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“La historia de nuestro país vista desde la vida particular de cuatro mujeres”: Alexandra Lobato presenta Mulata

La madrugada en que Alexandra Lobato encontró la historia de Mulata, estaba soñando que era una mujer mulata. En el sueño se veía a sí misma, miraba sus manos y trataba de entender su propia identidad, mientras frente a ella aparecía su hijo, aunque con el rostro y la edad que tenía cuando era un niño de dos años y no comprendía qué estaba ocurriendo hasta que entendía que vivía en el virreinato.

Su relación con ese periodo no era nueva: además de escritora, Lobato se ha desempeñado como docente de historia y siempre le parecía fascinante la época virreinal. Después veía la iglesia de San Juan del Río y la plaza de Tequisquiapan.

Entonces vio acercarse un hombre vestido de militar, quien se aproximó al pequeño y se lo arrebató. La escena la despertó alrededor de las tres de la mañana. Todavía confundida por el sueño, se levantó y caminó hasta donde estaba su hijo para comprobar que se encontraba ahí, dormido. Después regresó y se sentó a escribir. Entre las tres y las seis de la mañana quedó escrito aquel episodio que, casi diez años después, formaría parte de uno de los capítulos de Mulata.

Y es así, como de aquel sueño nació Mulata, novela de época que la escritora queretana presentó el viernes 25 de septiembre en el Museo Anbanica de Historia del Pueblito, en Corregidora. Una obra que, aunque cuenta una historia ficticia, se construyó a partir de una serie de investigaciones sobre las condiciones sociales, costumbres, instituciones y formas de vida de la Nueva España del siglo XVIII.

Para Lobato, llamar a Mulata una novela de época y no una novela histórica tiene una diferencia importante. Mientras la novela histórica toma como protagonistas personajes que realmente existieron, la novela de época utiliza un contexto histórico como escenario y busca reconstruir cómo se vivía en ese momento, aunque sus personajes sean producto de la ficción.

“Todo lo que veas sí pudo haber pasado”, explicó la autora durante la presentación.

La historia se desarrolla entre San Juan del Río, Tequisquiapan y el antiguo Camino de Tierra Adentro. Sus protagonistas son cuatro mujeres: Catalina, una española peninsular; Gregoria, una mujer africana esclavizada; y sus hijas Ana y María Isabel, esta última una mulata.

La novela comienza con la llegada de Catalina a la Nueva España. Acostumbrada a la vida de Sevilla y Cádiz, espera encontrarse con la Ciudad de México, una de las ciudades más importantes del virreinato. Sin embargo, termina en una hacienda alejada, después de un viaje de varios días desde Veracruz por caminos de piedra y lodo.

Ese contraste fue parte de lo que Lobato quiso explorar: no imaginar a una mujer del siglo XVIII con las posibilidades de una mujer contemporánea, sino preguntarse qué podía hacer realmente una mujer dentro de las condiciones de su época.

Catalina no puede firmar documentos ni encargarse formalmente de la administración de la hacienda, pero poco a poco comienza a dirigir la producción y a descubrir que tiene capacidades que su esposo intenta minimizar. A su lado está Gregoria, una mujer esclavizada que Catalina compra al llegar a la Nueva España y que termina convirtiéndose en su brazo derecho.

De esa relación nace también uno de los conflictos centrales de la novela. Gregoria tiene una hija, María Isabel, quien crece junto a Ana, la hija criolla de Catalina. Durante su infancia, las diferencias de origen parecen no representar un problema dentro de la hacienda. Es al llegar a la adolescencia cuando María Isabel comienza a comprender que, aunque fue criada dentro de una casa española y recibió cuidados similares a los de las otras niñas, su condición social y racial determina el lugar que ocupa en aquella sociedad.

La identidad se convierte así en uno de los ejes de Mulata.

Para construir ese mundo, Lobato recurrió a lo que llamó “microhistoria”: aquello que pocas veces aparece en los grandes relatos históricos, pero que permite imaginar cómo era la vida cotidiana.

Investigó la vestimenta, la comida, las formas de higiene, las escuelas, los caminos, las instituciones y las relaciones sociales. Incluso llegó a estudiar detalles como la manera en que se bañaban las personas, los productos que utilizaban y las prendas que llevaban quienes habitaban la Nueva España.

La investigación también la llevó a los espacios que aparecen en la novela. Una parte importante de la historia ocurre en la Hacienda de La Venta, en San Juan del Río, actualmente convertida en un hotel. Lobato decidió hospedarse allí para observar el lugar y tratar de experimentar, aunque fuera parcialmente, el espacio donde había colocado a sus personajes.

También investigó instituciones y documentos históricos relacionados con la población africana y afrodescendiente en la Nueva España. Durante la presentación habló de los palenques, comunidades formadas por personas negras que habían escapado de la esclavitud, y de las llamadas levas, mediante las cuales se podía detener a personas que no estuvieran bajo la propiedad reconocida de alguien.

En la novela, estos elementos históricos forman parte de la vida de María Isabel y permiten mostrar que su condición no es solamente un conflicto personal, sino el resultado de una estructura social.

La autora también recurrió a fuentes documentales para conocer el funcionamiento de la Nueva España. Durante una visita a Sevilla pudo conocer la Casa de Contratación y observar documentos relacionados con la administración colonial. Para ella, este tipo de investigación permitió comprobar que, aunque sus personajes fueran ficticios, las circunstancias que enfrentan sí podían haber ocurrido.

Uno de los retos fue su estructura narrativa. La historia está construida mediante tres voces: una tercera persona para María Isabel, una segunda persona para Catalina y una primera persona a través del diario de Ana.

Esta última voz fue especialmente complicada para la autora. Incluso llegó a pensar que el problema no era su escritura, sino que el personaje de Ana simplemente “no sabía escribir” lo suficientemente bien. Finalmente, después de recibir comentarios de sus primeros lectores, entendió que la novela estaba terminada y que necesitaba dejar atrás el título provisional de Tres mujeres.

Y así fue como nació Mulata.

La novela ha tenido una primera edición y una nueva edición ilustrada, además de despertar interés para una posible adaptación cinematográfica. Lobato contó que, después de que algunos lectores le pidieran que la historia llegara al cine, escribió una versión para largometraje y posteriormente obtuvo dos menciones en concursos. Actualmente, el proyecto se encuentra en proceso de lectura y evaluación por parte de productores.

Pero antes que una posible película, Mulata comenzó como una imagen íntima: una mujer mirando sus manos en medio de un sueño y preguntándose quién era.

Para Alexandra Lobato, esa historia terminó convirtiéndose en una forma de mirar el pasado desde la vida cotidiana de cuatro mujeres. No desde los grandes personajes que aparecen en los libros de historia, sino desde quienes vivieron dentro de las casas, las haciendas y las estructuras sociales que definieron a la Nueva España.

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