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La espera, la emoción y el grito de gol

Todavía no daban las 10:30 de la mañana y ya había una larga fila de personas esperando entrar al Zona Fest. Desde lejos destacaban las playeras verdes, las banderas mexicanas y el sonido de algunas cornetas que comenzaban a anunciar el ambiente futbolero que se viviría durante la inauguración del mundial. Desde afuera se podía notar que no era un día cualquiera.

Cuando finalmente abrieron las puertas, la gente comenzó a entrar con emoción. En cuestión de minutos, las zonas frente a las pantallas comenzaron a llenarse y encontrar un buen lugar se volvió una prioridad para muchos asistentes. Algunos buscaban el mejor espacio frente a la pantalla gigante, mientras otros aprovechaban para recorrer los puestos que estaban instalados alrededor del evento.

Antes de que rodara el balón, el fútbol ya se sentía en cada rincón. Había puestos de gorditas que costaban entre 35 y 50 pesos, elotes, antojitos y varios locales donde vendían playeras de la Selección Mexicana. La mayoría rondaba los 500 pesos. No eran originales, pero a simple vista parecían de muy buena calidad y más de uno se animó a comprar la suya para apoyar a México.

Dentro del Zona Fest tampoco faltó la comida. Había cerveza en 130 pesos, micheladas en 150 y hasta órdenes de tacos que llegaban a los 220 pesos. Algunos asistentes comentaban que ciertos precios estaban elevados, pero eso no parecía afectar el ambiente. La gente seguía comprando, platicando y tomándose fotos mientras esperaba el inicio de la transmisión.

Poco a poco las pantallas comenzaron a captar toda la atención. Bajo la enorme carpa, cientos de personas permanecían sentadas o de pie mirando hacia el mismo punto. Desde cualquier lugar se alcanzaba a ver una impresionante vista de camisetas verdes.

Cuando aparecieron las imágenes del autobús de la Selección Mexicana rumbo al estadio, comenzaron los primeros aplausos. Después, cuando los jugadores bajaron del camión, la reacción dependía de quién apareciera en la pantalla. Los más ovacionados fueron algunos de los jóvenes que ilusionan a la afición, como Gilberto Mora y Armando «Hormiga» González, quien arrancó gritos y aplausos apenas aparecieron.

La inauguración también atrapó las miradas de todos. Primero fue el ritual de apertura, lleno de colores y simbolismos que llamaron la atención de quienes seguían cada detalle desde sus lugares. Después llegó la música y el ambiente cambió por completo.

Cada artista tuvo su momento. Hubo aplausos para Ricardo Arjona, canciones coreadas con J Balvin y una auténtica fiesta cuando aparecieron Los Ángeles Azules. Muchas personas comenzaron a cantar y hasta a bailar desde sus lugares. Belinda también fue recibida con gritos, pero uno de los momentos más ruidosos llegó con la presentación de Shakira. Los gritos y aplausos se escucharon por todo el evento.

Mientras avanzaba la ceremonia, la emoción por el partido crecía cada vez más. Cuando apareció la cuenta regresiva en la pantalla, todo el Zona Fest comenzó a contar al mismo tiempo.

—Diez, nueve, ocho, siete…

Las voces se hicieron una sola hasta llegar al uno. Por unos segundos fue imposible distinguir una voz de otra. Todo el lugar parecía hablar al mismo tiempo. Después vinieron los aplausos, los silbidos y los gritos de emoción.

Minutos más tarde llegó uno de los momentos más emotivos del partido inaugural. Cuando comenzó a sonar el Himno Nacional Mexicano, todas las personas se pusieron de pie. Algunos levantaron sus banderas, otros colocaron la mano en el pecho y prácticamente todos cantaron. Por unos instantes, el futbol pasó a segundo plano y lo importante fue compartir ese momento entre miles de aficionados.

Con el silbatazo inicial comenzó otra historia. Cada llegada de México provocaba nervios. Cada falta generaba reclamos. Cada jugada cerca del área hacía que la gente se levantara esperando el gol.

Y cuando llegó, el tanto de Julián Quiñones desató la locura. Hubo abrazos entre desconocidos, vasos levantados al aire y gritos que se escucharon por todo el lugar. Algunas personas saltaron de sus asientos, mientras otras celebraban con amigos y familiares entre las filas. El Zona Fest explotó de alegría.

La emoción continuó durante el resto del partido. Raúl Jiménez había intentado varias veces marcar y cuando finalmente consiguió su gol, el festejo fue todavía mayor. Muchos aficionados celebraron como si estuvieran dentro del estadio.

Las expulsiones de los jugadores sudafricanos también fueron festejadas por la afición mexicana, que veía cada vez más cerca la victoria. Más tarde, la tarjeta roja para César Montes provocó algunas caras de preocupación, aunque la ventaja en el marcador mantenía la confianza.

Cuando el árbitro señaló el final del encuentro y México confirmó la victoria por 2-0, el ambiente volvió a convertirse en una fiesta. Sonaron los gritos, los aplausos y los cánticos. Las personas comenzaron a tomarse fotografías para guardar el recuerdo que fue mucho más que un partido de futbol. Fue el debut y la victoria de México en el Mundial.

Porque al final, aquella tarde no se trató solamente de ver ganar a México. Se trató de compartir una experiencia entre miles de personas que durante varias horas cantaron, celebraron, sufrieron y soñaron juntas frente a una pantalla gigante.

Una fiesta donde el futbol fue el protagonista, pero donde el verdadero espectáculo estuvo en la gente.

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