único que podíamos hacer era abrazarnos y escucharnos entre nosotras y encapsular todo el odio e impotencia, no sabíamos qué hacer.

Cuando vi el cartel de búsqueda de una de mis amigas más íntimas volví a tener un ataque de ansiedad, pero esta vez más fuerte y doloroso. Sentí tanta tristeza y desesperación de pensar que no podría volver a coleccionar risas, abrazos y memorias con ella… desde entonces no he dejado de decirle a cada una de mis amigas que la amo, nunca sé si será la última vez.

¿Quién nos dijo que debíamos odiarnos entre nosotras? Yo no puedo pensar en ningún momento de mi vida donde una mujer no me haya cuidado, no se haya preocupado por mí o no me diera un vínculo de escucha y amor, aun cuando otras mujeres me habían violentado. Y es que yo vivo de recuerdos y este 25 de noviembre me pongo a pensar en todas las situaciones que mis amigas, mis familiares mujeres y sobre todo mi mamá me han escuchado y abrazado.

No me cabe el amor y no sé cómo expresarlo y hacerles saber lo mucho que nos estimó y quiero seguir recopilando historias.

Definitivamente es una fecha importante y me alegro de saber que cada vez somos más quienes nos damos cuenta del carácter estructural de la violencia que vivimos y nos ayudamos entre nosotras sin esperar nada a cambio.

No voy a mentir, me hace pensar que tal vez en algún momento podré salir a pasear en mi bicicleta y regresar sin tener la necesidad de cargar con un paralizador ni tener una sensación de agradecimiento y alivio por haber podido llegar a casa.

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