DestacadasInformación

La Conspiración en 16 murales

En el corazón del Centro Histórico de Querétaro, a unos pasos de Plaza de Armas, una antigua casona guarda en sus muros parte de la memoria que dio forma a la historia de México. Hoy, ese espacio es el Museo de los Conspiradores, un recinto que desde 2015 busca acercar a sus visitantes al periodo de la Independencia a través de sus murales, exposiciones temporales y actividades culturales.

Antes de convertirse en un museo, la casa perteneció al primer rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, Fernando Díaz Ramírez. También funcionó como vivienda familiar y posteriormente como oficina de la notaría que compartió con su hijo. Cuando la propiedad salió a la venta, el entonces director del Archivo Histórico, Augusto Isla, propuso que el inmueble tuviera un uso cultural. La idea encontró apoyo entre un grupo de historiadores y funcionarios hasta convertirse en el museo que actualmente ocupa el lugar.

Cristian Arredondo Carrasco, encargado del despacho de la dirección del museo y quien trabaja en el recinto desde 2018, explica que el proyecto surgió también de una necesidad: “Querétaro contaba con distintos espacios relacionados con la Independencia, pero no existía un museo dedicado específicamente a la conspiración y a ese proceso histórico”.

La respuesta fue llevar la historia a las paredes. Actualmente, el Museo de los Conspiradores cuenta con 16 murales, que forman parte de su colección permanente. Las obras fueron realizadas aproximadamente año y medio, mientras el inmueble permaneció cerrado para ser acondicionado. De esta manera, el museo convirtió sus muros en una narración visual de la historia de México y, al mismo tiempo, en un homenaje al muralismo mexicano, pero mantener esas obras tampoco ha sido fácil debido a la antigüedad de la construcción, esto representa un desafío para su conservación.

Arredondo explica que se trata de una edificación de alrededor de siglo y medio de historia, posiblemente cercana a los dos siglos, construida con materiales de piedra y adobe. La humedad, las lluvias y el paso del tiempo pueden provocar grietas que afectarían directamente los murales. Por ello, antes de realizar el trabajo artístico fue necesario preparar los muros y prevenir problemas de humedad. El resultado ha permitido, a casi 11 años de la inauguración del museo, que los murales no presenten problemas importantes de despigmentación o ruptura. Para Arredondo, la intención es que estas obras puedan permanecer durante muchas décadas y formen parte de la memoria cultural de Querétaro. Si bien los 16 murales forman la colección permanente, el museo también cambia constantemente con exposiciones temporales.

A lo largo de los años ha recibido muestras relacionadas con los símbolos patrios, en las cuales se presentaron banderas históricas. Una exposición temporal sobre Tutankamón y réplicas de esculturas de Miguel Ángel Buonarroti, entre ellas La Piedad, David y Moisés. Además, se reciben propuestas de artistas y exposiciones gestionadas por el propio museo.

La combinación entre historia y exposiciones temporales permite que el museo no permanezca estático. Quien regresa puede encontrarse con una muestra diferente a la que vio anteriormente. El movimiento del museo también se refleja con sus visitantes. La mayoría proviene de otros estados, principalmente de lugares como Guanajuato, Estado de México, Ciudad de México y San Luis Potosí, aunque también recibe visitantes queretanos y extranjeros.

Estos últimos suelen llegar con recorridos históricos previamente planeados y buscan específicamente espacios relacionados con la historia de Querétaro. Detrás de las salas existe un equipo relativamente pequeño. Arredondo señala que cuenta con cuatro personas que apoyan directamente en áreas de administración, conservación y restauración, mantenimiento y seguridad, además de custodios, vigilantes y personal de limpieza.

El museo puede recibir simultáneamente alrededor de 200 personas considerando sus diferentes salas y el patio. Para Arredondo, la importancia del museo no termina en conservar objetos o contar acontecimientos históricos. Su función también está relacionada con la construcción de identidad.

Arredondo, quien es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, considera que trabajar en el ámbito cultural permite relacionarse diariamente con artistas, músicos e historiadores, pero también conservar una parte del patrimonio queretano. Su idea va incluso más allá de este museo. Considera que sería importante que diferentes barrios históricos de Querétaro contarán con espacios dedicados a conservar su propia memoria colectiva. Barrios como San Francisquito, El Tepetate o La Otra Banda podrían, desde su perspectiva, tener galerías o casas de memoria donde las comunidades conserven documentos, historias y testimonios sobre quienes han vivido en esos lugares.

La relación entre cultura y comunidad es, quizá, una de las ideas que permanecen después de conocer la historia del Museo de los Conspiradores. El recinto nació para conservar una parte específica de la historia de México, pero su propósito se amplía cuando se entiende que la memoria también puede ayudar a construir identidad en el presente.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba