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Lenguaje inclusivo, ¿Problema o propuesta en desarrollo?

“El lenguaje incluyente no resuelve, sino genera una problemática” señaló Fernando Romero; en contraparte, Lluvia Cervantes argumentó: “Tendrían que preguntarse [en la RAE] por qué no quieren un mundo donde las personas [tengan] el derecho de ser nombradas”.

El lenguaje incluyente es una propuesta que busca reconocer a las mujeres y hombres tanto en lo hablado como en lo escrito, manifiesta la diversidad social e intenta equilibrar las “desigualdades sociales”; además, contribuye a forjar una sociedad que reconozca e integre la diversidad, la igualdad y la igualdad de género.

El propósito del lenguaje incluyente, defienden quienes lo promueven, es combatir al lenguaje sexista, que ha ayudado a legitimar y reproducir relaciones injustas que invisibilizan a las mujeres. Prevalecen en el lenguaje formas de expresión colectiva que las excluyen con formas lingüísticas que subordinan lo femenino a lo masculino, lo que es una discriminación al utilizar el género masculino de manera neutra.

En esta edición, Tribuna de Querétaro contrapuntea las opiniones de Lluvia Cervantes Contreras, coordinadora en Querétaro de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser) y del diplomado en Sexualidades Humanas de la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y de Fernando Romero Vázquez de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ, y maestro en análisis político y psicología educativa.

Cabe destacar que las respuestas de Lluvia Cervantes se entregaron por escrito y en la publicación se respeta la grafía entregada. Por su parte, Romero Vázquez respondió las cuestiones en entrevista periodística.

-Desde sus trincheras, el activismo y la academia, ¿Qué es el lenguaje incluyente?

Lluvia Cervantes (LC): Es una propuesta política que usa el lenguaje y premisas como la de [el lingüísta suizo Ferdinand de] Saussure con “No existe lo que no es nombrado”.

Es decir, no se reduce a las mujeres exigiendo ser nombradas y no borradas, en una supuesta inclusión en “género masculino”; sino que también busca el reconocimiento y el dejar de nombrar ofendiendo y discriminando a otros grupos como personas con discapacidad, personas no-heterosexuales, transexuales o con identidades no-binarias, personas con VIH, personas ancianas, etcétera.

Parte importante de la agenda del uso de lenguaje incluyente es dejar de usar palabras que se han usado como insulto, o palabras que reducen a las personas a una de sus características de manera denotativa, o palabras que son producto de los prejuicios, como: joto, minusválido, inválida, volteado, naca, sidoso, etcétera.

Fernando Romero (FR): El lenguaje incluyente nace como una necesidad de un sector de la población que, tras sentir que a través de la lengua se discrimina, buscan formas de denotar la nominación y la significación; que incluya a la diversidad sexual a través del género, y por diversidad sexual me refiero a la forma de nombrar a los sexos a través de las palabras.

Existen palabras que por su sentido, género, nacen como sustantivos masculinos o sustantivos femeninos. El problema es cuando nosotros queremos denotar la relación biológica del sexo a través de la palabra.

Desafortunadamente, por nuestra tradición lingüística, cuando nosotros hablábamos en general con palabras que denotaban género para un sexo determinado, denotábamos en masculino para ambos sexos en su conjunto. Entonces así tenemos en la tradición española una forma de no implicar al otro sexo a través del género.

-¿El lenguaje incluyente puede solucionar los problemas de discriminación de todos los grupos excluidos?

LC: No los soluciona, pero es una acción afirmativa, uno de los pasos en el camino del reconocimiento pleno de las diferencias humanas. Así como una ley que tipifica penalmente los feminicidios no los detiene, o que la homofobia esté prohibida en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, [el lenguaje inclusivo] no la ha eliminado aún. Pero sí posibilita avanzar en el reconocimiento, y así como adecuar las leyes es necesario, también lo es escuchar a quienes exigimos ser nombradas/nombradxs e incorporar palabras nuevas o usar palabras que ya existen con este propósito. Por ejemplo: la palabra “ingeniera” ya existe, pero la mayoría de los títulos universitarios de mujeres salen en masculino.

Preferir que no se use lenguaje incluyente “porque no soluciona la discriminación”, es como afirmar que las rampas para quienes usan silla de ruedas no son útiles o no deben de instalarse porque “no solucionarán la discriminación” hacia las personas con discapacidad motora.

FR: Si ahí en el lenguaje incluyente queremos nosotros incluir la diversidad sexual ¿qué pasa con las personas que nacen con una característica sexual primaria y luego se hace secundaria de un sexo determinado? ¿Qué pasa con los homosexuales, los transexuales? ¿Dónde caben? ¿Cómo los vamos a nombrar?

Me parece que esta diversidad nos ayudaría si la entendemos como un genérico en donde no solamente haya que nombrarlas a ellas, sino a toda la diversidad sexual a partir de un término más general. En resumen, yo creo que el lenguaje incluyente no resuelve, sino genera una problemática. Hace un problema de algo que no existía.

