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La noche en que la ciudad se llena de magia

Se acerca el 5 de enero, ese día en el que, cuando el cielo se va oscureciendo y las calles se vuelven más tranquilas, se sabe que algo especial esta por pasar. Aunque no se escucha música de trompetas ni se ven camellos caminando por la avenida, todos saben que los Reyes Magos están cerca.

Esa noche, las calles de Querétaro están abiertas hasta el amanecer, entre los puntos más concurridos se encuentra el Mercado de la Cruz, el Escobedo y el de Lomas de Casa Blanca y por supuesto, las tiendas de autoservicio y los pequeños puestos ambulantes. Se ve gente caminando rápido, como si buscaran tesoros escondidos: muñecas que ríen, carritos veloces, dinosaurios rugientes, juegos que brillan.

Abundan listas pequeñas en las manos, arrugadas por tanto abrirlas y cerrarlas. Algunos revisan varias veces que lo que encuentran sea exactamente lo que pidió un niño en su carta. Los comerciantes sonríen con complicidad, pues son los guardianes del secreto de la noche.

En las tiendas los pasillos suenan distinto, como si algo invisible se moviera junto a los carritos de compras. Una persona celebra en voz baja al encontrar el último juguete que le faltaba. En las cajas, nadie pregunta nada; todos parecen cómplices del mismo misterio.

Cuando la noche está en su punto más silencioso, las luces de las casas se apagan, pero adentro la magia está por comenzar. Al ubicar el zapato del exigente dueño, unas manos silenciosas envuelven los regalos con cuidado, como si temieran despertar a algún pequeño curioso. Durante toda la noche, los Reyes prepararan lo necesario para que al amanecer todo parezca obra de un hechizo perfecto.

Cuando por fin llega el amanecer, los zapatos aparecen llenos, la sala brilla como nunca y los niños corren felices a descubrir sus sorpresas. Afuera, la ciudad despierta como si nada hubiera pasado, pero los adultos, esos que se quedaron despiertos hasta tarde “ayudando” sin decirlo, guardan en el corazón algo que no se puede explicar con palabras.

Porque todos saben que, esa noche, Melchor, Gaspar y Baltasar tienen ayudantes especiales.

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