La meritocracia es una narrativa que beneficia a las élites: Máximo Jaramillo

Ocho de cada diez personas que nacen en pobreza en México morirán en la misma condición, mientras que quienes nacen en la riqueza probablemente la mantengan incluso sin talento. Estas cifras contundentes fueron expuestas por el economista y sociólogo Máximo Jaramillo Molina, durante la presentación de su libro ‘Pobres porque quieren: Mitos de la desigualdad y la meritocracia’, realizada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro.
El título del libro, que puede parecer provocador a primera vista, es en realidad una ironía que desmonta la creencia de que la pobreza es producto exclusivo de decisiones individuales. Jaramillo Molina, doctor en sociología por El Colegio de México y economista por la Universidad de Guadalajara, ha dedicado su carrera a evidenciar cómo la desigualdad en México no solo es profunda, sino estructural.
La trampa de la meritocracia
Durante la conversación, Laura Ugalde Pérez, ingeniera en energías renovables, ilustró cómo los discursos meritocráticos están presentes en la vida cotidiana a través de frases como: “El que quiere, puede”, “Todos tenemos las mismas 24 horas” o “Si no tienes dinero, es porque no te has esforzado lo suficiente”. Estas ideas, explicó, individualizan la responsabilidad de la pobreza y omiten las barreras estructurales que enfrentan millones de personas en México.
Uno de los ejemplos más contundentes fue el del transporte público: no es lo mismo administrar 24 horas del día cuando se tienen recursos que permiten movilidad eficiente, que cuando se deben invertir hasta tres horas diarias en traslados. Ugalde Pérez insistió en que “no todos podemos decidir cómo usar nuestro tiempo”, pues las oportunidades no están distribuidas de manera equitativa.
Mitos de la desigualdad
Por su parte, María de los Ángeles León Morán, psicóloga clínica, resaltó la importancia del libro al abordar la desigualdad no sólo desde la denuncia, sino desde la deconstrucción de narrativas instaladas en el imaginario colectivo. “Este libro desmonta, uno a uno, los mitos que culpan a las personas pobres por su situación y los desvinculan de los factores históricos y estructurales que los han llevado ahí”, afirmó.
Uno de los mitos más arraigados es la idea de que la pobreza es consecuencia de la falta de esfuerzo. Sin embargo, Jaramillo Molina presentó cifras contundentes: “Ocho de cada diez personas que nacen en pobreza morirán en pobreza. Y lo mismo ocurre con quienes nacen en riqueza, incluso si no tienen talento o fracasan en sus negocios”. Esto evidencia que la movilidad social en México es mínima y que la cuna de nacimiento sigue siendo el principal determinante del futuro económico de una persona.
Otro tema clave fue el de las burbujas de clase. Máximo cuestionó cuántas personas realmente interactúan fuera de su propia clase social y señaló que la segregación socioeconómica refuerza la creencia en la meritocracia. “Las universidades públicas son de los pocos espacios donde pueden romperse estas burbujas, pero incluso ahí persisten grandes desigualdades”, puntualizó.
El mercado de la esperanza
El autor también habló sobre la industria que se ha construido en torno a la idea del éxito individual. “Existe un mercado editorial multimillonario que vende la ilusión de que cualquiera puede ser rico si se esfuerza lo suficiente”, comentó refiriéndose a los libros de autoayuda y coaching financiero que prometen fórmulas para alcanzar la riqueza.
Si bien muchas personas encuentran en estas ideas una fuente de motivación, el doctor en Sociología advirtió que detrás de esta narrativa hay intereses claros: “A alguien le conviene que sigamos creyendo en la meritocracia. Y esos ‘alguien’ son las élites económicas que se benefician de la reproducción de la desigualdad”.
Hacia un cambio de narrativa
El debate concluyó con un llamado a cuestionar las ideas que sostienen las desigualdades. ‘Pobres porque quieren’ no sólo desmantela los mitos de la meritocracia, sino que invita a reflexionar sobre la necesidad de políticas públicas que enfrenten las raíces estructurales de la pobreza.
En una sociedad donde la narrativa del esfuerzo personal sigue siendo hegemónica, este libro se convierte en una herramienta indispensable para entender por qué la desigualdad no es una casualidad ni una elección individual, sino un sistema que, para cambiar, requiere de transformaciones profundas y colectivas.