Ahora, las soluciones que han dado: la equis, usar el arroba, ahora usar la ‘e’; me parece que nos llevaría a una ambigüedad innecesaria; en lugar de decir: ‘los’, decir: ‘les’; en español tenemos un pronombre que es ‘les’ para ‘ellos’: “les dije a ellos”. Entonces ese ‘les’ ya no es un artículo nuevo o distinto para una categoría gramatical que pueda incluir a ambos géneros.

-¿Porque la tradición de la lengua española no es incluyente en estructura?

LC: Porque entablan su discusión, reflexiones y defensa del género masculino en una dimensión reduccionista del mismo; sólo se concentran en lo gramatical o lingüístico pese a que ya hay muchísimas palabras o formas de nombrar que sí son neutras y que también podrían elegir usar, pero tampoco lo hacen.

Es como plantear que la sexualidad sólo tiene relación con lo biológico y negar las dimensiones socioculturales, históricas, económicas, políticas, psicológicas de la misma. Así, con el lenguaje, su uso tiene una dimensión política que a lo largo de la historia ha nombrado buscando homologar en quienes han conformado el poder político, académico, social hasta hace poco.

La tradición española y los conservadores del lenguaje a veces sí son incluyentes, cuando les conviene, pero para mantener el orden social establecido. ¿Cómo no reconocer que existe también una dimensión política en el uso del lenguaje si hemos escuchado a tantos de quienes se oponen usando toda su vida la palabra ‘sirvienta’ –siendo que “lo correcto” según sus cánones, podría ser ‘la sirviente’–, pero no admitir la palabra ‘presidenta’, y cuando mucho, ahí sí exigir que sea ‘la presidente’?

En feminismos y disidencias sexuales más jóvenes y radicales, ya leemos ‘Cuerpa’, ‘todxs’, ‘tod*s’, ‘todes’, ‘todoas’. No, no se está “descomponiendo” el lenguaje. Se descomponen las jerarquías opresivas del mismo. Se inventa cómo nombrar lo que ya existe. De por sí TODO lenguaje, todas las palabras, han sido y son inventadas. Si les cuesta tanto nombrarlo, es que les falta imaginación. Y si no les falta imaginación, es que desprecian a quienes exigimos que se nos nombre.

FR: La diferencia que tiene el español con el inglés, es que este segundo no tiene –salvo en los pronombres– una definición de género y sexo; los sustantivos en inglés no tienen género. Claro dices ‘the boy’ y ‘the girl’, pero cuando hablan del ser humano dicen ‘the men’ no dicen ‘the men and the women’.

Pero el español también lo tiene: hablamos de “damas y caballeros”, hablamos de “vacas y toros”; entonces sí hay esa diferenciación, no en todos los casos, porque en inglés el género no existe como en español así sus sustantivos carecen de género.

Por lo que hemos visto –con la tradición española– buscan que la denotación del género masculino para hablar de todo el género, pueda ser entendido y denotado a través del masculino, en ese sentido la Real Academia Española (RAE) no será flexible. Y entonces hay gente que dice: “es que la lengua española es una lengua anacrónica, arcaica y antigua que siempre menosprecio al sexo femenino”.

Yo creo que eso es buscarle tres pies al gato. Ciertamente la generalización se hizo en masculino pero decir que con esto es marginar a la mujer, yo siempre lo he dicho y lo defenderé desde esta perspectiva: son dos reinos los que los dominan Castilla y Aragón, la lengua que imponen el reino unificado de España es la lengua de la reina Isabel de Castilla. ¿Cómo podemos hablar de que la lengua es misógina cuando es la lengua de la Reina?

-¿En que podría ser flexible la RAE, la tradición española y la comunidad feminista frente a la situación para lograr una solución?

LC: Quienes trabajan en la RAE y quienes se apegan a la tradición, podrían sensibilizarse en por qué se están demandando nuevos usos del lenguaje, y tendrían qué preguntarse sobre su rigidez y el no permitir que las personas se apropien de su lengua. Tendrían que preguntarse por qué no quieren un mundo donde todas las personas tengan todos los derechos, incluido el de ser nombradas/nombradxs.

La comunidad feminista, y todos los demás grupos que también están exigiendo ser nombrados dignamente y no ser borrados ni invisibilizados, en lo único que podremos ser flexibles es en entender que será un proceso gradual y de largo plazo, no inmediato, pero afortunadamente –en tanto los derechos humanos son progresivos– es irrenunciable.

FR: Buscando soluciones, una propuesta fallida, fue que si en una agrupación la mayoría eran de sexo femenino, el sustantivo en plural se hiciera en femenino. Así, si hay un grupo donde existan dos hombres y siete mujeres les hable de “ellas”; cuando por norma, aunque sea un [solo] hombre con puras mujeres les hable de “ellos”, si son puras mujeres les hable de “ellas”.

Una solución viable es utilizar términos que en su conjunto se definan como femeninos y así hablar de: “la humanidad’ en lugar de “el hombre”, hablar de “la infancia” en lugar del “niño” o “el infante”. Entonces buscar sustantivos genéricos que en su sentido más amplio impliquen a ambos sexos.

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