Justicia social y mandato divino: Luis Ugalde Monroy

El padre del cooperativismo del Bajío ha trascendido, pero sus pensamientos y obras vivirán por siempre. No cabe duda de que sus labores, así como sus polémicas, quedaron incrustadas en la memoria queretana. Sin embargo, Luis Ugalde Monroy nunca dejó de ser una persona, una que se quedó a ocho meses de cumplir un siglo de edad.
El cooperativismo como motor social
Luis Ugalde Monroy nació en el municipio de Amealco, Querétaro, el 22 de septiembre de 1925, y gracias a su vocación por el servicio social a través de la Iglesia católica, fue ordenado como sacerdote a los 26 años. Una vez bajo el título de vicario parroquial en el municipio de Tequisquiapan, que no es lo mismo que párroco, puesto que Ugalde Monroy apoyaba a este último, inició formalmente sus labores de transformación de la economía local.
Con la fiel y firme premisa de estar en contra del individualismo, Ugalde Monroy evidenciaba ser un promotor del colectivismo social. Es por ello por lo que decidió impulsar el cooperativismo económico, una forma de organización basada en la autogestión, la democracia y la solidaridad, y que tiene como objetivo, mejorar la economía de las personas involucradas. En lugar de priorizar el beneficio individual, se enfoca en la cooperación y el beneficio mutuo.
Ante el supuesto de que la naturaleza humana es egoísta, Ugalde Monroy sostenía que el ser humano es así “cuando así se le deforma”, puesto que, “por naturaleza, es sociable”. El ser humano es “una persona que necesita comunicarse con los demás para poder ayudarse, y si no se ayudan, él mismo cae”, expresó en 2021 para Emiliano Planas, entonces colaborador de este semanario.
Con tal entendimiento, y con ciertas experiencias colaborativas de Alemania, Ugalde Monroy se inscribió como socio número 1 de la Caja Santa María de Guadalupe, misma en la que se organizaron mujeres y hombres trabajadores, al igual que peregrinos, para tratar de remediar los altos créditos de los prestamistas. Posteriormente, fue testigo de la creación de la Caja Libertad, cooperativa que dejó de serlo para convertirse en banco.
Lejos de la Iglesia, pero no de Dios
En la década de los 70, Ugalde Monroy era parte de un equipo de sacerdotes dedicados al trabajo de las zonas no céntricas de la ciudad de Querétaro, un servicio que levantó sospechas negativas en los empresarios locales, quienes veían en ello una infundada amenaza comunista. Ante tales hechos, el obispo Alfonso Toriz Cobián llamó su atención para que dejara dicha labor; pero, al no hacerlo, le retiró sus licencias ministeriales en 1975, es decir, le quitó la casulla.
Su destitución trajo una serie de deserciones de clérigos, tanto de diáconos, como de sacerdotes; y de acuerdo con el actual coordinador del consejo editorial de este semanario, Efraín Mendoza Zaragoza, Ugalde Monroy “vivió persecución y amenazas de muerte por una década, lo que lo llevó a portar una pistola que te otorgó una familiar para su defensa”.
Una vez lejos de la consagración del pan y del vino, el padre del cooperativismo se casó con María Esther Durán Ortega, quien también era parte del movimiento económico: “Yo no sería sin ella”, expresaba Ugalde Monroy. En torno a este cambio de vida, él sostuvo en 2022 para Brandon De la Vega Contreras, entonces colaborador de este semanario, que “fue mejor vivir casado que haber dado un mal ejemplo de un cura que se fue con una mujer”. Para entonces, ella ya tenía tres años de haber trascendido, a los 93 años.
“Perdónense, así como Dios los perdonó” (Efesios 4:32)
Después de 47 años de exilio del presbiterio, el canciller diocesano, Israel Arvizu Espino, reintegró a Luis Ugalde Monroy a la Iglesia católica bajo el título de “Responsable Diocesano de la Pastoral del Cuidado Integral de la Creación” en la parroquia del Sagrado Corazón. Fue en el marco del 158 aniversario de la creación de la Diócesis de Querétaro, el lunes 7 de febrero de 2022, cuando este “perdón” a Ugalde Monroy se hizo oficial en la Basílica de los Dolores de Soriano, en el municipio de Colón.
En tal celebración eucarística, Ugalde Monroy señaló para De la Vega Contreras, que no guardaba rencor por su expulsión en 1975, puesto que, para él, fue “un resultado de circunstancias que no manejamos”. Así mismo, afirmó que la Iglesia se encontraba desubicada en el tiempo, y que su regreso al sacerdocio era un indicio de un cambio estructural necesario: “la Iglesia tiene que ubicarse en su tiempo, tiene que evolucionar”, sentenciaba.
Así en la tierra como el cielo
Si bien la vida de Luis Ugalde Monroy es recordada por sus altibajos, él siempre insistió en la idea de una Iglesia comprometida con la sociedad. Por tal motivo, la mejor manera de honrarlo es seguir su ejemplo de cooperativismo para aliviar las consecuencias del capitalismo, de allí su precepto más importante: “por un capital en manos del pueblo”.
El impulsor de la caja popular Florencio Rosas, Gonzalo Vega y la Inmaculada, también sostenía que “el sacerdote es un ser humano”, y que “tiene sus debilidades; no es la pureza tradicional, es un hombre más, pero que tiene una misión”, una que, según sus 99 años, debe basarse en el compromiso social, en el colectivismo, en amar al prójimo.


