La Revolución aún no ha terminado

Después de 114 años desde el inicio de la Revolución Mexicana, aún hay luchas por librar. Si bien fue el principio de un nuevo orden social, político, económico y cultural, su término es lejano, y sus actualizaciones son constantes y cada vez diferentes. Es por ello por lo que vale la pena recordar este periodo nacional, puesto que “la historia demuestra qué se hizo bien y qué mal; y se debe revalorar desde 2024”
José Óscar Ávila Juárez
Revolución 2024
De acuerdo con el Maestro en Historia por El Colegio de Michoacán, José Óscar Ávila Juárez, es fundamental que toda la ciudadanía mexicana se beneficie equitativamente de la riqueza del país y que se trabaje en conjunto para expresar las demandas cuando sea necesario. Los cambios en los ámbitos económico, político, social y cultural deben enfocarse en brindar soluciones y oportunidades justas.
Además, se deben actualizar las resoluciones a las necesidades que dieron origen a la Revolución, al fomentar, de esta manera, una mayor conciencia histórica y crítica. Esto permitirá comprender mejor nuestro rol como ciudadanos y miembros de una sociedad viva, y, por tanto, cambiante.
Causas no tan lejanas: el porfiriato
Antes del estallido armado, la situación social, económica y política en México estaba marcada por una profunda desigualdad y un sistema político autoritario. Durante el régimen de Porfirio Díaz, que se extendió por más de tres décadas, de 1877 a 1911, se consolidó un orden político y militar que favorecía a una élite oligárquica; es decir, a unas cuantas personas adineradas; mientras que la mayoría de la población, especialmente los campesinos y obreros, vivía en condiciones precarias.
Mientras que, y de acuerdo con Ávila Juárez, en este periodo, conocido famosamente como el porfiriato, la economía estaba orientada hacia el beneficio de las inversiones extranjeras, lo que resultó en un monopolio de tierras y recursos que excluía a los propios mexicanos, quienes “tenían problemas para alimentarse, cultivar y sobrevivir”.
A pesar de un aparente crecimiento económico, los beneficios no se distribuían equitativamente, y muchos sectores de la población, incluidos los pueblos originarios y los campesinos, se encontraban desatendidos y agraviados por las políticas del gobierno. Esto generó un clima de descontento que sentó las bases para el estallido revolucionario.
Batallas a principios del siglo XX: un recordatorio
Como premisa, se llevó a cabo la batalla de Puebla, el 18 de noviembre de 1910. Esta, según el historiador, es considerada uno de los primeros enfrentamientos significativos de la Revolución, donde los Hermanos Serdán fueron reprimidos, como símbolo de la resistencia inicial contra el régimen de Porfirio Díaz.
Posteriormente, del 8 al 10 de mayo de 1911, se dio la batalla de Ciudad Juárez. Este enfrentamiento fue crucial para el avance de las fuerzas revolucionarias lideradas por Francisco I. Madero y Pascual Orozco. La victoria en esta batalla marcó un punto de inflexión en la lucha contra el régimen de Díaz. “Es la batalla más relevante que va a abrir el telón de la Revolución”, puntualiza Ávila Juárez.
Tiempo después, y aunque no es una batalla en el sentido tradicional, se sufrió la Decena Trágica, un periodo de diez días de violencia que marcó el derrocamiento de Francisco I. Madero y el ascenso de Victoriano Huerta a la presidencia a través de un golpe de Estado militar, lo que llevó a una nueva fase de la Revolución.
Un año más tarde, se libraría la batalla de Zacatecas, en junio de 1914. Considerada una de las batallas más mortales, fue decisiva para el triunfo constitucionalista. Las fuerzas de Francisco Villa, el ascenso de la División del Norte, lograron capturar a las tropas federales oficiales, lo que debilitó significativamente al gobierno de Victoriano Huerta. No obstante, fue “la batalla más sangrienta”, señala el también licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
En se mismo año, se llevaría a cabo la batalla de Celaya, donde las fuerzas carrancistas, lideradas por Álvaro Obregón, se enfrentaron a la División del Norte de Villa. Esta batalla, además de evidenciar los diferentes intereses en juego, apunta Ávila Juárez, fue “la decisiva para determinar el rumbo de la Revolución”, pues al final resultó en la victoria del constitucionalismo.
Posteriormente, se estableció un nuevo orden político-militar y se promulgó una nueva Constitución, el 5 de febrero de 1917. Esta Carta Magna reflejaría las necesidades de los grupos revolucionarios, pero no necesariamente incorporaría todas las peticiones de los participantes para mejorar las condiciones de vida de los mexicanos.
Batallas del siglo XXI
El también Doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de Jalisco, al situarse en el presente, señala que la Revolución mexicana es todavía relevante porque representa un proceso social que nos ha dejado valiosas enseñanzas sobre la lucha por la justicia y la equidad. Este acontecimiento nos recuerda la importancia de la participación ciudadana en la construcción de un orden democrático, donde se aborden las problemáticas sociales y económicas del país. “La Revolución fue un gran laboratorio para eso, lo cual es muy importante valorar”, recalca.
No obstante, reitera el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I, a pesar de los avances logrados, muchas luchas sociales y económicas siguen sin resolverse. Esta serie de batallas dejó un legado de demandas insatisfechas, especialmente en lo que respeta a la equidad y el acceso a recursos para todos los sectores de la sociedad. “Fue una ventana difícil, compleja y sangrienta, pero fue elegida porque ya se necesitaba un cambio”, expresa Ávila Juárez.
Al tener una sociedad con violencias, retos digitales y feminicidios, la Revolución nos enseña que la historia es un proceso continuo y que siempre hay oportunidades para mejorar la realidad social. Nos invita a reflexionar sobre cómo podemos abordar los problemas actuales y buscar soluciones justas “con el mayor beneficio posible para todos”. “La historia nos ha enseñado a enderezar los rumbos para mejorar la realidad», puntualiza el profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro (UAQ).



