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Lenta recuperación y más problemas en El Tepe (PARTE III)

A los locatarios que registraron pérdidas totales ya les fue remunerado en forma de cheques, pero aún faltaban quienes registraron pérdidas parciales. No obstante, aclaró que además del dinero del Fondo de Contingencias Municipal, también se obtuvieron 10 millones de pesos de un seguro que mantenía el mercado.

SEGUNDA PARTE

Dictamen pendiente

Informó también que aún no se les ha entregado el dictamen oficial de las causas del fuego en el mercado: “En el incendio lo perdí todo, todo. Hasta los calzones -bueno, los que vendía-. Agradecemos a la gente que nos ha ayudado. [Que el incendio se originó por un corto circuito en la zona de ropa], eso es lo que se sabe. La verdad Protección Civil aún no nos han dado su dictamen”.

Además, explicó su caso en particular: “Tuve que comprar todo de nuevo; estoy endeudado hasta acá [dice al señalar su cuello]. Tengo un préstamo en la caja que todavía no termino de pagar. Mis amigos los proveedores me dijeron ‘no te preocupes, llévate lo que quieras y conforme trabajes vas pagando’. Tuve que reinvertir como unos 20 mil pesos para empezar. Me piden una cosa y no la tengo, me piden otra y tampoco”.

Un vendedor de aves lleva sus “cajas musicales” por la calle de San Roque. “¡Jilgueros y clarines en mil 500 [pesos]!; canarios en 350 y 4 [cientos]. ¡Traemos pájaros según la temporada!”, pregona.

En las calles hay bultos de basura donde tanto comerciantes como transeúntes arrojan, vierten o escupen los restos de productos ya consumidos. No se observan contenedores en ninguna de las 7 calles que conectan el pasaje principal del tianguis.

De cazador de tiburones a pedir limosna

Juan Pablo, un hombre de 86 años, viene todos los días desde San José el Alto utilizando una mesa de plástico como andadera, para pedir limosna en las calles de la zona. En su juventud fue cazador de tiburones en las costas de Quintana Roo. “Al rato ya no voy a poder caminar. Con esta [la silla], camino, pero recargado. Fui con el Ayuntamiento, pero dicen: ‘lo más que le podemos dar es un bordón [un bastón]’. Pero me caigo con el bordón; de eso hace como dos o tres meses. Pero Andrés Manuel López Obrador nos va a dar una ayudita”, confió.

“Yo en mis tiempos, primero di mi servicio militar, de ley. De allí me fui de tiburonero en un barco, en Quintana Roo. Cazaba tiburones. Era todo un atleta. Éramos como 20 pescadores con un arpón de gas. […] Luego te platico cuando iba a Estados Unidos en avión; y luego te digo también qué aprendí en manejo de armamento del ejército: desactivar granadas ofensivas cargadas de trinitrotolueno [TNT]. Órale pues, aquí me encuentras”, rememoró.

En los alrededores hay tiendas de ropa usada, depósitos de cerveza, salones de tatuajes, tiendas de esoterismo, talleres de calzado, peluquerías. Casimiro, un comerciante que oferta artículos usados en una cochera, señaló: “Aquí no nos cobran, pero allá ‘que llegan inspectores, que llega el líder, que llega no se quien más fregados’. Yo me doy cuenta de que mínimo dos o tres diferentes llegan a cobrar. […] De repente también llegan los policías y pues ‘ay para el refresquito o te mandamos al inspector de no sé dónde’. Por desgracia también es un cáncer todo eso para la gente”.

Entre los callejones se sientan varias personas de la tercera edad que lucen cansados, en postura de derrota espiritual: vista hacia el suelo con la cabeza entre los brazos, una Coca-Cola de 300 mililitros a medio beber junto con una botella de alcohol de caña; un coctel amnésico y cruento para el cuerpo. No hablan, solo beben a ratos, mientras escuchan la algarabía del mercado dominical. “¡¿Qué me ves? Vete a fregar a tu madre hijo!”, grita una mujer de cabello cano y voz ronca.

“No hay trabajo, de cualquier manera uno tiene que sobrevivir. Yo soy carpintero, pero pues trabajo ya no hay; tengo un tallercito allá por Carrillo Puerto. De vez en cuando surge algún trabajito, pero de eso ya uno no puede sobrevivir; salen dos o tres al año”, comentó Casimiro.

“Comerciante que se no se endeuda no es comerciante”

Bonifacio, el vendedor de prendas del mercado Benito Juárez, señaló este pasado domingo que a los locatarios que registraron pérdidas totales ya les fue remunerado en forma de cheques, pero aún faltaban quienes registraron pérdidas parciales. No obstante, aclaró que además del dinero del Fondo de Contingencias Municipal, también se obtuvieron 10 millones de pesos de un seguro que mantenía el mercado.

El gobernador Francisco Domínguez Servién inició un programa de apoyo a los comerciantes con un depósito de 10 millones de pesos a la cuenta de la Unión de Locatarios del Tepetate, con la promesa de que estaría lista la reconstrucción del mercado con locales más amplios, auditorio, un estacionamiento de dos o tres niveles y una capilla.

De igual manera, afirmó que se destinará un fondo de un millón y medio de pesos con tasa cero para reponer la maquinaria afectada del lugar; también se comprometió a “fondear” recursos nuevamente dentro de los próximos meses.

Por otra parte, Bonifacio señaló al igual que el presidente del tianguis que los 10 millones de pesos para la reconstrucción del mercado “no los administrará la junta sino que el Ayuntamiento contratará directamente a las empresas para que reconstruyan el mercado. El grupo que tenemos aquí de representantes no maneja dinero. Comerciante que se no se endeuda no es comerciante”.

Hoy, sobre el antes puente Grande de avenida Universidad se encuentra la estatua de Ignacio Pérez, “el mensajero de la libertad”, cabalgando eternamente rumbo al cerro del Tepetate. Sin llegar nunca a pisar su suelo, pareciera indicar que la libertad -en términos más amplios- se quedó a medio camino entre una y la otra banda que quedó atada a su propia historia.

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